Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Mujer, tu plenitud está en dar vida la cual se da en tu apertura a la gracia divina, a tu fe que crece y madura, y a tu fecundidad que le da santos al cielo.

Homilía v22d011a, predicada en 20151222, con 4 min. y 22 seg.

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Transcripción:

Las lecturas del día de hoy nos presentan el júbilo de dos mujeres en momentos muy distintos de la historia del pueblo de Dios. Por una parte, tenemos a la mamá del profeta Samuel, una mujer llamada Ana, llena de gozo, porque Dios ha vencido la esterilidad de su cuerpo. Ana estalla en alabanza, se regocija en Dios. Esto sucede en el capítulo primero del primer libro de Samuel.

El Evangelio, por su parte, tomado del capítulo primero del Evangelio según San Lucas, nos presenta la alegría de la Madre de nuestro Señor Jesucristo, la alegría de María, la alegría del alma en Dios. Dos mujeres que cantan el gozo de la fecundidad. Dos mujeres que celebran el regalo de la maternidad, el regalo de dar vida.

Un primer mensaje, por supuesto, es darnos cuenta de que la plenitud humana, y en particular la plenitud femenina, está siempre en dar vida. En el caso de Ana y en el caso de María, esa vida es un bebé. Pero, por supuesto, la capacidad de la mujer para dar vida no se agota solamente en esa experiencia y en ese camino. Estoy pensando en tantas religiosas ejemplares, tantas mujeres de Dios que, a través de obras educativas, misioneras, hospitalarias, obras en parroquias, obras entre los más necesitados, son verdaderos manantiales de vida.

Primer mensaje de hoy: encontrarás tu plenitud y, sobre todo, en el caso de la mujer, encontrarás la plenitud de tu ser femenino dando vida.

Este mensaje viene en gran contraste con lo que muchas veces el mundo nos propone hoy, porque a veces parece que el mensaje del mundo, particularmente para la mujer, es: enciérrate en ti misma, disfruta tu cuerpo al máximo. Tú te lo mereces. Lo mejor de las joyas, lo mejor de los paseos, lo mejor de las compras, lo mejor de los perfumes para ti, para ti y solo para ti.

Ese afán del mundo de encerrar a la mujer es también el afán de esterilizar a la mujer. Por eso necesitamos del solemne testimonio de una Ana que, cuando ve a Dios venciendo la esterilidad, canta con júbilo la victoria del Señor. Y necesitamos, sobre todo, del gozo santo de María para entender que ver la victoria de Dios y ver la fecundidad de Dios en la propia historia, en la propia vida, es un júbilo incomparable.

Pidamos entonces al Señor y esta será nuestra conclusión hoy. Pidamos que, más allá de las pretensiones egoístas y manipuladoras, que muchas veces terminan haciendo a la mujer amargada y estéril, sea el testimonio de estas otras mujeres santas y sea sobre todo la acción del Espíritu de Dios la que convenza a nuestras niñas y jóvenes en donde está su perfecta alegría.

Y el camino no es otro; está ahí, en la apertura de la gracia divina, en la fe que crece y madura y en la fecundidad que le da santos al cielo.

Bendita Ana y, sobre todo, bendita María, la bendita entre todas las mujeres.

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