Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hoy nos dice el Señor: "Quiero oir tu voz".

Homilía v21d001a, predicada en 19951221, con 14 min. y 15 seg.

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Transcripción:

La liturgia de este día tiene la particularidad de ofrecernos una lectura de libro del Cantar de los Cantares. Es un libro poco frecuente en las lecturas de la Santa Misa e incluso del oficio de lectura. Y es poco frecuente porque es un libro extraño. Es un libro singular en la brevedad de sus capítulos. Lo que cuenta, pues, es el amor de una pareja y lo cuenta con las imágenes propias del pensamiento y de la idiosincrasia semitas. Lo hemos podido comprobar en la lectura del día de hoy. La alegría de la amada que siente ya cerca a su amado, entonces lo compara con un ágil cervatillo y la alegría del amado que quiere encontrarse con su amada, que quiere contemplarla, que quiere escucharla.

Es un libro muy particular. Porque, por ejemplo, está en la Biblia, pero ahí no se nombra a Dios, eso es muy particular, no aparece el nombre Santísimo de Dios, no aparece una sola vez en ese libro, tampoco se menciona a Israel, ni se habla de la Alianza. No tiene ninguna profecía, sino únicamente como este par de enamorados que se dicen cosas bonitas y que cuentan las peripecias del modo cómo se conocieron, de la historia que vino luego de la felicidad de estar juntos y un poquito del temor de alguna vez perderse. Como es un libro así de singular, pues a veces los predicadores no saben qué hacer con ese libro o no sabemos qué hacer con ese libro. Porque ¿qué se hace con una historia de amor en la mitad de tanta religión y de tantas alianzas y profecías y promesas? Y será por eso por lo que la Iglesia propone para este veintiuno de diciembre dos lecturas como opción para la primera de la Misa.

Está el Cantar de los Cantares, pero está también otro texto, el profeta Sofonías, que en este caso no hemos querido, no hemos querido escoger ¿Qué podremos decir nosotros de este libro? ¿Por qué está ese libro y por qué la Iglesia trae esa lectura aquí? Claro, dadas las circunstancias del día de hoy, ¡qué más hermoso! ¡Qué más hermoso para esta pareja que Dios le regale este texto! Qué más hermoso que la lectura misma del veintiuno de diciembre, fecha que es tan importante para ellos. Qué más hermoso que la lectura propia del veintiuno de diciembre sea una lectura que habla de amor. Pero bueno, para ellos y para todos nosotros. Vale la pregunta ¿por qué el Cantar de los Cantares aquí? El Cantar de los Cantares ha recibido tres formas de interpretación.

Ha habido como tres caminos de interpretación para esta obrita. Uno, que es la más frecuente hoy es la de ver simplemente en ese libro, pues lo que es una historia, una colección, una colección de poemas de amor que son propios del pueblo de Dios y ellos lo incluyeron dentro de las Escrituras, porque es que Israel tampoco tenía otras escrituras. Es decir, ellos no tenían la Biblia y además de eso, la colección de sus epopeyas nacionales, o no tenían la Biblia y su colección literaria, o no tenían la Biblia y su colección de poesía amorosa. Uno en Colombia puede buscar la historia y la historia de Colombia es distinta de la historia de la fe en Colombia. O uno puede buscar en Colombia poesía amorosa. Y eso es distinto de la historia de la fe en Colombia y del amor a Dios en Colombia. En cambio, en Israel todo eso va junto. Israel no tiene una colección amorosa que existiera al margen de la Biblia, sino que la Escritura de alguna manera es toda la Escritura.

La Sagrada Escritura de alguna manera es toda la Escritura de Israel. Y por eso dicen muchos exégetas, estudiosos actuales, sin demasiados problemas y sin demasiados análisis, se incluyó ahí como parte del tesoro del pueblo, con la naturalidad del que sabe hablar del amor, sin ponerle ni más importancia ni menos importancia de la que tiene. Será esa una señal de la buena salud mental de la Biblia, cuando se puede hablar de las cosas sin agrandarlas y sin achicarlas. Sin afearlas y sin caricaturizarlas. Sin ingenuidad, pero también sin puritanismo. ¿Será porque hay buena salud mental? Dicen los psicólogos que cuando uno no puede hablar con una persona de ciertos temas, ahí hay una herida, ahí hay una herida grave. Si usted puede hablar de una persona con una persona, puede hablar de cualquier tema. Pero llega el momento en el que usted menciona la palabra liberalismo y el otro se timbra y cambia de colores.

Yo me encontré una vez un señor así. Solo Dios puede juzgar desde luego. Este señor no se le podía mencionar la palabra liberal o liberalismo, porque en tiempos de la violencia en Colombia, buena parte de su familia fue destruida, masacrada por liberales de la época, no por los liberales de hoy. Y eso es lo que a uno se le olvida, no. Bueno, este es un ejemplo de ese principio psicológico. Cuando no se puede hablar de alguna cosa, normalmente es porque ahí hay una herida, ahí hay un problema.

