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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las anunciaciones traen esperanza al mostrar que Dios está cerca y actuando. También revelan su respeto por nuestra inteligencia y voluntad, invitándonos a responder con un ?sí?.
Homilía v20d022a, predicada en 20251220, con 6 min. y 39 seg. 
Transcripción:
Estamos en los días de las anunciaciones. Anuncio del nacimiento de Cristo a José, eso está en San Mateo, capítulo uno. Anuncio del nacimiento de Juan Bautista a Zacarías, eso está en Lucas, capítulo uno. Y luego, anuncio del nacimiento del mismo Cristo a María Santísima, también en Lucas uno. Como ya ésta es la tercera anunciación que tenemos en estos días, de hecho, en esta semana, hagámonos una pregunta ¿por qué hay esas anunciaciones?
La mayor parte de los nacimientos, la inmensa mayoría de los nacimientos no tienen anunciaciones. Simplemente un día una mujer descubre que está embarazada y le comenta, pues, idealmente al esposo le comenta: Mira, ahí esta noticia, estoy embarazada, etcétera. ¿Por qué hay una anunciación? Qué pregunta tan, tan profunda, es lo que yo llamo una pregunta de niño, porque es una pregunta sencilla, pero a la vez muy profunda. ¿Por qué, por qué hay anunciaciones? En dos de esas anunciaciones se nos habla del ángel Gabriel, cuando se trata de la Anunciación a José también se habla de un ángel, aunque no se da el nombre.
El ángel Gabriel que anuncia, el ángel Gabriel que cuenta, va a suceder esto. Hay tres razones por las que son importantes las anunciaciones. Primera, porque cuando hay una anunciación hay una esperanza, es una manera de decir: Dios está cerca y va a obrar. Podemos decir que las anunciaciones son como actos de evangelización. Así, por ejemplo, a mí me gusta decir que la Anunciación a María Santísima fue el momento en el que ella fue evangelizada. Y esta misma Virgen evangelizada en la Anunciación, va a ser la Virgen evangelizadora en la Visitación.
Evangelizada, porque recibe la buena noticia del inmenso amor de Dios, que la va a hacer Madre conservándola Virgen. Y es evangelizadora en la Visitación, porque ella va a llevar, va a portar a Jesús y va a portar la Buena Noticia cuando llegue a casa de Zacarías e Isabel. Entonces, fíjate cómo los anuncios, las anunciaciones, son señales de esperanza. Es una manera de decir: Mira, resiste, resiste otro poquito, falta poco, falta poco, resiste. Dios está cerca, el auxilio ya está cerca. No desfallezcas, ya, ya viene el amor salvador de Dios, ya viene su salvación, mantente firme. Lindísimo. Entonces, hay anunciaciones porque la Anunciación es un camino de esperanza.
Segundo, hay anunciaciones porque se trata de acontecimientos sobrenaturales, como dice uno de los Padres de la Iglesia, sin la Anunciación a María Santísima, pues imagínate que ella resultara embarazada sin saber ni cómo, ni cuándo, ni por qué. Entonces, las anunciaciones están mostrando el respeto de Dios a nuestra inteligencia, ese es el segundo motivo. Y el tercer motivo que lo destaca, por ejemplo, Santa Catalina de Siena, es que las anunciaciones también muestran el respeto de Dios a nuestra voluntad. Hay una oración preciosa que escribió, bueno, que dictó Santa Catalina de Siena, en el día de la Anunciación del año 1377, si no me falla la memoria.
Y en ese día de la Anunciación, Catalina hace una meditación preciosa y dice que Dios llegó a la puerta de tu voluntad, le dice a María, le está hablando a María. Llegó a la puerta de tu voluntad y no entró, sino que tocó. Dios llamó a la puerta de tu voluntad. Las anunciaciones a José, a Zacarías, a María, están mostrando el respeto que Dios tiene por nuestra inteligencia, en el sentido de que no nos somete a situaciones absurdas para darnos la salvación y a nuestra voluntad, en el sentido de que quiere que nosotros con nuestro sí abramos la puerta a la salvación.
Fíjate que es una escena muy parecida, la de hoy, sobre todo a la luz de la meditación de Catalina de Siena, es una escena muy, muy parecida a la que encontramos en Apocalipsis, capítulo tres, dice ahí: «Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno me abre?» Si alguno me abre, yo respetaré tu voluntad. «Si alguno me abre, entraré, cenaré con él y él conmigo». Es el momento, mis hermanos, para darle gracias a Dios. Es el momento para recordar que María va delante de todos nosotros, que el sí de María tiene que ser también nuestro sí, que la manera como ella, con tanta sabiduría y con voluntad tan perfecta, entró en el plan de Dios, es el ejemplo que todos hemos de seguir.
Alabemos a Cristo por su misericordia, pidámosle que nos dé la gracia también de decir sí, porque cada anunciación es un signo de esperanza, porque cada anunciación, porque cada evangelización es un llamado a nuestra inteligencia para que se llene de la sabiduría divina, y porque cada Anunciación está invitando nuestra voluntad para que entremos, de corazón y con amor, en el plan de salvación. Así sea.

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