Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El cántico de María es expresión de amor, de fe y de entrada en la batalla.

Homilía v22d007a, predicada en 20111222, con 4 min. y 30 seg.

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Transcripción:

Cerca de la casa de mis padres queda la Escuela Militar de Colombia. Ahí se forman oficiales para el Ejército Nacional.

Recuerdo alguna vez que, caminando por descanso cerca de mi casa, escuchaba una especie de canto. Para mí, la experiencia, siendo un niño, es que el canto es una señal de amor. Por ejemplo, en una serenata. O el canto es una señal de fe. Por ejemplo, en la iglesia.

Pero lo que estaban cantando aquellos reclutas no era un canto de amor, ni era tampoco un canto de fe. O tal vez sí era un canto de fe, pero de otra clase de fe. Es algo que ha sido popular desde hace muchos siglos, pero que yo no conocía.

A los soldados se les invita a marchar cantando. El canto le sirve para conservar el ritmo de su marcha, para levantar su espíritu y para aprender a obrar con un solo corazón, con un solo impulso, con una sola fuerza. En ese sentido, el canto puede ser bastante importante.

Iban marchando estos hombres; iban también cantando. Y recuerdo esa escena por el pasaje que nos encontramos en el Evangelio de hoy. Es el cántico de María. Ese cántico suele recordarse por su primera palabra en la lengua latina, es decir, Magníficat. Esa palabra significa engrandece o proclama la grandeza. Porque ese es el cántico de María: una proclamación de la grandeza de Dios.

Pero, si recordamos lo dicho al principio, un canto es una expresión de amor, y un canto es también una expresión de fe y un canto, según vemos por el ejemplo de aquellos militares, es también una expresión de batalla, pues estos tres elementos los podemos encontrar muy claramente en el cántico de la Virgen.

Es un canto de amor agradecido. Esta mujer, la Santa Virgen, reconoce lo que ha recibido y, movida por la gratitud, proclama la bondad de Dios. Reconoce esa bondad. Ella alza su voz porque necesita decirle a Isabel, que allí se encuentra. Pero, en realidad, necesita decirle al mundo entero que Dios es bueno, que vale la pena estar con él, que no será defraudado el que pone su esperanza en el Señor.

Por eso es un canto de amor, pero también es un canto de fe. Fe que significa, en este caso, ante todo, el saber apoyarse en Dios, que es el sentido original de la fe. En la lengua hebrea, la fe es el poder apoyarse; es el poder confiar, es el saber en quién se fundamenta uno. Pues María sabe de quién se ha fiado. San Pablo dijo alguna vez: «Sé de quién me he fiado y que es capaz de conservar hasta el final lo que ha dado». Pues lo mismo y mucho más podría decir María. Ella conoce no solamente lo que ha recibido y por eso tiene amor, sino que conoce de quién lo ha recibido y por eso tiene fe.

Pero atención, su canto es también un canto de batalla. El mundo es lugar de batalla, lugar de batalla entre el bien y el mal, entre el pecado y la santidad. Y por eso necesitamos, como aquellos militares, por eso necesitamos, como María, tener un canto que proclame, un canto que celebre, que nuestro Dios es nuestro general, que Él va delante de nosotros y que en Él es imposible la derrota. En él somos más que vencedores.

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