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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Necesitamos el silencio para escuchar a Dios y dejar nacer su voz en nuestro corazón. Solo desde el silencio nuestras palabras se vuelven verdaderas, profundas y capaces de tocar los corazones.
Homilía v23d021a, predicada en 20251223, con 6 min. y 1 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy nos presenta el nacimiento de San Juan Bautista, el precursor del Mesías. Y quiero hoy presentarles una lectura alegórica de este acontecimiento. Los antiguos padres de la Iglesia utilizaban mucho la alegoría y yo voy a intentar una lectura alegórica. En la alegoría se mira un significado simbólico a aquellas realidades que nos cuenta la escritura para aplicar después esos significados, esas relaciones, esas comparaciones con nuestra propia vida. Básicamente lo que voy a comentar se resume en esta frase, Juan que fue llamado vos, fue engendrado primero en el silencio. Sabemos que Juan fue llamado voz, porque cuando le preguntaron al mismo Bautista ¿Tú quién eres? Él citó un texto del profeta Isaías: Yo soy voz del que clama en el desierto. Es un texto que proviene del capítulo cuarenta de Isaías y que es anuncio de salvación. Pues eso fue también Juan Bautista como precursor del Mesías. Él era la voz en el desierto que estaba llamando a todos a la conversión para darle al Mesías un pueblo bien dispuesto, ese fue Juan Bautista. Pues bien, de acuerdo con eso, Juan fue la voz. Pero si tú recuerdas cuando se le anunció al papá de Juan, que se llamaba Zacarías, se le anunció que por fin iba a ser papá, algo que él indudablemente había anhelado toda su vida, pues Zacarías no lo pudo creer. Para Zacarías fue imposible de creer, Zacarías, entonces, quedó mudo como una especie de corrección, como una especie de castigo, castigo medicinal. Los castigos de Dios siempre son medicinales. Entonces Zacarías quedó mudo y así mudo, se unió a su mujer Isabel. Y así mudo, engendró en las entrañas de Isabel a Juan el Bautista. Esa es la realidad que nos presenta la Biblia, y ahí es donde empieza la profunda alegoría. En el silencio fue engendrada la voz, ese es el título de esta homilía. En el silencio fue engendrada la voz, porque efectivamente Zacarías estaba mudo y en el silencio de su mudez, de su mudez, se unió a Isabel y en el silencio fue engendrado aquél que después sería conocido como la voz, es decir, Juan el Bautista. Esta frase que nos pone a pensar, también nos invita a mirar dentro de nosotros mismos. En el silencio se engendra la voz, acuérdate que vivimos en un mundo repleto de ruido, acuérdate que vivimos en un mundo que no sabe callarse. Vivimos en un mundo en donde el silencio casi no existe. Pero en ese aturdimiento de voces, finalmente lo que se produce es cacofonía. La expresión cacofonía proviene del griego cacos, que quiere decir lo que es feo, desagradable, incluso sucio, fonos hace alusión al sonido, un sonido desagradable. El exceso de voces nos tiene aturdidos, el exceso de voces nos tiene confundidos, el exceso de voces nos tiene cansados. Necesitamos descansar de las muchas voces, necesitamos descansar del mucho ruido. Necesitamos el cobijo del silencio, necesitamos arroparnos en el silencio para que pueda también en nosotros nacer la voz, para que también en nosotros pueda Dios abrir la puerta a su mensaje. En el silencio fue engendrada la voz. Si tú quieres hacer un aporte auténtico, si tú quieres que tus palabras sean creíbles, si tú quieres tocar los corazones para bien, si tú quieres marcar una diferencia en este mundo, necesitas un poco más de silencio. Aquel ángel, el ángel Gabriel enviado por Dios, castigó a Zacarías con el silencio. Pero como ya dijimos, fue un castigo medicinal, un castigo que hizo distinta la vida de Zacarías y que hizo posible el milagro de la vida de Juan. Pues tomemos también para nosotros la disciplina del silencio. Bendito silencio de Zacarías, por el cual tendremos la capacidad de hablar de un modo nuevo, expresarnos con verdad, con profundidad, con sensatez, con sabiduría, con esa palabra de fuego que también tuvo Juan Bautista. Un poco más de silencio, un poco más de recogimiento. Quita de tu vida tanto ruido y verás cómo surgen palabras nuevas de tu corazón. Que Dios te bendiga.

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