Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Espíritu Santo revela el lugar único de María en la obra de la salvación.

Homilía visi007a, predicada en 20140531, con 5 min. y 53 seg.

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Transcripción:

Nuestra Madre la Iglesia celebra el 31 de mayo la fiesta de la Visitación, es decir, el recuerdo agradecido y jubiloso de ese acontecimiento que nos cuenta el evangelista Lucas. Como María, después de recibir el anuncio del ángel, se pone en camino y va presurosa, en actitud de servicio, para dar una mano a su parienta Isabel, que vivía en las montañas de Judea. María vivía un poco más al norte, en la región de Galilea, en una pequeña población llamada Nazaret.

Ese camino que va de Nazaret a Galilea es el camino de la humildad, es el camino del servicio, pero también es el camino de la evangelización, como lo hemos dicho tantas veces, y me place repetirlo hoy, María, que es la primera evangelizada, se convierte así en la primera evangelizadora. Isabel, nos dice San Lucas, se llena del gozo del Espíritu Santo y entonces saluda a María con estas palabras: ¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a mí? Hay que destacar que Isabel dice esas palabras no por cuenta propia, sino movida por el Espíritu Santo.

Es el Espíritu el que le revela el gran tesoro, el inmenso tesoro que María trae en sus entrañas. Ese tesoro no es otro, sino la persona de Jesucristo. El tesoro de Cristo es el tesoro mismo del Evangelio, y el tesoro de Cristo es el que hemos recibido todos de las manos del corazón, de la fe y del amor de María. Pero esto solo se reconoce con la acción del Espíritu, es el Espíritu Santo el que, obrando en nosotros, nos permite reconocer el lugar absolutamente único que tiene María en la historia de la salvación. No es ella simplemente un artificio fisiológico para producir un cuerpo, el cuerpo del Mesías.

Es verdaderamente madre, es madre con cada una de las células de su cuerpo, es madre con cada uno de los afectos de su corazón, es madre con cada uno de los pensamientos de su mente, es madre con todo lo que ella es, convertida en sagrario del Espíritu, convertida en morada de la Luz, convertida también en primera discípula del Evangelio, María representa a la vez la acogida al don de Dios y la capacidad de ofrecer ese don a los demás. Es ella la primera discípula, es ella la primera misionera.

Pero una vez más, lo repito, necesitamos el auxilio del Espíritu, necesitamos la gracia bendita del Espíritu Santo para reconocer, reconocer ese lugar de María y para sentir alegría también. Algunas veces me encuentro con protestantes que dicen: No, María era una mujer como cualquiera, tendría sus pecados, tuvo varios hijos. Parece que se empeñan estos protestantes, yendo en contra de los primeros protestantes, porque Lutero, por ejemplo, era muy respetuoso y, uno diría, muy cariñoso con la santísima Virgen y reconocía en ella la virginidad perpetua. Eso Martín Lutero, el fundador de los protestantes. Pero hay protestantes que son más protestantes que Lutero.

Y esa manera tan displicente, esa manera tan fría de hablar de la madre de Jesús no tiene ninguna relación con la Biblia. En la Biblia, María es la portadora de la Buena Noticia, y lo que siente Isabel no es simplemente, aquí llegó una muchachita que está embarazada. Lo que ella siente es, aquí está la madre de mi Señor. Y ¿quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Ojo que las palabras de Isabel fueron precisas, ella no dijo: ¿Quién soy yo para que me visite el Mesías? Evidentemente, la causa de su alegría es la Madre del Mesías, porque en ella, sin quitar nada a Cristo, porque además María todo lo recibe de Cristo.

Pero la alegría que expresa Isabel, es la alegría de la Madre que ha llegado: Quién soy yo para que esta madre venga a mí, quién soy yo para que esta obra preciosa de la Divina Gracia entre a mi casa, quién soy yo para que este Evangelio vivo esté cerca de mi corazón, ¿quién soy yo? Y esa tiene que ser la actitud del cristiano.

Cómo puede uno llamarse cristiano y tratar con frialdad y con displicencia, y tratando de minimizar y tratando de disminuir a la Madre de Jesús, cuando la Biblia está diciendo, por ejemplo, en el mismo capítulo de Lucas, está diciendo: Me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Esa es la actitud del cristiano, alegrarse con María, sentir el gozo de la obra que Dios ha hecho en ella y reconocerla llena de gracia y portadora de gracia.

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