Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El pecado nos "desajusta" y nos hace perder sintonía con la verdad y el amor de Dios.

Homilía v22d021a, predicada en 20251222, con 14 min. y 0 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Queridas hermanas. Quiero recordar junto con ustedes unos aparatos que había en las casas hace tiempo. Nos acordamos de los radios, esos aparatos que uno tenía que sintonizar. Yo me acuerdo que mi papá tenía un radio bastante antiguo ya en esa época y para poder sintonizar había que mover un botón, darle vueltas a un botón. Y a veces entraba muy bien la emisora de radio y se oía perfectamente, pero otras veces no sintonizaba bien. Y entonces había una mezcla entre el ruido y la señal, el ruido y la señal. La señal es lo que uno quiere escuchar. Por ejemplo, el locutor que está hablando o la música que uno quiere oír. Eso es la señal. Pero cuando el radio no sintoniza bien, se alcanza a oír la música o se alcanza a oír lo que están diciendo. Pero también hay mucho ruido y a veces cuesta mucho trabajo entender. Así pasaba con los radios antiguos y con las emisoras antiguas.

Me estoy devolviendo como cincuenta o sesenta años atrás. ¿Por qué hablo de esto? Porque cada uno de nosotros, cada uno de nuestros corazones, es al mismo tiempo como una emisora que lanza un mensaje. Y cada uno de nosotros es también como un radio receptor que recibe mensajes. Nosotros enviamos un mensaje y nosotros recibimos un mensaje. ¿Qué quiero decir con esto? Por ejemplo, ¿cuál es el mensaje que nosotros enviamos? Hay personas que envían un mensaje de alegría. Son personas alegres. Son personas que irradian alegría. Envían un mensaje de alegría. Hay personas que envían un mensaje de paz. Hay personas que envían un mensaje de espiritualidad, de santidad, de piedad. Lamentablemente, también hay personas que envían un mensaje de amargura o envían un mensaje de ira, o envían un mensaje de impureza. Eso también sucede.

Por eso decimos que cada uno de nosotros es como una emisora y por eso tenemos que preguntarnos ¿qué es lo que nosotros estamos enviando al mundo? cómo decir ¿cuál es nuestro testimonio? ¿qué es lo que nosotros dejamos en las demás personas? El apóstol San Pedro resumió la vida de Jesucristo con estas palabras: Pasó haciendo el bien. Es decir, que Jesús, nuestro Señor, irradiaba bondad, irradiaba santidad, irradiaba fuerza de Dios que libera. Ese es Jesucristo. Él irradia santidad.

En el capítulo sexto del Evangelio de Lucas se dice que él, Jesucristo, irradiaba. San Lucas nos dice lo puedes buscar en la Biblia. Capítulo seis dice: De él salía una fuerza, una fuerza de él salía, Él irradiaba, Él irradiaba una fuerza que sanaba a todos. Ese es Jesús. Y cada uno de nosotros también irradia. Nosotros vamos enviando un mensaje, pero también nosotros somos como radios receptores. Hay personas que tienen el oído muy atento y el corazón muy atento, y esas personas reciben el mensaje de Dios. Por ejemplo, en la Biblia encontramos los profetas. Los profetas tenían muy buenas antenas. Los profetas recibían muy claramente la voluntad de Dios. Ellos estaban sintonizados con Dios. Ellos recibían muy bien el mensaje. Jesús quiere que nosotros seamos buenos para recibir el mensaje, porque Jesús dice: que nosotros debemos entender los signos de los tiempos. Es decir, que debemos tener la capacidad de recibir el mensaje.

Ustedes se estarán preguntando ¿por qué yo estoy hablando de emisoras y estoy hablando de radios? estoy hablando de radios y estoy hablando de emisoras, porque estoy hablando de la Virgen María. La Virgen María hoy nos ha regalado su cántico, el cántico de María, que a veces lo nombramos con la palabra con que empieza en latín Magníficas. Magnificat Anima Dominum. Engrandece mi alma al Señor, dice María. ¿Y qué tiene que ver María con esto de las emisoras y de los radios? María tiene que ver porque el corazón de María no tiene pecado. El corazón de María está limpio.

