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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Piensa en el recorrido que Dios ha hecho para llegar a ti, examínate y mira que el Señor te estaba buscando, te estaba esperando; el encuentro con Él está muy cerca.
Homilía v21d019a, predicada en 20201221, con 5 min. y 6 seg. 
Transcripción:
Las lecturas del día de hoy en la Santa Misa tienen un sabor, tienen un aroma de alegría que nos hace mucho bien. Alegría que proviene del encuentro, que proviene de la visita. Precisamente el texto del Evangelio lo conocemos como la Visitación. La visita de María Santísima que lleva en su seno a Cristo, visita que María realiza a su pariente Isabel. Es algo muy bello. Es un momento de encuentro, un momento de gozo, un momento de alegría. En la misma tónica tenemos la primera lectura, tomada del libro del Cantar de los Cantares. Ahí también se trata de un encuentro, el encuentro entre el amado que ha hecho un largo camino, que ha tenido que atravesar grandes distancias y vencer obstáculos para llegar finalmente a la casa de su amada. Ese encuentro entre el amado y la amada. Es como la expresión misma de lo que vamos a vivir en esta Navidad. Es el Cristo, el Cristo que ha hecho un largo, largo camino, el Ungido del Señor, el Deseado de las Naciones, el Rey de Israel, la Esperanza de todos los pueblos, la Luz que viene de lo alto. Ese es Cristo, Cristo, Cristo, que repito, ha hecho un largo camino.
María tuvo que hacer un camino que no era fácil, sobre todo porque en la descripción de San Lucas, no encontramos nada sobre las condiciones del viaje. Simplemente dice que María se levantó y partió presurosa. Siempre era un recorrido desde Galilea hasta Judea, hasta las montañas de Judea, era un recorrido y aparece como una simple decisión, resolución y ejecución de María Santísima. Una jovencita. Ella hizo ese camino. Hizo ese camino en nombre del amor, en nombre del servicio, pero también y sobre todo en nombre de Dios, llevaba a Cristo en su seno. Cristo hizo el camino con María. Y ese Cristo que está en el vientre de María es el que le da la alegría a Juan, que está en el vientre de Isabel. La alegría. Alegría de encuentro. Alegría de Cristo, que ha recorrido tanto para llegar a nosotros.
¿Cómo podemos aplicar estos bellos textos? ¿Cómo podemos aplicarlos a nuestra vida? Pues pensemos el recorrido que Dios ha hecho para llegar a nosotros. Para mí personalmente, como cristiano, como católico, como sacerdote, pocas cosas son tan emocionantes como escuchar los testimonios de conversión de tantas personas. Y tú te das cuenta que el común denominador, en medio de tantas diferencias, es siempre la gratitud, la admiración de la gente que finalmente termina diciendo Dios me esperó, Dios me esperó, Dios me aguardó, pero también Dios me estaba buscando. Dios me mandaba sus recados de amor, Dios me mandaba sus mensajeros. Dios estaba haciendo el camino. Muchas veces cuando una persona hace un buen examen de lo que es su historia de fe, dice pero si es que Dios me estaba hablando hace años, es que cuando me invitaron a ese grupo de oración al que no quise ir porque me parecía ridículo, ahí me estaba llamando Dios. Pero Él tuvo paciencia y me siguió buscando porque tuvo que recorrer muchos montes y tuvo que pasar por largos inviernos. Y todo lo sufrió por amor a mí. Y sigue haciendo su recorrido, Cristo. Y uno empieza a recordar y dice es que ya desde los consejos que me daba mi madre me estaba buscando Cristo. Y ese día que asistí a la Iglesia y que se estaba predicando de un tema que me golpeó tan fuerte, yo sentí que me sacudía, pero apenas salí de la Iglesia me endurecí nuevamente en mi obstinación. Pero Dios me siguió buscando.
Lo más hermoso, hermanos, lo más hermoso, el día de hoy, en este precioso día de la recta final del Adviento. Lo más hermoso es que cada uno haga este examen y diga Dios me estaba buscando. Dios me estaba esperando. Y el encuentro con Él, encuentro de alegría, está muy cerca. Muy, pero muy cerca.

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