
Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Recordar las maravillas del Señor; ver las obras que está haciendo en nuestro tiempo; experimentar su presencia y su bendición en la propia vida; proclamar su grandeza y su bondad.
Homilía v22d014a, predicada en 20171222, con 5 min. y 33 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, el Evangelio que acabamos de escuchar es el cántico de la Santísima Virgen María. Muchas veces lo nombramos por la primera palabra que tiene en la lengua latina. En latín, este cántico empieza diciendo: Magnificat anima mea Dominum. Y por eso a este cántico de la Virgen a veces se le llama el Magnificat. La liturgia de las horas, la oración oficial de la Iglesia, tiene un título especial para este cántico. Lo llama la alegría del alma en Dios. Podemos decir que ese título es un mensaje bonito porque nos invita a participar de la alegría de la Virgen, pero también nos da un modelo de alegría cristiana, un modelo para nuestra alegría y un modelo para nuestra alabanza. Cuatro verbos son importantes en esta alabanza de la Virgen. Ella recuerda las maravillas que Dios ya ha hecho. Ella ve lo que Dios está haciendo en el mundo, en el hoy de su historia. Ella experimenta el poder transformante, la fuerza de la bendición de Dios. Y finalmente, como un fruto de todo esto, ella proclama. Entonces, los cuatro verbos que nos interesan son esos. Ella recuerda, ve, experimenta y proclama. Esos mismos cuatro verbos los podemos aplicar nosotros para que también nosotros tengamos la alegría de Dios en nuestra vida. ¿Cómo se aplican? Recordar lo que Dios ha hecho, el camino que ha recorrido con cada uno de nosotros. Luego, ver lo que Dios está haciendo. Los medios de comunicación suelen contarnos solo las noticias negativas, pero hoy por la tarde precisamente hablaba con un compañero aquí en el convento sobre los nuevos movimientos eclesiales, cosas que Dios está haciendo ahora mismo. Los Equipos de Nuestra Señora, los Cursillos de Cristiandad, el Camino Neocatecumenal, la Renovación Carismática, los retiros de Emaús. Hay gente todas las semanas. Hay gente que se está convirtiendo todas las semanas, todos los fines de semana hay retiros en alguna parte. Uno puede pensar que la gente se olvidó de Dios, pero con ser tan grande Bogotá, yo les puedo contar lo que me ha pasado. Yo he sido invitado a predicar retiros de muchos grupos y en algunas ocasiones me cuentan lo difícil que es encontrar un sitio que tenga cupo. Todo está lleno. Claro, para una ciudad de tantos millones de habitantes, uno siempre quisiera un mayor impacto de la fe. Pero, por favor, no cerremos los ojos a las señales del actuar divino. Entonces, uno recuerda el camino que Dios ha recorrido con uno. Uno ve lo que Dios está haciendo. Uno tiene que experimentar. Este es el tercer verbo. Esa experiencia es la que nos da sobre todo el Espíritu Santo, la acción del Espíritu en nosotros. Hay que clamar al Espíritu para que nosotros tengamos una experiencia siempre renovada de su amor. Y luego es necesario proclamar, es necesario evangelizar. Esa enseñanza hermosa nos da la Santísima Virgen en este día. Lo repito por última vez. Si quieres caminar en la alegría, la de Dios, hay esos cuatro verbos. Recuerda lo que ya ha hecho por ti. Abre tus ojos a las maravillas que está haciendo ahora. Pide al Espíritu que puedas experimentar su acción, su bendición. Y luego no te tapes la boca. Hay que contar. Hay que proclamar las maravillas del Señor.

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