Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ser precursor del Mesías es hacer que se descubra la gracia que solo Cristo trae; al reconocer nuestra condición de necesidad y de pecado se descubre también que necesitamos salvación, reconciliación y que Dios reine en nosotros.

Homilía v23d017a, predicada en 20211223, con 4 min. y 55 seg.

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Transcripción:

A veces las preguntas más sencillas son también las más difíciles de responder. Yo suelo llamarlas preguntas de niño porque a veces, en la catequesis o en cualquier otra conversación con un niño, si él tiene confianza, hace preguntas como ésta que vamos a hacer ahora, ¿Por qué se necesitaba un precursor? Resulta que estamos acostumbrados a hablar de Juan el Bautista como el precursor del Mesías, y así es. Es el precursor.

Pero la pregunta es ¿Por qué se necesitaba un precursor? Es decir, ¿Qué hubiera pasado si simplemente llega el Mesías? Ya está, llegó. ¿Por qué se requería que hubiera alguien antes? Es una muy buena pregunta, muy buena pregunta y tal vez la mejor manera de responderla es recordar qué es lo que viene a traernos nuestro Señor Jesucristo. Él viene a traernos la salvación, Él viene a traernos la amistad con Dios, Él viene a traer el reino de Dios. Quedémonos por ahora con esas tres respuestas. Viene a traernos la salvación, la reconciliación, o sea la amistad con Dios, viene a traer el Reino de Dios.

Pero qué se necesita para que tú o yo podamos recibir voluntariamente, amorosamente, agradecidamente, esos regalos que Cristo viene a traernos, ¿Qué se necesita? Esa es una buena pregunta también para que nosotros recibamos con gratitud, con alegría, con amor, lo que viene a traernos Cristo, fundamentalmente se requiere una cosa y es que reconozcamos nuestra necesidad. Por ejemplo, Cristo viene a traernos la salvación, de qué sirve eso si la persona no siente que necesite ser salvada de nada. Eso es un poco lo que está sucediendo en nuestra época.

Muchas personas, más que tener directamente una antipatía, un rechazo directo o un odio hacia Dios, lo que tienen es una tremenda indiferencia. Es decir, ese Dios no me interesa. ¿Y cómo nos va a interesar Dios? El Dios que trae la salvación. Si no descubrimos de qué tenemos que ser salvados, ¿Cómo descubriremos la importancia de la reconciliación y la paz con Dios? Si nunca sentimos que hemos estado de pelea con Él, ¿Cómo nos interesará el reinado de Dios? Si estamos demasiado felices reinando en nosotros mismos. Ahí es donde está la clave, ahí es donde está la misión esencial pero durísima del precursor.

Me gusta describir esa misión del precursor con la comparación entre el apetito y el alimento. Si llega el alimento más delicioso y más nutritivo a una persona que no tiene hambre, una persona a la que eso no le interesa, pues esa persona no apreciará, no agradecerá y probablemente ni siquiera apruebe esa deliciosa comida. No la aprueba porque, porque no siente que la necesite, porque no le gusta, porque no le atrae.

Entonces, ser precursor del Mesías, no es otra cosa sino hacer atractivo o mejor, descubrir el atractivo que hay en esa gracia que hay, en ese regalo que hay en ese bien, que Cristo y solamente Cristo puede traer. Es decir, es como abrir el apetito, ¿Y cómo se abre el apetito cuando se trata de las cosas de Dios? Cómo se abre el apetito en la medida en que descubrimos nuestra condición de necesitados, en la medida en que descubrimos nuestra condición de pecadores, cuando descubrimos que somos pecadores, entonces descubrimos que necesitamos salvación, que necesitamos reconciliación, y que la mejor noticia que puede llegar a mi vida es que Dios reine. Ese, ese es el papel esencial del Precursor.

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