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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús tiene un mensaje para todos.
Homilía v23d003a, predicada en 19981223, con 9 min. y 21 seg. 
Transcripción:
Malaquías es, sino el último, de los últimos profetas del Antiguo Testamento. Leer a Malaquías es como contemplar unas manos que se extienden anhelantes, manos que ya querían cargar a Jesús niño, no les fue concedido. Malaquías anunció que el espíritu y el poder de Elías, ese gran profeta de la fidelidad en tiempos duros de Israel, que ese espíritu volvería al pueblo de Dios con un objetivo muy preciso. Y eso es lo que quiero compartir con ustedes. Convertirá los corazones de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres. Yo escuchaba esta lectura y pensaba en los mayores y en los menores en una asamblea como esta. Yo pienso que tal vez el mayor de todos sea aquí, Eduardo y pienso que tal vez el menor de todos sea Santiago. Y entonces pienso en un mensaje que pueda ser una buena noticia para Santiago y para Eduardo. Eduardo, que con sencillez y cariño lo decimos, tal vez, mira, mira allá, el final de la vida, cercano, no inmediato, pero sí cercano. Santiago, que no puede en este momento pensar en eso, pero que si lo pensara miraría un largo camino seguramente y Dios se lo conceda lleno de muchos frutos. Entonces yo escuchaba la profecía de Malaquías y pensaba en Santiago y en Eduardo y decía: ¿Cómo le podremos dar una buena noticia a un niño tan pequeño y a un hombre tan mayor? Porque normalmente las buenas noticias son las que traen alegría y normalmente las alegrías van cambiando con los años. Las alegrías de los niños están muy próximas, pues yo no sé cómo tal vez los regalos, tal vez los juguetes, tal vez, tal vez la risa, la música, el color, tal vez un buen partido de fútbol, tal vez una buena tarde de pesca, no sé. ¿Y cuáles son las alegrías de las personas mayores? Pues tal vez el sosiego, la serenidad, el amor de los suyos, la claridad, la paz de la conciencia. Malaquías dice que va a venir una buena noticia, que va a venir una alegría, que va a ser alegría para los pequeñitos y para los grandecitos. El Señor promete que va a venir un gozo, un gozo grande y que ese gozo va a ser para chicos y grandes, y que los corazones de los padres se volverán hacia los hijos y los de los hijos hacia los padres. En nuestra sociedad marcada por el comercio, es necesario crear lugares especiales para todos, o mejor dicho, para cada uno. Si uno va, por ejemplo, a un restaurante típico, un lugar de comidas, siempre hay el lugar de los niños que tiene su parquecito. Y de pronto hay otro lugar que es como para los jóvenes, que tiene su música a todo volumen, y luego hay otro lugar especial que es para los mayores, que tiene una decoración sobria, una luz suave, una música que invita como a la conversación, a la tertulia. En nuestra sociedad no hemos encontrado una fórmula que le pueda dar gozo, que le pueda dar respuesta, que sea una buena noticia para todos, a nosotros nos toca separar.
Pero el ideal de la Iglesia no es ese, el ideal de la Iglesia es que una reunión como estas pueda asistir así un pequeñito y así un grandecito y que todos se puedan llevar algo. Y yo decía qué palabra tan difícil está para un sacerdote. Porque casi siempre nosotros los sacerdotes en nuestras predicaciones, pues nos dirigimos tal vez a un grupo de personas, tal vez al promedio de las personas, pero ¿Quién podrá tener, me pregunto yo esa palabra de Dios?, ¿Quién podría tener esa gracia de predicación tan grande, tan grande, que pudiera decir algo así como para Camilito?, que está allá escondido, ¿Quién pudiera traer una buena noticia que Camilo?, cuando saliera de esta iglesia, dijera me voy más contento, porque supe algo, porque aprendí algo, porque sentí algo. ¿Quién pudiera tener una palabra que llegara así, derecho a tu corazón, Santiago? Así, Así, así, que pudiera llegar así a tu corazón y decirte a ti. Decirte a ti, que todas las promesas y todas las bondades y todas las cosas que alegran a tus papás y a tus abuelos son para ti.
Y quién pudiera decirle a personas como nuestro querido Eduardo, que la buena noticia, como decía Jesús, hay que saber recibirla como un niño. Quién pudiera darle a Eduardo una segunda infancia en que Eduardo disfrutara el Evangelio como Santiago disfruta, yo no sé un helado. Así como Camilo disfruta un desayuno apetitoso, como Camilito, así como, así como Camilito disfruta sus desayunos. ¿Quién pudiera darle ese gozo de niño a una persona mayor? Y eso, sin embargo, es lo que nos estaba prometiendo Malaquías aquí, por decirlo de una sola palabra. Se trata de que los mayores puedan tener esperanzas, anhelos, esperanzas y anhelos y gustos y gozos como de los niños, y que los niños puedan tener la profundidad, que puedan tener la promesa, que puedan tener, que puedan tener la dimensión del regalo, del regalo que les llega en Jesucristo. Yo pienso que nuestro Señor, el bendito Salvador, nuestro Jesucristo, tenía esa gracia, desde luego que la tenía. Cuando Jesús predicaba, siempre había algo que le quedaba a todos. Cuando Jesús predicaba, él sabía repartir, yo no sé de un modo maravilloso, sabía repartir a todos la luz de su amor, de manera que cada uno podía alimentarse de él, como pasó con el maná en el Antiguo Testamento, que todo el mundo podía comer del maná. Y cuando luego el libro no sé si es el eclesiástico, la sabiduría hace una meditación sobre el maná, dice unas palabras tan lindas, dice: Y era un pan que podía satisfacer todos los gustos. Entonces, en el pueblo de Dios, en eso que se nos va a dar en Jesucristo, no habrá que reservar el lugar de los o los niños. Este es el lugar de los jóvenes, porque no se pueden juntar con los niños y este es el lugar de los mayores, porque no entienden a los jóvenes, sino que va a venir algo tan maravilloso, va a venir algo tan profundo y al mismo tiempo tan esperanzador y tan sencillo. Va a venir algo tan, tan alegre, tan transparente, tan simple, pero tan profundo. Va a venir a nuestras vidas algo que podremos recibir con el gozo de los niños y con la serenidad, la profundidad y el sentido que solo da la sabiduría y que solo dan los años. Anhelemos a ese Jesucristo. Yo le digo hoy a los más pequeños, Camilo Jesús nace para ti, Santiago, para ti, para ti viene, Jesús te ama y viene para ti, para ser la alegría de tu niñez, Felipe viene para ti, viene Jesús para ti. Y quisiera decir a nuestros queridos jóvenes, empezando por Héctor, claro, Héctor, para ti Jesús, Giovanna, para ti viene Jesús, para ti, para ser la alegría de tu juventud. Viene, viene también para, para nosotros, viene también para nosotros, los de otras edades, los de otras experiencias. Camilo papá viene para ti Jesús, para que tú te goces como solo se goza tu hijo, para que tu hijo pueda comer del mismo pan, del mismo gozo, de la misma esperanza que tú, y viene para ti. Eduardo, Jesús viene para ti para que un día puedas tener fiesta de niño en tu alma, con todo lo que el Señor ha preparado, atravesando los siglos, las culturas, los idiomas. Él hizo un viaje increíble, llega a tu corazón y tiene un mensaje de amor para ti.

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