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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos que nuestro servicio de evangelización esté movido por intenso fervor y fuego en el corazón para que Cristo encuentre un pueblo bien dispuesto y su gracia no caiga en tierra estéril.
Homilía v23d012a, predicada en 20151223, con 4 min. y 9 seg. 
Transcripción:
Las lecturas de hoy nos invitan a mirar una vez más a Juan el Bautista. Hemos comentado varias veces a lo largo del Adviento cómo este santo varón, Juan el Bautista, es uno de los guías preciosos que nuestra Madre la Iglesia, nos da durante el tiempo del Adviento. Precisamente lo llamamos el precursor del Mesías. Y el Evangelio de hoy nos presenta a Juan que se adelanta a Cristo, porque Juan nace unos pocos meses antes de Cristo. De igual manera, el servicio, el ministerio de Juan precederá a Cristo. La tortura, la persecución y tortura de Juan precede a la persecución y tortura de Cristo y la muerte sangrienta de Juan precede a la muerte de Cristo en la cruz. O sea que realmente Juan va delante de Cristo, y realmente cada una de las etapas de Juan de la vida de Juan se convierten como en una anticipación de la vida de Cristo. El profeta Malaquías, en el texto que hemos escuchado, tomado del capítulo tercero de este profeta, nos habla de Elías. Esa comparación entre Elías y Juan es tan necesaria, porque Elías es el profeta que supo permanecer fiel en el momento de mayor idolatría, de mayor rebeldía, de peor corrupción, de la fe en el llamado reino del Norte. Cuando se dividió el pueblo de Dios entre el Reino del Norte y el Reino del Sur. Hubo profetas tanto en el reino del norte que se llamó Israel como en el reino del Sur que se llamó Judea. Pues bien, Elías fue profeta en el reino del norte y allá, en medio de durísima persecución, en medio de unas circunstancias tan adversas, Elías permaneció fiel. Esa fidelidad, que no es otra cosa sino pasión por la obra de Dios, pasión por la alianza, pasión por el amor de Dios. Esa certeza de que los derechos de Dios tienen que ser preservados y defendidos. Eso es lo que encontramos en Elías, y eso es exactamente lo que va a hacer Juan, su entrega sin reservas, su manera de darse hasta la muerte por anunciar el valor de la alianza y la cercanía del Mesías son exactamente lo que nosotros necesitábamos. Qué conclusión debemos sacar entonces hoy en primer lugar, entender que también nosotros, con nuestro servicio de evangelización, hemos de ser como un Juan que le abre camino, que le prepara camino a Cristo para que pueda llegar a muchos hermanos. Y en segundo lugar, darnos cuenta que solo podremos ser útiles a esa obra, a esa preparación, si nosotros mismos estamos dispuestos a amar sin reservas la alianza y la gloria de Dios. Que el intenso fervor, que el fuego precioso que ardió en el corazón de Juan llegue también a nosotros en las circunstancias de tan grande confusión en la que hoy nos debatimos. Necesitamos gente con claridad en la mente, pero sobre todo con fuego en el corazón, para que Cristo encuentre un pueblo bien dispuesto y para que su gracia no caiga en tierra estéril.

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