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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El ser interior de María ha sido tomado y transformado por Dios, que ha querido servirnos la salvación; por eso Ella se vuelve servidora amantísima, y mensajera del amor que ha recibido.
Homilía v21d006a, predicada en 20111221, con 4 min. y 5 seg. 
Transcripción:
En alguna ocasión enseñó Jesucristo: de lo que abunda en el corazón habla la boca. Y muchas veces nuestro Señor mostró que primero tiene que cambiar nuestro interior para que también podamos cambiar exteriormente. De hecho, algo que criticó Jesús muchas veces es la actitud de aquellos fariseos que pretendían mostrarse exteriormente como puros y buenos, siendo así que por dentro se recomían de envidia y de toda clase de maldad. Es una ley, es una ley que está escrita en la vida humana. Lo que seas por dentro se terminará conociendo por fuera. Por eso también Cristo dijo: No hay nada oculto que no llegue a saberse. Toda esta reflexión la menciono porque eso es lo que encontramos en el precioso pasaje de la Visitación. Jesús ha llegado a la vida de María. Ha llegado de un modo único, de un modo más pleno y perfecto de lo que nunca había visto la Biblia. Ninguno de los profetas, ninguno de los reyes, ninguno de los sabios, no ningún personaje del Antiguo Testamento pudo decir jamás Dios ha venido a vivir en mi carne. Dios vive en mi vientre. Dios crece en mi ser. Y estas son, en cambio, las palabras que sí puede decir María. María es la única que puede decir El Señor ha hecho obras realmente grandes en mí, porque son muy grandes esas obras. Obras como las que no habíamos escuchado jamás. Ha venido Dios. Ha venido el Señor. Habita en María, su vientre, sus entrañas, su corazón, su interior. Han sido no solamente purificados, sino santificados. Es el Santo quien la santifica. Es el puro quien la purifica. Aquel que es la luz. Es la que la ilumina por dentro. Y esta María, colmada de luz, colmada de santidad y de pureza renovada interiormente, muestra en su modo exterior a quien ha recibido. Como el que ha recibido, es ese Dios, ese Cristo que años después diría yo no he venido a que me sirvan, sino que he venido a servir. Así también María, al recibir a este Dios hecho hombre, al recibir a este Dios siervo del hombre, también ella se convierte en servidora. Su interior ha sido transformado, su interior ha sido tomado y renovado por Dios, y ahora ella es servidora, porque ese Dios la ha hecho servidora. Alabemos al Señor y pensemos que lo mismo nos puede suceder a nosotros si aceptamos a este Dios, si lo acogemos en nuestro corazón, también Él nos renueva desde dentro. También Él desde dentro hace que nuestra manera de ser cambie, no por un esfuerzo de parecerse a una ley exterior o a un modo que se nos propone por fuera, sino porque la fuerza de su presencia en nosotros a través de su Espíritu, nos hace distintos. El ejemplo de María en este precioso misterio de la visitación, cautive nuestro corazón para Dios. Amén.

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