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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Mis pecados son una carga pesada para mí, pero nunca demasiada para Dios. A pesar de mis infidelidades el Señor es capaz de cumplir su plan en mi vida.

Homilía v23d020a, predicada en 20241223, con 5 min. y 36 seg.

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Transcripción:

Hermanos, el Evangelio de hoy nos presenta el nacimiento de Juan Bautista y en esto hay que recordar que Juan fue precursor de Cristo en todos los sentidos. Precursor porque primero se anunció el nacimiento de Juan y luego el de Cristo, y primero, por consiguiente, fue el embarazo de Isabel o Elisabet y luego el de María. Primero nace Juan y luego Jesús. Juan empieza predicando, Juan bautiza, Cristo va a bautizarse, a recibir el bautismo de Juan. Y luego pues, cuando Juan es apresado, pues Cristo inicia su predicación, Juan muere mártir y después Cristo muere en la cruz como primero entre todos los mártires, en el sentido de que es el que da el gran testimonio sobre Cristo. Bueno, el gran testimonio sobre el amor de Dios.

Entonces Juan es el precursor y estamos hablando del nacimiento de Juan, ya a muy pocos días de celebrar la Natividad, es decir, celebrar el nacimiento de Cristo. Es interesante lo que nos cuenta la Escritura sobre el nombre. Nos dice la Escritura que querían llamar a este niño, querían llamarlo Zacarías como su padre, y entonces intervino la mamá y dijo: No su nombre será Juan. Y le preguntaron por señas a Zacarías ¿Qué nombre quería para su hijo? Y Zacarías escribió en una tablilla. Zacarías estaba mudo y escribió en una tablilla Juan es su nombre, Juan es su nombre.

Esto nos invita a considerar qué significan esos dos nombres, el nombre Zacarías, que era el que le quería dar la gente, y el nombre Juan, que fue aquel en el que insistieron tanto el papá como la mamá. ¿Qué significan estos nombres? Zacarías hace referencia a, el recuerdo de Dios, es decir, nuestro Dios, es un Dios que recuerda y es una palabra que apunta hacia la fidelidad de Dios. El Dios que permanece, el Dios que recuerda, el Dios que es fiel, es algo muy bello que está en el nombre Zacarías. Pero el nombre Juan, que proviene de una raíz hebrea más o menos pronunciada Johanan iojanán ese ese nombre Juan significa Dios es bueno.

Si bien el nombre de Zacarías destaca un atributo hermoso de Dios, que es que Dios recuerda y Dios es fiel, fiel fundamentalmente a la alianza que ha hecho con el pueblo. Pues superior a esa afirmación de que Dios es fiel, superior parece ser la afirmación de que Dios es bueno, porque la bondad de Dios alcanza a recubrir, alcanza a sanar la infidelidad del pueblo. Esa es la diferencia que hay entre esos dos nombres. Mientras que el nombre Zacarías enfatiza la fidelidad de Dios, pero no tiene una respuesta frente a la infidelidad del pueblo de Dios. Cosa que también sucede con nosotros, porque nosotros también somos pecadores. Si bien el nombre Zacarías está mostrando la fidelidad de Dios, no tiene una respuesta para la infidelidad del pueblo.

El nombre de Juan habla de la bondad de Dios, una bondad por la cual Él ciertamente es fiel, pero además es capaz de sanar nuestras infidelidades, es capaz de superar nuestros pecados, es capaz de ir más allá de nuestros defectos, errores, iniquidades, crímenes. Y creo que ese es un mensaje muy bello. Ahora que estamos llegando al final del Adviento, es un mensaje muy hermoso, porque es un mensaje que nos está recordando que Dios nuestro Señor es capaz de vencer los males que nos aquejan. O dicho de otra manera, mis pecados no van a detener a Dios, mis pecados no van a frenar la obra de Dios. Mis pecados son una carga enorme.

Cada uno de nosotros lo puede decir, pero no una carga que resulte imposible para Dios. Nuestro Dios es poderoso y el poder de Dios es su misma bondad, esa bondad con la que puede vencer nuestros pecados. Así que en ese papá y en ese hijo hay todo un evangelio. Zacarías nos recuerda que Dios es fiel a sus promesas, y Juan con su nombre, nos recuerda que más allá de nuestras infidelidades, Dios es capaz de sacar adelante su plan. Dios es capaz de salirse con la suya, nuestro Dios es un Dios victorioso. La alabanza, la gloria para Él en este Adviento y en toda nuestra vida. Amén.

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