Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Es un regalo sentirse insatisfecho con la vida que llevamos, es misericordia arrepentirse por el mal que hicimos y es un milagro que la vida empiece de nuevo a través de la conversión.

Homilía v23d014a, predicada en 20171223, con 6 min. y 20 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

El Evangelio del día de hoy nos presenta el nacimiento de San Juan, después llamado Bautista por el ministerio que caracterizó su vida bautizar a las multitudes a orillas del río Jordán. Juan el Bautista llama mi atención aquella pregunta que la gente se hace y que aparece hacia el final del texto de hoy ¿Qué va a ser de este niño? Por qué la gente se hace esa pregunta, porque se dan cuenta que el nacimiento de Juan es un gran regalo, es una gran misericordia y es un gran milagro.

Regalo para una mujer que había anhelado la maternidad toda su vida. Misericordia porque a raíz de su esterilidad ella se sentía despreciada, y ahora, con el nacimiento de su hijo, se siente consolada y felicitada. Milagro porque tanto ella, Isabel como su esposo Zacarías, eran de avanzada edad y no se suponía que ya pudieran ser padres. Así que el nacimiento de Juan es un regalo, es una misericordia, es un milagro.

Esto explica la pregunta que aquella gente se hace ¿Qué va a ser de este niño? Porque se ve que la mano del Señor está con él. Bueno, pero hay que agregar algo más, y es que el servicio principal de este niño, su ministerio, estará, como ya se dijo, en la predicación del arrepentimiento de los pecados, y en esas enormes celebraciones en donde multitudes enteras se bautizan a orillas del río Jordán. Ese es el ministerio principal de Juan el Bautista. Entonces conviene que relacionemos la misión con la vida, la tarea que él realizó con la obra misma de su nacimiento. Y entonces llegaremos a una conclusión, y es que lo que Juan realizó no sólo con su nacimiento, sino con toda su vida, lo que Juan realizó es regalo y es misericordia y es milagro.

Efectivamente, mis hermanos, debemos considerar, regalo que una persona llegue a sentirse seriamente insatisfecha. La insatisfacción, esa insatisfacción profunda que hace que te sientas incómodo y mal, que hace que te pongas en camino, que hace que digas yo tengo que hacer algo, tengo que traer un cambio a mi vida, tengo que leer algo, tengo que hablar con alguien, tengo que ir a alguna parte, ese sentir que tu vida no te satisface es un regalo.

Porque hay de aquellos que se sienten satisfechos comiendo las algarrobas de los cerdos. Recuerdas la parábola del hijo pródigo y recuerdas cómo este hombre se sintió humillado y también insatisfecho, es decir, esta no puede ser mi vida cuando ya empezó a sentir hambre de la comida de los cerdos, como que despertó, como que recapacitó, esta no puede ser mi vida, eso es un regalo. Porque mientras uno no sienta esa insatisfacción, mientras uno no sienta esa contradicción, uno seguirá tranquilo, sonriente, feliz, en el muladar de su pecado asqueroso. Es necesario el regalo de sentirse insatisfecho.

Y es una misericordia que a esa insatisfacción le siga después el arrepentimiento. Porque el otro camino es que a esa insatisfacción le siga el cinismo o que a esa insatisfacción le siga la desesperación. Entonces hay personas que durante un tiempo se han sentido insatisfechos con su pecado y de repente un día dicen bueno, ya no más insatisfacción, de ahora en adelante voy a ser orgulloso de mi pecado y voy a hacer una marcha del orgullo con mi pecado. Eso también puede pasar, o puede pasar lo que sucede a otros que buscan el suicidio, eso también puede pasar.

Entonces date cuenta que la insatisfacción es un regalo, pero ese regalo debe ser completado con la misericordia del arrepentimiento. Eso también lo vemos en el hijo pródigo. El hijo pródigo no se quedó solamente mirando la miseria de su situación, yo ya llegué al punto en el que tengo hambre de lo que comen los marranos, no, él no se quedó ahí, sino que dijo volveré a la casa de mi padre. Y el milagro, ¿Cuál es? Y el milagro se llama la conversión. Que yo esté arrepentido, que me duela, lo que he hecho ya es una misericordia.

Pero que ese dolor sea tomado por Dios y Dios lo eleve a una condición nueva a través de la contrición para que empiece una vida nueva en mí, ese es un milagro, el milagro de una vida nueva. O sea que los tres rasgos principales del nacimiento de Juan el Bautista, regalo, misericordia y milagro se repiten luego en lo que fue la gran misión de Juan el Bautista, su predicación. Porque efectivamente es un regalo que uno se sienta insatisfecho, es una gran misericordia que uno se arrepienta y es un milagro que la vida empiece de nuevo a través de la conversión, al Señor la gloria y la alabanza por los siglos. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM