Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Estar en necesidad abre una puerta en el corazón para recibir a Dios.

Homilía v22d004a, predicada en 20041222, con 14 min. y 27 seg.

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Transcripción:

El texto que hemos utilizado como salmo de respuesta no está en el libro de los Salmos, sino que está en el primer libro de Samuel. Es el cántico de Ana en el Evangelio, por otra parte, hemos escuchado el cántico de la Santísima Virgen María. Es un día de cánticos, un día de alabanzas.

Y estos dos textos, el de Ana y el de María, son bastante parecidos. Se pueden poner realmente en paralelo. En ambos hay expresiones de júbilo. En ambos se proclama que Dios es el Salvador. Y hay algo muy interesante: en ambos se muestra cómo al que parecía irle muy bien termina yéndole mal, y al que parecía irle muy mal, termina yéndole bien.

En el caso del cántico de Ana, hay expresiones como estas: «Se rompen los arcos de los valientes». «La madre de muchos queda baldía». «Los que estaban repletos, los que estaban hartos, se contratan por el pan», donde se ve que a los que parecía irles bien termina yéndoles mal. Lo mismo en el caso del cántico de la Virgen: «Derriba del trono a los poderosos», «a los ricos los despide vacíos». Estas expresiones también indican que gente a la que parecía irle muy bien termina yéndole mal.

Pero ¿cuál será el sentido profundo de esto? ¿Quiere decir que es malo, por ejemplo, ser valiente? ¿O es malo sentirse satisfecho, o es malo ser la madre de muchos, o es malo ser de los poderosos, o es malo ser de los ricos? ¿Qué nos quiere decir este cántico? ¿Qué nos quieren decir estos cánticos?

En realidad, el sentido va más por el lado de cómo Dios cambia la historia. La palabra salvación alude a eso. Dios cambia la historia. Dios cambia el destino que parecía inevitable de unas personas que, en el cántico de Ana, son quienes: los que antes eran cobardes, los que antes eran hambrientos, los que antes eran estériles. Dios cambia el destino de las personas.

Eso también aparece en el cántico de la Virgen. Los que antes eran los humildes, los que antes eran los hambrientos. Dios cambia ese destino de esas personas. Y entonces ya podemos relacionar estos cánticos con las Aventuranzas y con las malaventuranzas que aparecen en el Evangelio, especialmente en el caso de Lucas.

Lucas, como recordamos, no solamente proclama las bienaventuranzas, sino también las malaventuranzas. Dice: «Bienaventurados los pobres». Pero dice: «Ay de vosotros los ricos». Dice: «Bienaventurados los que lloran». Y también dice: «Ay de vosotros los que ahora reís». Esto indica que las bienaventuranzas del Evangelio, el cántico de la Santísima Virgen María y el cántico de Ana en el Antiguo Testamento, todos nos están enseñando como más o menos lo mismo, nos están indicando lo mismo.

¿Cuál sería la enseñanza que podemos sacar de ahí? Pues el resumen es que es bueno estar en necesidad, que el que está en necesidad percibe más prontamente el paso de Dios, el amor de Dios, la salvación de Dios. Es como el primer punto al que podemos llegar el día de hoy.

¿Qué nos quieren enseñar el cántico de Ana, el cántico de la Virgen y las bienaventuranzas de Jesús? Nos quieren enseñar que la persona que está en necesidad es la persona que primero, es la persona que mejor y es la persona que más profundamente va a experimentar el poder de Dios, la intervención de Dios, la salvación y el amor de Dios.

Por eso es bueno estar en necesidad, porque el que está en necesidad tiene una puerta abierta en su corazón para recibir alimento, valor, rescate, consuelo, justicia, que son más o menos las expresiones que aparecen en estos dos cánticos que hemos oído hoy y también en las bienaventuranzas del Señor Jesús.

Una vez que queda claro cuál es el bien de estar en necesidad, también queda claro cuál es el peligro de no estar en necesidad. Si es bueno estar en necesidad, porque eso me abre el corazón para recibir salvación, entonces comprendo que hay un peligro cuando no estoy en necesidad. El corazón se me puede cerrar.

Efectivamente, el que se siente valiente puede fiarse demasiado de su arco. El que se siente satisfecho puede fiarse demasiado de su despensa. La que se siente rodeada de hijos puede fiarse demasiado del amor que ya tiene. El que se siente poderoso puede fiarse demasiado de su trono; el que se siente rico puede fiarse demasiado de sus tesoros.

Entonces entendemos cómo el que está en necesidad tiene una puerta abierta. Y desde esa, desde ese boquete, desde esa grieta, desde esa abertura de su corazón, puede recibir la visita de Dios. Por otra parte, el que no tiene esa necesidad porque se siente muy valiente, muy rodeado de amor, muy rico, muy poderoso, fácilmente cierra el corazón.

Entonces relacionamos este texto con otros pasajes del Evangelio. Por ejemplo, comparemos el caso de Mateo y el caso del joven rico. Mateo tenía riquezas, es cierto, pero la condición espiritual y moral de Mateo era desastrosa. Realmente era un miserable. La manera como se había hecho rico a través del cobro de impuestos: y sabíamos cómo era ese cobro de impuestos en aquella época, la manera como se había hecho rico, pues lo había convertido en un miserable. Y él, aunque tuviera esos bienes, en el fondo tenía el corazón roto y tenía un boquete, una abertura. Eso es lo importante: tener un boquete, tener una grieta por donde pueda entrar Jesús. Cuando Jesús le dice: «Sígueme», entonces él se levantó y lo siguió.

