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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Santísima Virgen María nos muestra cómo se vence el pecado: que en lugar de la soberbia vivamos la humildad y en lugar del egoísmo el servicio.
Homilía v21d016a, predicada en 20181221, con 4 min. y 29 seg. 
Transcripción:
Durante estos días inmediatamente anteriores a la gran solemnidad del nacimiento de Cristo, estamos haciendo como una especie de acercamiento. Nos estamos aproximando, como cuando los que toman fotografías o los que filman, hacen un acercamiento. Ese acercamiento permite ver detalles que desde lejos no se podían observar. Ese es el papel principal del acercamiento. Los fotógrafos tienen sus expresiones, por ejemplo, a un acercamiento extremo a veces lo llaman un close up. Es un acercamiento extremo. Pues la Iglesia en estos días, inmediatamente anteriores, está haciendo lo que podemos llamar un close up. Estamos en ese acercamiento extremo porque queremos ver los detalles.
Y uno de los detalles principales del Adviento de la Virgen es el espíritu de servicio. La palabra esperanza la venimos escuchando desde el principio del Adviento, pero nos damos cuenta que la esperanza cristiana no es una esperanza pasiva, un simple dejar que transcurra el tiempo. Ese no fue el embarazo de María. Esa no fue la gestación que ella tuvo. La esperanza vivida por la Virgen es una esperanza activa y esa actividad no es otra cosa sino la aproximación de la victoria de Dios, me explico. El desastre de la humanidad es el pecado. Sobre todo la soberbia y el egoísmo, están irremediablemente unidas esas dos terribles lacras, soberbia y egoísmo.
El soberbio solo pensará en sí mismo. El egoísta termina imponiendo su criterio, su ganancia, su preferencia. Están demasiado unidos esos dos pecados. Pues bien, si esos dos son los graves pecados y los grandes desastres de nuestro corazón, qué bien recordar, qué bueno recordar que el Adviento nuestro, tras las huellas de María, es exactamente lo contrario. En vez de esa soberbia, la humildad. Aquí está la esclava del Señor. Y en vez de ese egoísmo, el servicio. Nos dice el evangelista Lucas, María se puso presurosa en camino. Lo que tanto le gusta al Papa Francisco, Iglesia en salida, Iglesia en servicio.
Entonces, fíjate cómo la esperanza activa es ya una derrota del pecado, es una derrota de aquello que nos derrotó. Es una victoria sobre aquello que clamó victoria en nosotros. Si lo que nos hizo gran daño fue la soberbia y detrás de la soberbia, el egoísmo. La victoria de Dios es que en vez de esa soberbia venga la humildad y en vez de ese egoísmo venga el servicio. Y de ambas cosas es Maestra Bendita, la Santísima Virgen. Por eso va hacia las alturas, por eso va hacia las montañas de Judea y allá se encuentra con su prima, no para ser servida, sino para servir. No para ser aclamada, sino más bien para estar al servicio de quien realmente la necesita. No va a buscar aplausos, va a prestar sus manos, su corazón y su amor en bien de esta pariente suya, que indudablemente tenía dificultades por su edad y por su embarazo. Gracias María, gracias. Gracias Santa Virgen, gracias. Gracias por mostrarnos cómo se vence el pecado.

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