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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La timidez de Isabel y la audacia de María tienen grandes lecciones para darnos.
Homilía v21d011a, predicada en 20131221, con 8 min. y 56 seg. 
Transcripción:
Si eran parientes María e Isabel. ¿Cómo es que la Virgen no sabía del embarazo de Isabel? Ya habían pasado seis meses. El mismo evangelio de Lucas nos explica qué fue lo que sucedió. Dice que Isabel, esposa de Zacarías, concibió y se mantuvo oculta durante cinco meses. Decía: El Señor se ha dignado librarme de esta humillación a la vista de todos. Isabel permaneció oculta durante esos meses. Definitivamente no solo oculta a la vista, sino también oculta en las noticias de familia. Por otra parte, las comunicaciones no eran tan frecuentes ni tan fáciles. ¿Cómo podía saberse las cosas? Pues podían saberse a través de parientes en común o de gente que viajara o cosas parecidas. Por supuesto, ni pensar en estos medios que tenemos ahora. Si la muy querida Isabel hubiera tenido WhatsApp. De inmediato le hubiera puesto un mensaje a María Santísima. No te imaginas la noticia, el notición. Pero Isabel no contaba con esos medios. Su extrema discreción, su ocultamiento. Indica, por una parte, la profundidad del don que ha recibido. Pero también es una especie, digámoslo abiertamente, es una especie de inseguridad. ¿Cómo recibirá Dios? ¿Cómo recibirá la gente? No cómo recibirá Dios. ¿Cómo recibirá la gente esta noticia? Acuérdate que Isabel ya era de edad avanzada y yo a estas alturas embarazada, diría Isabel. Isabel no quiere pasar de la humillación, de la esterilidad a la humillación o a la al ridículo que podría asociarse con un embarazo tan tardío. Isabel se siente insegura, podríamos decir. El ángel. El mismo ángel Gabriel que le ha hablado a Zacarías, le habla a María y discretamente le trae la noticia. Y María capta el mensaje como mujer detallista, como mujer sensible, como mujer compasiva y simplemente como mujer. Ella capta lo que esto significa. No necesita muchas indicaciones y ya sabemos lo que sucede. María se pone en camino para servir a Isabel. Pero por supuesto, cuando María se pone en camino. Hay muchas cosas que no están resueltas. María está embarazada. No se sabe qué va a pasar con José. María está en una cantidad de incertidumbres, es decir, de cosas que no están resueltas. Pero hay algo que sí está resuelto en su corazón. Alguien necesita ayuda. Isabel necesita ayuda. Si Isabel no me ha contado, está tratando de arreglárselas ella sola. Debe estarlo pasando mal. Me parece de tanta ternura ese corazón de María, esa capacidad de anticiparse, esa capacidad de sentir la necesidad del otro. Isabel debe estar en problemas. Si no me ha dicho ni siquiera a mí, si no me ha mandado razón, tiene que estar muy escondida, la debe estar pasando mal y María se pone en camino. El evangelista Lucas nos invita a hacer ese contraste entre esos dos embarazos. El embarazo de una estéril y el embarazo de una virgen, el embarazo de una mujer muy mayor y el embarazo de una jovencita desposada pero todavía no consumado matrimonio con su esposo. El embarazo de Isabel, que suscita desconcierto, timidez y que la lleva a encerrarse. El embarazo de María, que la lleva con audacia a subir a la montaña. Y siempre me llama la atención que Lucas no menciona que nadie acompañará a María. Sin duda la acompañó alguien. Se puso presurosa de camino en la montaña para ir a la búsqueda de Isabel. Ese contraste entre esos dos embarazos está lleno de enseñanzas para nosotros, porque no es otra cosa sino el contraste entre lo que va a ser la vida y el ministerio de Juan y lo que va a ser la vida y el ministerio de Jesús. Juan es el encargado de denunciar el pecado, es el encargado de cercenar, de cortar con el pecado. Podemos decir que Juan es la poda que anticipa una nueva siembra, pero la nueva siembra es Cristo, es Él es la novedad. Él es el comienzo de un nuevo capítulo. Por eso Isabel es mayor. Isabel es tímida con la timidez que da el venir de una historia de pecado. María es abierta, generosa, podríamos decir espontánea en su servicio. Está mostrando la fecundidad, está mostrando la alegría, está mostrando el poder de la gracia. ¡Qué bello día éste para hacer esa comparación entre esos dos embarazos! El embarazo de Isabel, que lleva a timidez porque el ministerio de Juan será el reconocimiento del pecado y el embarazo de María, que lleva a la alegría y al servicio. Porque el Hijo de María es el que trae la gracia. ¿Y nosotros, y nosotros que? nosotros necesitamos de esos dos embarazos. Nosotros necesitamos pasar por la humildad y por el recogimiento. Tenemos que pasar como por el embarazo de Isabel. Tenemos que entrar en nosotros mismos y reconocer que somos un pueblo necesitado de Dios, pero necesitamos después abrirnos a la alegría de la Virgen, abrirnos a la alegría del servicio, abrirnos a la alegría de un amor que supera los obstáculos, que deja que Dios vaya resolviendo las preguntas Cómo se cumple de bien en María Santísima aquello de: Yo me ocuparé de tus cosas y tú ocúpate de las mías. Frase que parece que Dios ha dicho a varios santos Pues así obra María. Ella se ocupa de la tarea que Dios le ha puesto y lo demás, lo de José, lo que diga la gente, lo que pueda pasar conmigo, Dios verá, yo me ocupo de lo de Dios. Que estas dos santas mujeres, Isabel y María, nos inspiren las dos actitudes básicas de estos días finales de Adviento Humildad y verdadero recogimiento. Alegría y espíritu de servicio. Amén.

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