|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Juan Bautista, el niño del ocaso.
Homilía visi001a, predicada en 19970531, con 4 min. y 20 seg. 
Transcripción:
Quiera Dios participarnos algo, algo y mucho de la alegría de Isabel. Quiera Dios regalarnos un poco de ese Espíritu que colmó a esta mujer para reconocer a la Madre del Mesías y para sentir la cercanía del Evangelio. Quiera Dios concedernos la alegría, el júbilo de Juan el Bautista, que con solo presentir a Jesucristo, saltó de gozo. Juan el Bautista era un niño imposible de venir, imposible de nacer, imposible de ser engendrado. Es un niño engendrado en el atardecer del mundo, es un niño engendrado cuando ya no hay vida, es el niño engendrado cuando ha llegado la vejez y el alma está arrugada y la esperanza está marchita.
Es el niño engendrado después, después del absurdo, porque bien se ha cuidado Lucas de contarnos cómo Zacarías e Isabel eran justos en todo ante Dios, pero estos justos se encuentran con el absurdo de su esterilidad. Y después del dolor del absurdo y después del sinsentido de la esterilidad, la alegría de este niño. Así también nosotros necesitamos reconocer a Jesús como en la tarde de nuestra vida. Decía San Agustín: Tarde te conocí, hermosura tan antigua y tan nueva. Eso lo podría decir San Agustín, porque había pasado toda su juventud, podemos decir que, toda su juventud era del Señor.
Pero si uno lo piensa bien, encontrarse con Cristo es encontrarse con aquel que sube el ocaso, es con ese día, es encontrarse con ese día que nace cuando deberían nacer la noche. Así fue engendrado Juan Bautista. Y así, este Juan reconoce la cercanía de Jesús. Al final de nuestra vida, en el ocaso de nuestras esperanzas, Dios suscita una nueva fe, una gracia del Espíritu. Cuando ya todo parece apagarse, como la vida en Zacarías y en Isabel, Dios suscita un nuevo paso de su Espíritu, un nuevo gozo.
Y la mensajera es María, el instrumento es la Santísima Virgen, y a través de ella y con ella y junto a ella, el beso del Evangelio. Venga también a nosotros la visita de María y nos permita reconocer que aún en aquello de nuestra vida que parece fracasado y absurdo, que parece que ya no dará fruto alguno, también ahí puede ser engendrado un nuevo gozo y un nuevo júbilo por el paso del Espíritu. También ahí puede ser engendrada esa fe que sabe reconocer a Cristo, que sabe bendecirle, que sabe proclamarlo, que sabe, en fin, convertirse en Evangelio.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|