Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dejemos llegar al Señor hasta el último rincón de nuestra vida para tener una experiencia de amor abundante, y al igual que la Virgen María lleguemos a quien haga falta amar.

Homilía visi009a, predicada en 20170531, con 5 min. y 18 seg.

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Transcripción:

El 31 de mayo nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta de la Visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel. Conocemos las circunstancias de esta visita, en la Anunciación del Arcángel Gabriel a María Santísima, el ángel le da una señal del poder sin límites de Dios, cuando le dice: También tu prima, tu pariente Isabel, ha quedado embarazada y ya está de seis meses la que llamaban estéril. Esto se lo dice el ángel a María como una señal de que el poder de Dios no tiene barreras, lo que es imposible para los hombres no es imposible para Dios.

Pero esta señal del poder divino en el corazón dócil, generoso, caritativo de María se convierte también en un llamado al servicio. Y por eso, ella se pone aprisa, en marcha para ir hasta la casa de Isabel, porque se trata de una mujer bastante mayor que ya tiene seis meses de embarazo y que seguramente va a necesitar ayuda. María misma está también embarazada, ella está grávida del Verbo eterno de Dios, pero no se queda encerrada en sí misma, sino que va en camino para servir a su pariente Isabel. Es un testimonio de caridad, es un testimonio de servicio y es un testimonio de, lo que podríamos, llamar escucha profunda de la Palabra de Dios.

A mí me maravilla que Dios no tuvo que decirle a María: Isabel te necesita, no se lo tuvo que decir. No tuvo que haber una orden específica de Dios, en ese sentido. El amor tiene entre sus características la capacidad de anticiparse, la capacidad de reconocer pronto en donde se le necesita, a donde ha de llegar. Y esa capacidad de anticiparse es la que nos recuerda el Papa Francisco en su carta Evangelii Gaudium, con ese verbo tan extraño, el verbo primerear, primerear, llegar primero, llegar pronto. Que Dios no tenga que darte todas las instrucciones.

Fíjate cómo hay un contraste muy grande entre la mentalidad del egoísta y la mentalidad del que tiene caridad, del caritativo. El egoísta siempre se está preguntando ¿será que estoy haciendo mucho? Que es una manera de preguntarse ¿no debería hacer menos? Por el contrario, la persona que tiene caridad razona exactamente en sentido opuesto ¿será que estoy haciendo poco, no será que podría hacer más? Grandes santos que han brillado por sus obras de amor, por sus obras de misericordia y caridad, estoy pensando en un San Vicente de Paúl, en un San Martín de Porres, en una Santa Teresa de Calcuta.

Grandes santos que han mostrado tanta caridad se han hecho continuamente la pregunta ¿Qué me falta, qué me falta, a quién me falta amar? Mientras que el egoísta se preocupa todo el tiempo de no gastar lo que considera que es demasiado poco, el caritativo se preocupa de no estar dando lo que sabe que es abundante. Y sabe que es abundante porque se siente abundantemente amado por Dios, eso precisamente es lo que muestra María en su cántico de júbilo, en su cántico de alabanza. Proclama mi alma la grandeza del Señor. Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.

Ella está feliz, está rebosante, se siente, se sabe amada. Y desde la abundancia de ese amor, su única pregunta es ¿a quién me falta amar? Que el Señor complete esa obra en nosotros, para lo cual lo primero es que nosotros abramos todas las compuertas, abramos todos los cerrojos, le dejemos llegar hasta el último rincón de nuestra vida. Que el Señor complete esa obra de abundantísimo amor en nosotros, para que, teniendo esa experiencia de un amor abundante y de una vida abundante, también como María, empecemos a preguntarnos no en dónde estoy perdiendo, sino más bien a quién me falta ganar. Así sea.

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