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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Así como el evangelizador debe aprender del modo de obrar del arcángel Gabriel también la persona que ama las virtudes de los santos ángeles está llamado a evangelizar.

Homilía v20d017a, predicada en 20191220, con 5 min. y 22 seg.

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Transcripción:

Una de las experiencias más bonitas que tuve en mi formación sacerdotal fue cuando, recibiendo unas pequeñas nociones de la lengua griega, aprendí que la palabra ángel, que en griego se dice «angelos», significa mensajero. Y que la palabra ángel está relacionado con el Evangelio, que de hecho significa «euangelion», es el buen mensaje, es la buena noticia. De manera que el ángel y el Evangelio están conectados semánticamente.

Y en el texto de la Anunciación, que es el Evangelio de hoy, la Anunciación del Arcángel Gabriel a María Santísima, en este contexto del Adviento, se ve de un modo muy precioso esa relación entre ángel y Evangelio. Podríamos decir que el modelo de todo verdadero evangelizador es este Arcángel Gabriel. Y podríamos decir también que, así como el evangelizador ha de aprender de la manera como obró este ángel, así también el ser verdaderamente ángeles, en el sentido de aquellas virtudes que más brillan en ellos, no debe ser algo que se quede únicamente en nosotros.

Como, por ejemplo, únicamente exaltando la virtud maravillosa de la pureza, sino que ser ángel implica siempre dar a los demás, dar una buena nueva, llevar el Evangelio. Esto va en dos direcciones entonces, los evangelizadores deben aprender de los santos ángeles, pero también los que aman las virtudes de los santos ángeles deben sentirse impelidos, llamados, casi diría, empujados a evangelizar. Y ¿qué podemos aprender de este pasaje precioso desde esa óptica de la evangelización? Podemos aprender tres cosas.

En primer lugar, que toda evangelización es un anuncio de alegría. Es uno de los aspectos en los que más ha insistido el Papa Francisco, como el Evangelio no puede perder jamás su carácter de buena noticia. Es verdad que en el proceso de evangelización hay que hacer denuncias, es verdad que el proceso de evangelización implica señalar el pecado, pero de nada sirve señalar el pecado si no damos una esperanza clara de victoria sobre el pecado. Y aquí viene el segundo elemento, la alegría de la victoria tiene que estar conectada con la alegría de la salvación.

Es decir, si el mundo está azotado por tantas señales de corrupción, y si hay tanto pecado en esta tierra, entonces lo que uno se pregunta es: A ver, en medio de todo ese pecado y en medio de todas esas realidades, ¿cómo puede haber alegría? Y la respuesta es que hay alegría, porque Dios se ha acordado de su pueblo, hay alegría porque hay salvación. Recuerda lo que el ángel le dice a María: Él, refiriéndose a Cristo, salvará al pueblo de sus pecados. Entonces, toda evangelización tiene alegría, y toda evangelización tiene anuncio de salvación.

El otro elemento que hay que destacar es que en el centro de toda evangelización está siempre la persona de Jesucristo. En el fondo, lo que está diciendo el Arcángel Gabriel es: Hay alegría, hay esperanza y hay salvación, porque hay Cristo, porque hay presencia del Hijo de Dios en nuestra tierra. Entonces, la evangelización no tiene como objetivo fundamental que nosotros mejoremos la vida sobre esta tierra, es decir, la promoción humana, la justicia social, la desigualdad económica, los problemas ecológicos, todas esas cosas pueden aparecer dentro del conjunto del mensaje y la enseñanza de la Iglesia.

Pero en el centro, en el centro mismo, dándole orden, dándole su lugar, dándole la importancia que cada cosa merece, y no más que eso, debe estar siempre Cristo. Yo creo que es muy interesante hacernos esa pregunta, especialmente los que tenemos por vocación y por oficio el servicio de la evangelización, sacerdotes, predicadores, misioneros, catequistas.

Y yo siempre pienso padres de familia, profesores de religión, es necesario que se pregunten, que nos preguntemos seriamente, que nos preguntemos muy a fondo si estos tres elementos que nos enseña el Arcángel Gabriel están presentes en nosotros, es decir, si somos testigos de alegría, si somos voceros de salvación y si somos anunciadores de Jesucristo, en el que está la salvación y en el que está la alegría.

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