Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La mudez de Zacarías, padre de Juan Bautista, es como una profecía que nos enseña a acoger, con humildad, y en toda su riqueza los dones de Dios, para poder proclamarlos.

Homilía v23d009a, predicada en 20111223, con 4 min. y 26 seg.

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Transcripción:

Los antiguos profetas ya habían mostrado que Dios habla no solamente con palabras, sino también con los acontecimientos, con los hechos. Por ejemplo, el profeta Ezequiel, cuando presenció la magnitud del desastre que implicaba el destierro, se quedó mudo por siete días. Ese silencio, silencio de duelo, silencio de compartir, vino a mostrar a todo el pueblo la gravedad de la situación, pero también la amorosa cercanía de Dios, que de alguna manera estaba haciendo duelo con su pueblo.

También encontramos a Jeremías, que va al taller del alfarero y se encuentra con que este artesano cuando le queda mal hecha una vasija, pues la destruye completamente para hacerla de nuevo, y en esa acción vio el actuar de Dios. Dios es el alfarero y a veces tiene que destruir para construir, a veces tiene que triturar para dar una nueva vida. Dios habla entonces también a través de las acciones.

Esto viene a cuento porque el Evangelio de hoy nos presenta el nacimiento de Juan Bautista. Juan, que vendría a ser llamado la voz. Voz del que clama en el desierto, voz que anuncia la palabra que viene. Juan cuando iba a nacer, pues vivió su familia un acontecimiento extraño. A ver, los papás eran estériles Zacarías e Isabel, y ellos vivieron un acontecimiento extraño, cuando Zacarías recibió el anuncio de que iba a tener un hijo, Zacarías no se sintió capaz de creerlo, y como no lo creyó, pues Dios en su compasión, no dejó de darle el regalo de ese maravilloso hijo, pero lo castigó, un castigo medicinal, un castigo pedagógico. Y ese castigo pedagógico y medicinal fue la mudez.

Te das cuenta, Dios habla no sólo cuando pronuncia palabras u oráculos, Dios habla también a través de los acontecimientos. Zacarías quedó mudo, la mudez de Zacarías es un hecho. Y ese hecho, hecho doloroso, hecho vergonzoso, va a convertirse en parte de un mensaje. Y de ese modo la mudez de Zacarías se convierte en elocuencia de Dios. ¡Cómo es grande él! En efecto, durante el tiempo en que Zacarías estuvo durante el tiempo en que Juan estuvo en el vientre de su mamá, es decir, Santa Isabel. Zacarías permaneció mudo, pero cuando nace su hijo, cuando nace Juan, Zacarías recupera la palabra. Es tan hermoso ver que Juan estaba en silencio en el vientre de la mamá, y Zacarías estaba en silencio, ¿En cuál vientre?, En el vientre de esa mudez, de esa penitencia, de ese retiro forzoso en el que tenía que descubrir la obra y la grandeza de Dios.

Por un lado, qué importante, qué hermosa esta mudez, mudez que significa entrada en nosotros mismos para ver las obras de Dios, para reflexionar, para descubrir que el Señor siempre ha estado ahí. Pero por otro lado, qué precioso que se rompa esa mudez y que Zacarías eleve su voz cantando las grandezas del Señor.

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