Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La expectativa es un modo de amor que hace presente lo que todavía está ausente.

Homilía v21d005a, predicada en 20111221, con 5 min. y 15 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos queridos. Si hay una característica propia del Adviento es precisamente la expectativa y la podemos definir como un esperar con amor. Esperar con amor es lo que nos muestra la primera lectura de hoy, tomada del Cantar de los Cantares. En este precioso libro de la Escritura encontramos diversas expresiones de amor. Todo el libro, todo el Cantar de los Cantares habla de amor, y una de las expresiones de ese amor es precisamente esperar con amor. Lo más hermoso de esa clase de espera que es la expectativa, es que de alguna manera ya hace presente al que todavía no ha llegado.

Cuando esperamos con amor el solo recuerdo de esa persona, la certeza de que ya se encuentra cerca de alguna manera la hace presente. Hay un pensamiento muy bonito que tiene Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás nos dice que: cuando nosotros encontramos el bien, cuando encontramos un bien, entonces se produce en nosotros alegría. Y esa alegría que en latín se dice gaudium, es el fruto propio del encuentro con el bien. Pues mira que en la expectativa ya hay alegría, aunque no ha llegado ese amado, aunque todavía falta un poco para que se haga presente, ya despierta en nosotros alegría, de tal manera que la expectativa es como una anticipación de esa presencia, como que ya trae para nosotros una presencia que no se ha producido, pero que de alguna manera se ha anticipado.

Y esa grandeza, esa grandeza propia de la expectativa es la que nosotros vivimos en Adviento, porque en el Adviento, aunque todavía no ha llegado, de alguna manera ya está presente. ¿Por qué esto es vital para el cristiano? Porque nosotros como cristianos, nosotros vivimos en esa dinámica que muchos han descrito con estas palabras: Ya, pero todavía no. Nosotros esperamos el retorno de Cristo. Nosotros esperamos la victoria final del bien. Nosotros esperamos la llegada en gloria de nuestro Salvador. Porque la vida cristiana no termina únicamente en las mejoras que nuestra fe traiga a esta tierra. Nosotros estamos esperando un desenlace, estamos esperando una definición, estamos esperando una victoria.

Pero esa victoria que todavía no se ha consumado, sin embargo, ya está presente en nosotros. Y yo creo que la mejor manera de descubrir cómo esa victoria que es futura, sin embargo, ya es presente, que eso es lo propio de la expectativa, es lo que tenemos aquí en la Santa Misa, porque en la Santa Misa tenemos ya esa realidad.

¿Cuál realidad? La realidad de un Cristo que ya está presente en el Santísimo Sacramento y sin embargo, un Cristo al que esperamos en su plenitud. Fíjate lo que respondemos después de la consagración. Decimos: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús. Cuando nosotros anunciamos la muerte, estamos refiriéndonos a un acontecimiento del pasado de hace unos dos mil años. Cuando nosotros proclamamos la resurrección, estamos diciendo con el apóstol San Pablo que Cristo ya no muere más, que Él está presente entre nosotros. Porque el pan que nosotros comemos en la Eucaristía no es un pan muerto, es vida, es vida, es vida presente. Pero luego decimos: Ven, Señor Jesús. Esto se refiere al futuro. Esto se refiere a la plenitud que no ha llegado.

Entonces, el mejor y más profundo y más bello ejercicio de la expectativa lo tenemos en la Santa Misa. En la Santa Misa nosotros estamos ejercitando ese amor que mientras aguarda, ya se alegra que está seguro que está, está cierto de lo que viene, pero a la vez está cierto de la presencia. Bueno, pues que entonces este tiempo santo de Adviento nos ayude a vivir santamente cada Eucaristía y que Dios nuestro Señor, se regocije en nuestra fe y fidelidad, como nosotros nos regocijamos en su fidelidad y su misericordia. Amén.

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