Y si la Biblia puede hablar de amor y de amor humano, de la alegría de ser papá, de la alegría de ser mamá, de la alegría de tener una viña, de la alegría, de enamorarse, de la alegría de emprender una obra y llevarla a término, de la alegría de sentirse en paz en casa o en la ciudad. Será porque Dios tiene muy buena salud mental. ¿Qué tal que no? Y será porque Dios sabe y puede hablar de todas las cosas, y será porque Dios, que precisamente tiene ese equilibrio y esa salud y esa sanidad a través de la lectura de la Biblia, va a sanar y puede sanar y quiere sanar todas las áreas de nuestra vida. Esa es una forma de leer este libro. Otra forma es comparar a Dios con el amado y al pueblo con la amada. De hecho, los profetas iniciaron esa especie de metáfora que se repitió muchos siglos. Hablar de Dios como un enamorado de su pueblo. Por ejemplo. Leamos Oseas. Dios es como el gran enamorado de su pueblo. De esos enamorados tercos que le queda mal. Qué le hace el feo que a veces como que le es infiel, pero él tercamente no tiene otro amor en su cabeza ni en su corazón y no sabe sino buscar la reconciliación y anhela ese encuentro y esa unión con su amada, es decir, con el pueblo de Dios.

La tercera interpretación es mirar en la amada el alma. El alma humana, nuestro corazón, nuestra alma que fue hecha por Dios para unirse con Él. Es la interpretación más mística. Es la interpretación de un Bernardo de Claraval o de un Juan de la Cruz. Es la interpretación que descubre que más allá de todos los amores humanos, incluso los amores lícitos y permitidos y propiciados por Dios, más allá de todos esos amores hay un beso que solo Dios sabe dar. Hay una ternura y una caricia que solo Dios puede otorgar. Y en este sentido, como hemos expresado en otras veces, dicen los místicos que el alma humana es femenina y que ante Dios, en ese sentido todos somos femeninos, porque todos de alguna manera necesitamos de ese cortejo de Dios. Y él, en una lectura como la de hoy, quiere escuchar esa voz nuestra, la voz de cada uno, la voz de cada alma. Dios, en una lectura como la de hoy en el Cantar, nos dice: Yo quiero oír tu voz. Tú no te puedes recostar en la fe de otra persona o en la virtud de otra persona. Yo quiero oír tu voz. Quiero que ese te quiero. Quiero que ese te amo salga de tu voz. Y en este sentido, no basta con que uno tenga amigos muy creyentes o parientes muy fervorosos. Dios quiere oír tu voz, la tuya.

Y en este sentido, si esa interpretación seguimos, Dios nos está diciendo en los huecos de la peña, en los escondrijos de la cuesta. Déjame ver tu figura aparece tú ante mí. No te recuestes en que yo tengo amigos creyentes. No hay suceda, como le pasó a una amiga religiosa que cuando entró al convento le decía una prima. Bueno, me parece muy bien que hayas entrado al convento, porque yo ya empecé a pecar por cuenta tuya. Como quien dice, se creció el saldo en el banco. Tengo amigo cura o tengo amiga monja. Y entonces yo me recuesto en que ya habrá quien rece por mí, no. El amor es personal. El amor cuando es amor, es personal. Hay muchas mujeres. Pero el casado sabe que su esposa es su esposa. Así haya otras que nadie niega que son más lindas o que nadie niega que son más inteligentes. Pero mi esposa es mi esposa. Así también, en esta interpretación mística, Dios quiere ver la figura tuya, la tuya, y quiere oír tu voz. No basta con que el universo entero le diga a Dios Señor, te amo.

A Dios le está faltando seguramente el te amo de alguno de nosotros, de alguna de nosotros. Así pues, tenemos esas tres interpretaciones y son sobre todo estas dos últimas, la de comparar a la amada con el pueblo de Dios y la de comparar a la amada con el alma de Dios, con el alma que Dios quiere. Mejor digo, son esas dos interpretaciones las que han puesto este texto en el tiempo que prepara la Navidad. Porque de alguna manera ese amado vino a buscar la voz del alma amada, vino a buscarla en ese niño que va a nacer. Y Jesús, Jesús pequeño y Jesús adolescente y Jesús adulto. Ese Jesús que va por veredas, por campos, por ciudades, ese Jesús que recorre toda la Palestina para luego recorrer todo el mundo. Ese Jesús está buscando a su paloma, está buscando esa figura que le hace falta, ese rostro que ha amado. Esa voz que echa de menos. Es el mismo Jesús que recibe de nosotros un te quiero cada vez que celebramos la Eucaristía. Hay una unión profunda entre el misterio de la Encarnación en las entrañas de María, el misterio de la consagración en las manos del sacerdote y el misterio de la unión esponsal del alma con Dios. Esos tres misterios se unen.

Y así la Iglesia, discretamente con esta lectura, quiere invitarnos a que en el día de Navidad, cuando recordamos la fecundidad del vientre de María, alabemos también la fecundidad de la Iglesia y hagamos fecundos nuestros corazones. Que así lo realice Dios, para quien nada es imposible. Honor y alabanza. Su nombre. Amén.

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