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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El verdadero cristiano está siempre alegre, dispuesto a servir y a salvaguardar la vida humana desde el vientre materno.
Homilía visi008a, predicada en 20160531, con 5 min. y 58 seg. 
Transcripción:
El 31 de mayo nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta de la Visitación, es decir, una memoria litúrgica de aquella visita que hizo Nuestra Señora, la Virgen María, a su pariente Isabel. Esto nos lo cuenta el capítulo primero del Evangelio según San Lucas. Según nos dice San Lucas, María, al recibir el mensaje del ángel, escuchó que le decía: «Ahí tienes a tu pariente Isabel. Y ya está de seis meses la que llamaban estéril».
Isabel era no solamente una mujer que parecía o que era estéril, sino una mujer de edad avanzada. Y María va a visitar a su prima Isabel, sin duda con una intención de compartir la alegría, pero también con una intención de servicio, de estar cerca, de ser disponible frente a las posibles necesidades que aquella mujer ya mayor, podía tener durante su embarazo. Así que, tal vez el primer mensaje que nos da esta hermosa fiesta de la Visitación es el mensaje del servicio. No hemos recibido el amor de Dios, no hemos recibido a Cristo en nuestro ser para esconderlo o para aferrarnos de manera egoísta a ese tesoro.
Hemos recibido a Cristo para compartirlo, hemos recibido a Cristo para darlo. Cristo no quiere quedarse inactivo, no quiere quedarse pasivo, reposando simplemente en el baúl de nuestros recuerdos. Cristo quiere ser, Cristo es fuerza de transformación, es fuerza de vida, es fuerza de cambio. Y por eso María, que ha recibido la palabra de salvación, que como dice San Agustín, ha concebido primero en su corazón por la fe y luego en su vientre, llevando a Cristo en su vientre y en su corazón, va a visitar a Isabel. Primer mensaje, el servicio como camino natural del cristiano, precisamente porque ha recibido a Cristo.
Otro aspecto muy bello de esta fiesta es la alegría. Es uno de los énfasis que hace el evangelista San Lucas, la alegría. Alégrate, María, ese es el saludo que le da el ángel. De hecho, ese es el saludo común en la lengua griega de aquella época jairé. Así como entre los hebreos, el saludo común es Shalom, que quiere decir paz, es un deseo de paz. Ya se trate de un saludo en arameo, en hebreo o en griego, el saludo de Dios a nuestra historia es siempre paz, es siempre salud y es siempre alegría. Nos decía, no hace mucho, el Papa Francisco: La carta de identidad del cristiano es la alegría, es la alegría.
¿Por qué? Porque nosotros, que hemos sido seriamente amados, no podemos tener otra respuesta en nuestro corazón si no es la alegría. Oye esa frase: Porque hemos sido seriamente amados, precisamente por eso, creemos en la alegría y proclamamos la alegría. Así que ese es el segundo mensaje, el servicio y la alegría. Y hay un tercer aspecto que me lo hizo ver un hermano mío, tengo un hermano que tiene una opción muy clara provida es mi hermano menor. Él se llama psicólogo provida, él firma de esa manera.
Mi hermano Saulo, se llama a sí mismo un psicólogo provida, y en su muro de Facebook y en muchos lugares, él proclama esa convicción profunda que tiene, que Dios lo bendiga y que todos aprendamos de las personas que tienen esa opción. Por supuesto, es también mi opción. Pues bien, mi hermano me hizo ver algo muy interesante que tiene que ver con la fiesta de hoy. Después de la Virgen María, la primera persona que reconoció a Jesucristo fue un niño no nacido. En el pasaje de la Visitación vemos cómo el que salta de alegría, el que está gozoso, ¿es quien? Juan Bautista.
Y Juan Bautista, ¿dónde estaba? En el vientre de Isabel, fue un niño no nacido, un feto, fue un feto el primero que reconoció a Jesucristo. Vivimos en tiempos en los que los candidatos presidenciales y los alcaldes y las alcaldesas dicen estupideces sobre la vida humana. Por ejemplo, dicen que un niño que no ha nacido no tiene derechos constitucionales. Qué tragedia, qué dolor que ese lenguaje se utilice. O gente que dice que lo que es concebido, que lo que está en el vientre de una mujer no pertenece a la especie humana.
Frente a esas tonterías que hacen tantísimo daño, que son veneno puro, que agradable recordar que el primero que reconoció a Jesucristo fue un feto, un niño no nacido. Si el mundo no reconoce la dignidad de los que no han nacido, ciertamente la Biblia sí que sabe darnos una gran lección. Bendito sea Dios.

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