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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Es más grande la victoria sobre la esterilidad del alma que es la incredulidad, que la victoria sobre la esterilidad del cuerpo.

Homilía v23d018a, predicada en 20221223, con 7 min. y 8 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy, mis hermanos, nos recuerda el nacimiento de San Juan Bautista. Muy oportuno y muy bello recordar este nacimiento cuando estamos ya tan cerca de celebrar el nacimiento de Jesús. Por cierto, hay una curiosidad litúrgica que muchos de ustedes ya conocen. La Iglesia celebra el nacimiento de Juan Bautista el veinticuatro de junio, es una gran solemnidad litúrgica. Seis meses después, el veinticinco de diciembre, celebramos el nacimiento de Jesús. Te das cuenta, la Biblia nos dice en San Lucas, La Biblia nos dice que Juan: El nacimiento de Juan fue anunciado y después dice seis meses. Seis meses después, el ángel Gabriel fue enviado a Nazaret a una virgen llamada María.

Hay seis meses de diferencia según el Evangelio, entre el anuncio del nacimiento de Juan y el anuncio del nacimiento de Jesús. Por consiguiente, seis meses de diferencia entre el nacimiento de Juan y el nacimiento de Jesús. Y así también en la liturgia celebramos el nacimiento de Juan con la solemnidad litúrgica que corresponde el veinticuatro de junio y celebramos el nacimiento de Jesús con la solemnidad litúrgica del veinticinco de diciembre. Y si seguimos mencionando así estas cifras, date cuenta que la Anunciación, la Anunciación a María Santísima, la celebramos el veinticinco de marzo, es decir, nueve meses antes del veinticinco de diciembre.

Esas pequeñas, uno podría llamar las curiosidades, esos pequeños datos nos ayudan a recordar que nuestra liturgia está volviendo nuestros corazones y nuestra atención hacia hechos reales. Es algo muy simple. Son apenas unas fechas que el veinticinco de marzo, la Anunciación, nueve meses después, veinticinco de diciembre, el nacimiento de Cristo, que la Biblia nos dice que hay seis meses de diferencia entre Juan el Bautista y Cristo el Señor. Entonces celebramos el nacimiento de Juan veinticuatro de junio, nacimiento de Jesús, veinticinco de diciembre. Bueno, ahora bien, hay algo muy hermoso en el nacimiento de Juan. El nacimiento de Juan es una victoria.

Uno podría decir: Es una victoria sobre la esterilidad, totalmente cierto. Es uno de varios ejemplos de las victorias de Dios sobre la esterilidad. Victoria de Dios sobre la esterilidad es lo que sucedió con Abraham y Sara. Ellos eran estériles, acuérdate que Abraham tenía muchísimos años cuando por fin pudo ser padre y Sara ya no tenía ni siquiera sus períodos cuando quedó embarazada. Recuerda también el nacimiento de Sansón, que por estos días apareció en la liturgia era estéril. La mamá de Sansón era estéril. El papá de Sansón se llamaba Manoaj, el nombre de la mamá no se dice, pero ese era un matrimonio estéril y de ahí vino Sansón.

Son muchos los ejemplos en realidad, y tenemos el caso de Juan Bautista. De nuevo, se trata de vencer la esterilidad. Vencer la esterilidad es un triunfo muy grande de Dios, porque allí donde las fuerzas humanas, allí donde las capacidades humanas no dan más, es hermoso ver la bendición de Dios. Yo mismo, como sacerdote, he visto esa bendición. Yo mismo, como sacerdote, he visto que hemos hecho oración por personas, por parejas y han quedado en embarazo. En este momento de mi vida sacerdotal, yo ya cuento diez parejas que no podían tener hijos, por las que hicimos oración y pudo darse el embarazo. Y espero que ese número siga creciendo, o sea que esa es una victoria.

Pero yo quiero mencionar la otra victoria que trae el nacimiento de Juan Bautista, otra victoria que es un poquito más sutil si quieres. Te acuerdas que Zacarías no podía creer, ahí sí, como dicen los jóvenes hoy, literal, no podía creer, no podía creer que iba a ser papá y no podía creerlo en el sentido que hoy se dice. Es decir, en el sentido de que quedaba, por así decirlo, como sobrecogido de sorpresa. No cuando hablamos aquí de que no podía creerlo, es que efectivamente, el ángel le dice: Tú no le diste crédito a mis palabras, tú no creíste. Pero a pesar de la incredulidad de Zacarías, a pesar de esa incredulidad, el embarazo se dio. O sea que el nacimiento de Juan Bautista es una victoria sobre la esterilidad de la carne, pero también es una victoria sobre la esterilidad del corazón, porque la esterilidad del corazón es la incredulidad, la esterilidad.

Date cuenta que es más grande la victoria sobre la esterilidad del alma, que es la incredulidad, que la victoria sobre la esterilidad del cuerpo que era la que padecían Zacarías y su esposa Isabel y por eso hoy tenemos que pedirle a Dios que venza la esterilidad del cuerpo, no solamente en las parejas que no pueden tener hijos, sino también en las parejas que no quieren tener hijos, que son voluntariamente estériles a la vida humana, se abren a la vida perruna, se abren a la vida gatuna, pero no se abren a la vida humana, son estériles. Pidamos a Dios que haya una victoria ahí, la esterilidad de la carne, pero sobre todo, que haya una victoria por encima de la esterilidad del alma. Unámonos en esa causa. Y hoy quiero ofrecer la bendición para todos los que vean este mensaje, pidiendo al Señor que si acaso entre quienes ven este mensaje hay esterilidad. Parejas que quieren quedar en embarazo y no lo logran. Que Dios por su virtud lo consiga, lo logre y sea su victoria. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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