Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El plan de Dios para la mujer es que esté abierta a Él, al amor, a la vida, a la fecundidad, a la santidad; que esté llena de gratitud, de gozo, de docilidad al Espíritu, consciente de lo que pasa en el mundo.

Homilía v22d016a, predicada en 20201222, con 5 min. y 54 seg.

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Transcripción:

Cuando yo era niño estudié en un colegio de religiosos, precisamente los de mi comunidad, los dominicos. Desde el segundo año de la escuela elemental hasta terminar mi secundaria, estuve en el colegio Santo Tomás de Aquino, colegio de religiosos, y también era muy frecuente, sigue siéndolo, era muy frecuente en aquella época que las niñas, por ejemplo, mis primas, estudiaran en colegios de religiosas.

Para mí, en mi niñez y en mi adolescencia, era apenas natural que a todos se nos propusiera como camino de vida cristiana lo que enseña Jesús. Y para las mujeres en particular, estaba siempre esa referencia de María como ejemplo a seguir. María como ejemplo de mujer.

Lo comento, por supuesto, por el Evangelio que tenemos el día de hoy, en el que María explaya, abre su corazón, expande su corazón. En ese cántico precioso que solemos nombrar por su primera palabra en latín: Magníficat, es absolutamente bello cómo María muestra toda la belleza de su corazón, como que deja salir todo el perfume que está en su alma purísima.

Y ese, fue durante mucho tiempo el punto de referencia, el modelo a seguir para muchísimas jovencitas. Por supuesto que todos podemos y debemos aprender de María, pero yo quiero referirme hoy en particular a la situación de la mujer, porque el libro del Génesis nos dice que el demonio atacó en primer lugar a la mujer.

Y esto tiene que hacernos reflexionar, es decir, cómo para el demonio es tan importante destruir a la mujer en la que están las fuentes de la vida. Nadie tiene tanto poder sobre la vida como la mujer.

De muchas maneras, la mujer es ministra de la vida. Lo hemos dicho muchas veces: la mujer tiene la fecundidad no solo en su vientre, en su corazón, en su cuerpo. Tiene la fecundidad en su mente, tiene la fecundidad en su alma, es cuidadora de la vida, es fecunda por naturaleza y es capaz de dar vida. En muchos lugares donde parece que la esperanza está completamente muerta.

Estoy llamando, pues, a la reflexión sobre lo que está sucediendo, especialmente con nuestras niñas y jóvenes, porque veo que la serpiente se ha vuelto con odio, con agilidad y con astucia. Se ha lanzado y ha mordido en la carne de muchísimas de nuestras niñas y jóvenes. Muchísimas.

Alguien dirá que yo estoy contando esto desde una perspectiva sexista y desde una perspectiva machista, y que yo no entiendo a la mujer. Pero yo miro lo que están haciendo con las mujeres y veo sobre todo dos modelos de mujer.

La mujer liberada en el sentido de la voluptuosidad, del libertinaje, del acumular dinero, del vivir para sí misma. La mujer super sensual, la mujer centrada únicamente en sus metas, que en el fondo está perdiendo ese rasgo tan propio, tan bello suyo, ese rasgo de dar vida.

Cuando el mundo logra retorcer el corazón de la mujer para que se vuelva sobre sí misma y quede encapsulada en sí misma, logró mutilarle el regalo más precioso que le dio Dios, el regalo de ser fecunda. Repito, de tantas maneras, incluyendo, por supuesto, la fecundidad biológica, la fecundidad física.

Luego tienes al otro tipo de mujer: la mujer arrogante, violenta, la mujer agresiva, blasfema, sacrílega, de sonrisa satánica, de mirada muerta. La mujer del feminismo radical.

O sea, que ya se trate de la mujer del consumismo o ya se trate de la mujer del feminismo radical, tú te das cuenta que la serpiente sigue queriendo destruir a la mujer.

Y es bello pensar que el cántico de María nos da las claves precisas del plan de Dios, no solo para María, el plan de Dios para la mujer.

Una mujer llena de gratitud hacia el Señor, llena de gozo en su alma, llena de docilidad a la acción del Espíritu, consciente de lo que pasa en el mundo, como María, que habla de los poderosos y de los débiles, y de la fidelidad de Dios, y hace toda una teología de la historia en unos pocos versículos.

No, no es una mujer encerrada en su pequeño mundo. Es una mujer abierta a Dios, abierta al amor, abierta a la vida, abierta a la fecundidad, abierta a la santidad.

María Santísima intercede por todos nosotros, pero muy especialmente intercede por la mujer. Amén.

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