Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios nunca se olvidó ni se apartó de ti, tú creías que Él estaba lejos, que se había apartado pero Él siempre estuvo contigo, su misericordia y su poder nunca se apartaron de ti.

Homilía v22d015a, predicada en 20181222, con 6 min. y 9 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy nos presenta uno de los poemas, uno de los cánticos más bellos de toda la historia de la humanidad. Este cántico precioso, obra del Espíritu Santo, está asociado al corazón y a los labios jubilosos de la Santísima Virgen, la Madre de Jesucristo. Suele recordarse este cántico por su primera palabra en latín: Magnificat. El texto latino empieza diciendo: Magnificat anima mea Dominum, engrandece, proclama mi alma la grandeza del Señor.

Necesitaríamos tanto tiempo para meditar apropiadamente todo lo que contiene este cántico, y por eso creo que lo mejor que podemos hacer en este momento es detenernos en alguno de los muchos detalles, una de las muchas perlas que tiene esta obra preciosa de Dios, porque es el cántico de María, pero es la obra de Dios.

Quisiera detenerme en una expresión que puede parecer extraña. Puede sonar un poco extraña a nuestros oídos. Esa expresión es que Dios se acordó de su misericordia.

Utilizando un lenguaje un poquito irrespetuoso, podríamos preguntarnos: ¿Y es que a Dios se le olvidan cosas?

Por supuesto que esta expresión, que Dios se acordó de su misericordia, debemos tomarla en el mismo tono, en la misma dimensión de tantas otras expresiones de la Biblia que, con un tono, con un ángulo completamente antropológico, describen algo del misterio de Dios.

Como bien enseña Santo Tomás de Aquino, a nosotros los seres humanos nos cuesta mucho hablar de algo que no conocemos y de lo que no tenemos experiencia. Por eso, incluso para hablar de Dios, lo asociamos con aquellas experiencias y, por lo tanto, aquellos sentimientos que nosotros tenemos.

Por eso se habla de un Dios que se enoja, de un Dios que se apacigua, de un Dios que se compadece, de un Dios que se alegra. Todas estas expresiones parece que hicieran a Dios semejante a las reacciones que nosotros tenemos. Pero Dios claramente no está sujeto ni al tiempo ni a las variaciones que el tiempo implica.

Somos nosotros, seres humanos, los que estamos sometidos a esa realidad tan profunda, tan densa que es el tiempo, y por eso tenemos momentos de alegría, momentos de tristeza, momentos de desolación, momentos de decepción, momentos de frustración, momentos de enojo, momentos de olvido, momentos de recuerdo.

Pero como no podemos penetrar de un modo inmediato en la eternidad de Dios, entonces nuestro lenguaje queda coloreado por las experiencias que nosotros tenemos, aunque sabemos que ese lenguaje se queda infinitamente corto.

Esa es como una explicación general, pero ahora viene lo más bello.

Cuando una persona está sufriendo, se siente abandonada. Y cuando una persona está sufriendo mucho y fácilmente se siente así, abandonada, también siente: se olvidaron de mí.

Piensa en cuántas experiencias de sufrimiento humano están conectadas con esto del abandono. Por ejemplo, una persona siente: "Desde que yo estoy en esta larga convalecencia, desde que me dio este cáncer, desde que estoy en la recuperación lenta de esta operación, como que ni los amigos ni casi mis mismos parientes aparecen, como que todos se olvidaron de mí".

Es decir, que la palabra olvido no tiene aquí un carácter intelectual, sino más bien describe una situación existencial. El olvido del que aquí se habla no es, por ejemplo, que los hijos que alguien tuvo ya no saben quién es su papá. Y sin embargo, ese papá dice: «Mis hijos se olvidaron de mí».

No está hablando en un plano intelectual, está hablando en un plano existencial. Está expresando con esas palabras el abandono que siente.

Entonces, cuando una persona está sufriendo mucho y clama a Dios, seguramente siente que Dios lo ha abandonado, que Dios se ha olvidado de mí.

Y me digo: ¡Qué pena la mía!, dice un salmo. Me digo: ¡Qué pena la mía! El Altísimo se ha olvidado, se ha olvidado de su pueblo.

Entonces, ¿qué significa, desde esa perspectiva, esto que dice la Virgen: «Se acordó de su misericordia»?

En realidad, lo que está proclamando es: Dios nunca se olvidó de ti. Dios nunca se apartó de ti. Tú creías que Él estaba muy lejos. Tú creías que Él se había apartado. Pero date cuenta que así como tú decías que se había olvidado de ti, pues ahora tendrás que decir que se acuerda de ti, porque está muy cerca, porque en realidad su misericordia, porque su compasión, porque su poder nunca se apartaron de ti.

Fíjate qué hermoso.

Cuando hablamos entonces de que Dios se acordó de su misericordia, no estamos diciendo que es que en su cabeza Dios no se acordaba, sino estamos diciendo: esa experiencia que tú tuviste de abandono no es una experiencia justa, porque Dios nunca se apartó de ti.

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