El problema del joven rico, en cambio, según lo dice el mismo Evangelio, es que tenía muchos bienes, estaba encarcelado por su seguridad, estaba encarcelado por su bienestar, estaba encarcelado por sus bienes, no podía así tener un hueco, tener una puerta, una grieta por la cual le entrara la salvación.

Esto quiere decir que habrá muchas sorpresas en el cielo. Personas que no nos imaginamos estarán no sabemos en qué lugares, y personas que considerábamos muy virtuosas, de pronto nosotros mismos, que a veces se nos puede entrar el orgullo, quién sabe qué será de nosotros.

De manera que la enseñanza es: es bueno sentir necesidad, es bueno experimentar necesidad, porque eso me abre una puerta para recibir salvación, para recibir amor de Dios.

Es tan importante esto de experimentar necesidad que Dios mismo a veces nos pone en situación de necesidad. Aquí podemos dar unos dos o tres ejemplos. ¿Qué es la tentación? Dios no quiere que pequemos, pero sí quiere que seamos tentados. La tentación sirve para que nosotros reconozcamos nuestra necesidad. A través de la tentación descubrimos que somos frágiles. Descubrimos que podríamos caer. Lo necesario no es que uno caiga. Lo necesario es que uno descubra que podría caer. Dios no quiere que caigamos, pero sí quiere que descubramos que podemos caer. La tentación es un recurso de la Providencia divina para que nosotros reconozcamos nuestra necesidad. Ese es un ejemplo.

Otro ejemplo viene a partir de lo que vemos en las vidas de los santos. La querida amiga de Siena, la que cito con frecuencia porque me ha hecho muchísimo bien, tuvo una familia llena de problemas de todo género y se le murieron muchos hermanos, y los que no se morían se enfermaban, y los que no se enfermaban estaban en ruina, y eso era un desastre. Pero a través de esas necesidades, necesidades materiales o problemas de salud, también ahí muchas veces nos abrimos a Dios.

Muchos de nosotros hemos llegado a Dios a través de necesidades. Un problema que hubo en la casa. Una crisis económica, una enfermedad, la traición de un amigo, novio, novia. Eso demuestra que esa necesidad es real como camino hacia Dios.

Pero además está el hecho mismo de la presencia de las personas necesitadas. Es muy interesante ver cómo sucede a menudo que en las familias Dios escoge a una persona en problemas para que se vuelva un instrumento para que la familia llegue a Dios. A veces la misma persona no llega, o tarda en llegar, o se retrasa o no sabemos si llega, pero se convierte en un instrumento. El problema de una persona se convierte en un instrumento para que la familia llegue a Dios.

Y lo mismo en la sociedad. Lo mismo sucede en la sociedad a través de las necesidades de los pobres. Dios continuamente está renovando, renovando a su pueblo. De ahí la importancia de las obras de misericordia y de los hogares o lugares donde se practica la misericordia. Cristo se hace especialmente sensible, especialmente tangible, visible allí donde hay pobreza, allí donde hay enfermedad, vejez, soledad, etcétera.

Entonces vemos que esta palabra tiene muchísimo que ver con nosotros. Vemos el riesgo en el que podemos estar cuando nos sentimos muy seguros o satisfechos, y vemos también la bendición que es la necesidad.

Una última palabra sobre esto es el hecho de la penitencia. La penitencia voluntaria. Hacer penitencia es ponerse en necesidad. Hablábamos sobre el ayuno el día de ayer y decíamos que el verdadero ayuno supone no la abstención de un pecado ni la abstención de un gusto, sino es ponerme en situación de necesidad comiendo cosas que de alguna manera tienen una fuerza nutritiva menor, como es el pescado con respecto a la carne, o disminuyendo la cantidad de lo que como, o de otras maneras nosotros experimentamos necesidad.

Por eso es muy importante que, cuando la vida transcurre con cierta fluidez, como sin muchos problemas, le preguntemos a Dios y preguntemos también a quienes nos pueden guiar, por ejemplo, nuestros superiores en las comunidades religiosas o directores espirituales o confesores, si no, será tiempo de hacer algo de penitencia.

De manera que, si no nos llegan desgracias exteriores ni grandes tentaciones, es tanto el valor de la necesidad que vale la pena salir a buscarla con prudencia, pero salir a buscarla. Y eso es hacer penitencia también.

Además, no olvidemos que el Maestro y Rey y modelo de los penitentes, nuestro Señor Jesucristo, llevó una vida de necesidad. Tanto que el profeta Isaías dijo: «Varón de dolores, acostumbrado a sufrimientos». La vida de Jesús fue una vida de necesidad. Desde las carencias del pesebre hasta el despojo de la cruz. Jesús es el gran necesitado, y por eso es el lenguaje que mejor comunica desde Dios, que mejor empata desde Dios con nuestras propias miserias y necesidades.

Que Dios nuestro Señor complete su obra en nosotros. Que nos ayude a descubrir todo lo que esto significa y que nos permita reconocer la visita. Porque humanamente, según nuestra naturaleza, rechazamos esos momentos de dificultad o de necesidad. Con la ayuda del Espíritu reconoceremos que son bendiciones, que son visitas de Dios, y eso hará que estemos mucho más unidos al corazón de Cristo y al plan de Dios para nuestra vida.

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