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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La virginidad perpetua de María es un signo libremente querido por Dios para manifestar que la salvación únicamente viene de Él y nos abre al nuevo nacimiento en nosotros por la obra y la gracia del Espíritu.

Homilía v20d021a, predicada en 20241220, con 8 min. y 55 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy y el Evangelio miran a María Santísima, esa primera lectura está tomada del capítulo séptimo del profeta Isaías y el Evangelio en el capítulo primero de San Lucas, ese relato tan conocido y tan amado de la Anunciación. El texto de Isaías dice: «Mirad, la doncella o la joven, está embarazada y va a dar a luz un hijo». La palabra doncella o la palabra joven es la palabra que traduce directamente del hebreo.

Pero hay una cosa muy interesante, y es que cuando el Antiguo Testamento fue traducido a la lengua griega, años antes, atención, años antes del nacimiento de Cristo, eso fue en el siglo I antes de Cristo, fundamentalmente en torno a la ciudad de Alejandría, se tradujo el Antiguo Testamento al griego. Y cuando se tradujo el Antiguo Testamento del hebreo al griego, ese capítulo séptimo de Isaías ya tomó una palabra más precisa para referirse a esa persona embarazada, porque ya se utilizó la palabra griega «parthenos». Y la palabra «parthenos» ya propiamente indica una virgen.

Esto parece indicar que ya antes, décadas antes del nacimiento de Cristo, ya el pueblo judío tenía esa certeza, tenía ese presentimiento, guiados por el Espíritu, tenían el presentimiento de que el Mesías iba a venir de una virgen, esto es algo que impresiona mucho. Entonces, se trata de una «parthenos». Parthenos quiere decir una doncella, una mujer virgen. Y por supuesto, esa es la misma palabra que aparece en el Evangelio de Lucas. Se nos dice que el ángel Gabriel fue enviado a una virgen, otra vez la palabra «parthenos», fue enviado Gabriel a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David, esto sucedió en Nazaret.

Y nos dice: «Y el nombre de la Virgen era María». Así que cuando ya estamos tan cerca de la celebración de la Navidad, es muy hermoso que nos preguntemos ¿qué sentido tiene esto de que sea hijo de una virgen? Para muchas personas es un dato que pasaría desapercibido o que incluso puede suscitar chistes de mal gusto, expresiones blasfemas. ¿Qué significa que el Mesías venga de una virgen? Mira, aquellos judíos que hicieron la traducción, que se suele llamar de los 70, esa traducción del hebreo al griego que he mencionado, ya tenían, bajo la acción del Espíritu Santo ya tenían como ese presentimiento de que el Mesías vendría de una parthenos, vendría de una virgen.

¿Por qué Dios quiso que su Hijo llegara de esa manera? No es, no es por defecto de la sexualidad humana. No, no es que la sexualidad humana por sí misma sea impura o indigna de Dios. La sexualidad humana es creación de Dios. Y por supuesto que la sexualidad humana vivida en el orden de Dios, pues implica también la santidad, implica también esa obra de santificación que debe darse en todas las áreas de nuestra vida. Así, por ejemplo, cuando una pareja ha recibido el sacramento del matrimonio y lo vive, todas las áreas de su vida son parte de su camino de santidad.

Eso incluye también, pues su vida íntima, es parte de su unión matrimonial, es parte de la celebración de su amor y es parte, digámoslo abiertamente, de su camino de santidad. Tanto que San Pablo dice en el caso de las parejas, dice: «No se abstengan de su unión, sino solo por un tiempo, y para entregarse más resueltamente a la oración», esa es una recomendación de San Pablo. Entonces, la razón por la que Cristo, por la que el Hijo de Dios nació de una virgen, no es por una imperfección o una suciedad que fuera esencial, que fuera propia de la sexualidad humana. No, ese no es el motivo, el motivo no es ese.

No es porque sea sucia o sea indigna la sexualidad humana, que se puede ensuciar sí, se ensucia por el pecado, como todas las demás cosas se pueden ensuciar. El dinero se puede usar bien o se puede usar mal, el poder se puede usar bien o se puede usar mal, la sexualidad se puede vivir de una manera adecuada, es decir, dentro del sacramento del matrimonio, o se puede vivir de mil formas inadecuadas, que se yo, fornicaciones, adulterios, etcétera. Bueno, entonces ¿por qué, esto se lo han preguntado muchos, por qué es madre y virgen, por qué ese misterio?

Y las respuestas que han dado los santos padres y doctores de la Iglesia se concentran en dos aspectos. Primero, para mostrar a través de ese signo, porque es un signo, la virginidad perpetua de María es un signo, para mostrar por medio de ese signo que la salvación viene únicamente de Dios. Es decir, no es, lo repito y es la tercera vez, no es por un defecto ni una suciedad de la sexualidad humana, sino que la virginidad de María, virginidad perpetua, es un signo libremente querido por Dios, para manifestar que la salvación es pura gracia, que la salvación es don purísimo, que la salvación solo viene de Dios, que solo Dios puede dar la salvación.

Así como solo Dios puede hacer que una mujer virgen sea también madre como lo es María Santísima. Entonces, esa es la primera respuesta, una Madre Virgen nos está mostrando el poder del amor de Dios y la realidad de que solo Dios puede dar la salvación. Segundo, si nosotros recordamos en el Evangelio según San Juan, en el capítulo primero se nos habla del nuevo nacimiento y se nos dice, refiriéndose a todos nosotros: Estos no han nacido ni de la carne ni de la sangre. No han nacido del deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

El nuevo nacimiento no es nacimiento según la carne y la sangre, sino que es nacer de Dios, es nacer del puro querer divino, porque cada amor tiene su propia fecundidad. El amor sexual, el amor sexuado, es querido por Dios dentro de su plan, y ese tiene su fecundidad, que es fecundidad según la carne. Otro amor de otro nivel, claramente un nivel más alto, un nivel infinitamente más alto en el orden de la gracia, en el orden sobrenatural, ese nuevo amor trae un nuevo nacimiento. Entonces, al amor de la carne, nacimiento de la carne, lo que nace de la carne, carne es, dice Cristo a Nicodemo, lo que nace del Espíritu, Espíritu es.

Entonces, si el nuevo nacimiento iba a ser un nacimiento, no según la carne, sino según el Espíritu, entonces el misterio mismo de la encarnación de Cristo abre nuestros ojos a través del misterio de la Madre Virgen, abre nuestros ojos al nuevo nacimiento, como si se anunciara con ese misterio de la virginidad perpetua de María, que así como Él nace de una manera nueva, así también nosotros estamos llamados a nacer de una manera nueva, ya no por el simple apetito de la carne, sino por la obra y la gracia del Espíritu.

Admiremos, admiremos, agradezcamos, celebremos, extasiémonos ante la belleza del Corazón Inmaculado de María y ante el misterio de la virginidad perpetua. Amén.

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