Entonces María es una emisora que no tiene ruido. María es una emisora que muestra claramente el amor de Dios. El poder de Dios. Y por eso el cántico de la Virgen María, que nosotros lo repetimos en la liturgia de las Horas, todas las tardes en las Vísperas. El cántico de María nos enseña a sintonizarnos con un corazón que no tiene ruido. El corazón de María no tiene ruido. Nuestros corazones a veces tienen mucho ruido porque queremos servir a Dios, pero también tenemos nuestros pecados pereza, mentira, mediocridad, envidia. El pecado. ¿Sabes lo que es el pecado? El pecado es el ruido. El pecado es el ruido que no deja que se escuche con claridad la canción de Dios en tu alma. El pecado es el ruido que no deja que se oiga la canción de Dios irradiada por tu alma.

Y por eso María Santísima, la Inmaculada, María Santísima la más pura, la más bella. Ella irradia sin ruido y por eso el que sigue a María no se extravía. El que sigue a María no se pierde. El que sigue a María no tiene equivocación, porque el que sigue a María no tiene ruido. María muestra claramente dónde está la gloria de Dios. Dónde está el amor de Dios. Dónde está el poder de Dios. Dónde está la voluntad de Dios. Nosotros, hermanas queridas, nosotros estamos invitados. Nosotros somos invitados a ser almas sin ruido. Y hay un lugar en el mundo que se llama un monasterio. Y en los monasterios hay que cuidar mucho el silencio. El silencio exterior y el silencio interior. ¿Y qué es el silencio? El silencio es la victoria sobre el ruido. Nosotros cuidamos el silencio porque queremos ser corazones sin ruido, corazones donde la voluntad de Dios se recibe, corazones donde la voluntad de Dios se muestra como un radio que recibe la señal de Dios fielmente y la transmite también fielmente.

Es muy hermosa la vocación monástica. Es muy hermosa la vocación contemplativa, porque un alma contemplativa es un alma mariana y es un alma virginal. El alma contemplativa quiere seguir el camino de María. Quiere vencer al ruido, porque hay muchas cosas que hacen ruido, no solamente el ruido del mundo, también uno lleva mucho ruido por dentro. Cuando nuestro corazón no está en paz con Dios, cuando nuestro corazón no está unido, pegado a Dios, entra el ruido. Ahí es donde entra el ruido.

Yo me acuerdo que mi abuelo tenía un automóvil, un carro, un carro viejo y a veces la puerta no cerraba bien, no ajustaba. Cuando el carro se movía, la puerta hacía ruido porque no estaba ajustada. Así le pasa también al cristiano. El cristiano que tiene la vida ajustada al corazón de Jesús, tiene la vida ajustada a la Palabra de Dios. Tiene la vida ajustada al camino de María. El cristiano que está ajustado no hace ruido y no le molesta el ruido porque está ajustado. El pecado nos desajusta y cuando el pecado nos desajusta, hacemos ruido, y cuando el pecado nos desajusta, no entendemos la Palabra de Dios. Había veces que yo estaba en el carro viejo de mi abuelo y en el carro viejo de mi abuelo cuando hacía mucho ruido, casi no se podía hablar porque no se entendía. Yo te pregunto si tú eres un alma de silencio, yo te pregunto si tú eres un alma de silencio o un alma de ruido. Yo te pregunto si el silencio ya tuvo victoria en tu corazón. Cuando el silencio vence en un corazón contemplativo. Es un corazón como el de María. Es un corazón que acoge la Palabra de Dios. Es un corazón que recibe el amor de Dios. Pero lo más hermoso es que es un corazón que irradia, irradia esa paz, irradia esa luz, casi no tiene que hablar, no necesita muchas palabras. Su manera de ser, la dulzura y la mansedumbre de su alma muestran que está ajustado al querer de Dios.

Así, por ejemplo, la Biblia nos presenta especialmente en estos días de Adviento. Nos presenta a San José otra alma de silencio. ¿Cómo será el silencio de San José que en la Biblia no hay una sola palabra, ni una sola que él haya dicho? Pero en medio de su silencio, San José nos enseña porque San José, lo mismo que María Santísima, era un alma de silencio, un alma sin ruido. Un alma que nos mostraba cómo se recibe la voluntad de Dios y cómo se vive.

Sigamos nuestra Eucaristía, sigamos esta celebración y pidámosle al Señor que nos dé el regalo del silencio. Si va a nacer la Palabra, qué es lo que estamos esperando en Adviento. Si van a hacer la Palabra, nosotros tenemos que ser silencio para que en el silencio de nuestra alma la palabra de algún modo se pueda encarnar. Así como se encarnó en las entrañas purísimas de la Virgen María, tan bella, tan pura, tan dócil a Dios. Y por eso, instrumento precioso donde podemos oír sin ruido el querer de Dios y la belleza misma de Dios. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM