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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Piensa en todo lo que Dios ha hecho por ti, la paciencia que ha tenido contigo. Todos hemos amado tardíamente al Señor y es de admirar su paciencia y es de lamentar nuestra tardanza.
Homilía v21d020a, predicada en 20211221, con 4 min. y 34 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del libro del Cantar de los Cantares. Este es un libro muy singular de la Biblia, por dos motivos por lo menos. Primero, porque aunque es un libro que describe con tanta hermosura la relación entre Dios y su criatura, es decir, nosotros los seres humanos, no menciona a Dios. Es un libro de la Biblia que no nombra a Dios en ningún momento. Esto lo hace singular. En cambio, los que aparecen en el Cantar de los Cantares son básicamente dos protagonistas, un hombre y una mujer, el amado y la amada, o el novio y la novia. Y sin embargo, aunque no se nombra a Dios, la tradición ya desde el judaísmo, ha visto en este libro una imagen del amor que Dios le tiene a su pueblo y una imagen también del amor que Dios tiene por cada uno de nosotros. Nuestro Dios es un Dios que ama. Y si hubiera que poner un título a esta pequeña reflexión, la podríamos llamar un Dios enamorado. Lo que hace un enamorado queriendo conquistar a aquella mujer que le gusta, que le atrae. Eso es lo que hace Dios con nosotros.
Y por eso este libro resulta una preciosa descripción de las obras de la paciencia divina, de las obras de la generosidad divina. Incluso podríamos decir de la audacia divina. En efecto, cuando un hombre está enamorado corre riesgos. De hecho, el solo declarar su amor, es ya un riesgo. Y es un riesgo porque puede pasar cualquier cosa. Es posible que ella lo acepte o es posible que no. Y de hecho, así hemos sido también nosotros con Dios. A veces le hemos aceptado su amor. ¿Pero cuántas veces? Y es aquí donde entra tristemente el pecado. Le hemos rechazado su oferta de amor. Así que amar es correr riesgos. Y Dios ha corrido grandes riesgos. Dios lo ha arriesgado todo.
En la primera lectura aparece el amado haciendo todo un camino para llegar finalmente a la casa de su amada. Y así como ella se regocija al ver que llega el amado, así también nosotros como Iglesia somos invitados a regocijarnos, porque llega el amado, porque llega el Cristo, porque llega el amor de nuestras almas. Qué camino ha tenido que recorrer el Señor para llegar hasta nosotros. Pero no nos quedemos en la descripción general. Cada uno, ha de buscar en su propia historia, ese recorrido del Amado. Te invito a que en este momento cierres tus ojos. Cierra tus ojos un instante y piensa todo lo que Dios ha hecho por ti. Piensa la paciencia que ha tenido contigo. Dime una cosa ¿No es verdad que todos podemos repetir aquellas palabras que dijo el gran San Agustín? Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Y efectivamente, nosotros hemos amado tardíamente a Dios. Tardíamente, porque lo hemos hecho esperar. Y es de admirar la paciencia de Él. Y es de lamentar la tardanza nuestra. Que sea este el momento para abrirle la puerta al Señor, para decirle bienvenido. Para decirle al Amado, bienvenido a mi corazón, bienvenido a mi vida, bienvenido a mi casa, bienvenido a mi historia. Te amo Jesús, te amo Señor de mi alma, te amo a ti, que tanto me has amado.

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