Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La excelencia de la "Bendita entre las mujeres" se descubren mejor si la vemos en paralelo con otras grandes mujeres de la Biblia.

Homilía v20d014a, predicada en 20161220, con 10 min. y 45 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, es necesario conocer bien y valorar mejor la presencia, la figura de la Santísima Virgen en la historia de nuestra salvación y cada uno en su propia historia personal. Si a los artistas, por ejemplo, a los pintores, los conocemos sobre todo por sus obras maestras, a Dios tenemos que conocerlo particularmente en su obra maestra, la única que recibió el apelativo de llena de gracia, la Virgen que Él escogió por Madre suya.

No se puede conocer lo suficiente de la delicadeza, de la bondad, de la misericordia, de la santidad de Dios y, sobre todo, de su excelso poder, no se puede conocer sin acercarse a su obra maestra que es la Virgen Santísima. Por eso, pecan y pecan gravemente los que utilizan un lenguaje desobligante, un lenguaje ordinario o ramplón para referirse a María, como si fuera únicamente la productora de la carne humana del Hijo de Dios en esta tierra. Quienes se expresan de María diciendo: Fue una mujer más, se olvidan del hecho de que fue verdadera madre y como verdadera madre, verdadera formadora del Hijo de Dios en esta tierra.

Por eso es necesario acercarse a la Santísima Virgen, por eso es necesario presenciar esta obra preciosa de Dios, porque todo lo que hay en ella, y es tanto y es tan grande y es tan bello, todo eso es pura obra del Señor. Ella es la obra perfectísima de la gracia, lo cual significa que el mismo Dios que tales prodigios hizo en ella, los quiere realizar también en el pueblo cristiano. No solamente es auxiliadora, intercesora, no solamente es amiga, hermana y madre, sino que también es ejemplo vivo que muestra lo que Dios quiere realizar en cada uno de nosotros. ¿Qué declaró entonces? El sagrado y hermoso deber que tenemos como verdaderos cristianos de conocer a María.

No le sobran a la Biblia esas palabras que están en el capítulo primero de San Lucas: «Me llamarán bienaventurada todas las generaciones». Para que todas las generaciones la llamen bienaventurada, para que toda la humanidad diga: Tú eres la bendita entre las mujeres. Algo muy especial tiene que tener, algo absolutamente único, algo que nos atañe a todos y se peca gravemente si uno no busca qué es eso tan peculiar, eso tan hermoso, eso tan santo que está en ella y que es la obra del Espíritu de Dios. Pero ¿cómo acercarse a conocer semejante prodigio de gracia, de misericordia y de santidad?

Los antiguos pastores, predicadores, los llamados padres de la Iglesia, utilizaron, entre otros métodos, la comparación. Al comparar a María, el camino de María con lo que otras personas y particularmente otras mujeres vivieron y realizaron, ahí podemos aprender un poco más de quien es ella. Así, por ejemplo, comparando lo que sucedió con Eva y lo que sucedió con María, tenemos mucho que aprender. Tristemente, en el caso de Eva se ve la desobediencia, Dios había mandado una cosa y Eva desobedece. En María, en cambio, encontramos la plena obediencia.

Nos damos cuenta que Eva abrió sus oídos a las sugerencias de un ángel caído, porque el demonio es un ángel caído. María, la Virgen de Nazaret, abre su oído y abre su corazón a otro ángel, un ángel santo, el santo Arcángel Gabriel, que viene de parte de Dios, este es otro parecido que hay entre estas dos mujeres. De Eva, viene toda la raza humana según la carne, de modo que el nombre mismo, Eva, tiene raíces hebreas que indican que ella es la madre de todos los vivientes. Pero, ese apelativo le queda mucho mejor a María, porque María es madre no solamente de Cristo como cabeza, sino de todo el cuerpo de Cristo.

Porque cada uno de nosotros, si se abre a esa amable intercesión de María, experimenta prontamente como ella favorece nuestra vida cristiana, hasta el punto de que grandes santos como Luis María Grignon de Monfort, decían: No hay un camino más fácil, no hay un camino más perfecto, no hay un camino más ágil para llegar hacia Dios que por María. Eso quiere decir que María verdaderamente es Madre de todos nosotros en el orden de la gracia y ese es otro parecido que encontramos entre Eva y María.

Un último parecido que hay que recordar es que Eva atrajo hacia el camino del pecado a aquel hombre, Adán. María, por el contrario, con la santidad, con la pureza, con la belleza que irradia, atrae no solo a los hombres, sino a toda la especie humana, a todos nosotros nos atrae hacia el camino de Cristo. Y expresamente lo dice en el capítulo segundo de San Juan, en el pasaje de las bodas de Caná, cuando a todos nos recomienda: «Haced lo que Él os diga». Así que esa comparación entre Eva y María nos ayuda a descubrir quién es la madre del Señor.

Igual comparación o parecida se podría hacer con otras mujeres, particularmente con aquellas que le dan nombre a los libros de la escritura, tres son las mujeres cuyos nombres aparecen en el canon bíblico. Tenemos a una mujer llamada Judit, a otra mujer llamada Ester y a otra mujer llamada Rut. Y la Iglesia ha reconocido que las obras bellas que Dios hizo a través de estas mujeres, se han cumplido de manera eminente, sobresaliente en la Virgen Santísima. Así, por ejemplo, en tiempos de agobio y de terrible angustia, Judit supo devolver la paz al pueblo y supo liderar al pueblo para que brillara la victoria de Dios.

Así también María, en tiempos de tormenta, en tiempos de angustia, sabe acogernos, sabe abrazarnos, sabe darnos esa certeza de que la victoria sigue siendo de Dios. De manera que las felicitaciones que la Biblia dirige a aquella mujer llamada Judit, la Iglesia Católica las ha hecho suyas para aplicarlas incluso, con mayor razón, a la Santísima Virgen. Ester era una reina muy hermosa que se encontraba en una situación de extrema soledad y que veía amenazada la suerte de todo el pueblo de Dios. En esas circunstancias, Ester se aferró a la fe que había recibido, hizo oración, se fió de Dios. Y en todo esto encontramos a María.

Ester, indudablemente fue salvación para el pueblo. Y bueno, ¿cuál es el nombre que se le da a María? La primera y más antigua invocación que se tiene de la Virgen en Roma es, precisamente esa: «Salus Populi Romani», la salud, la salvación del pueblo romano como una nueva Ester con otra comparación más. Ya he dicho que Ester era muy hermosa y con esa misma belleza nos saluda la Virgen, enseñando a todos, pero particularmente a las mujeres, cómo es necesario que la belleza del cuerpo nunca vaya a reñir con la belleza del alma, porque es muy triste que el cuerpo sea hermoso y el alma sea repugnante.

Nos falta tiempo, hermanos, para referirnos a otras comparaciones parecidas con Rut o, por ejemplo, con Ana, o por ejemplo, con la mamá de los Macabeos, como aparece en el segundo libro que lleva ese nombre. Y es hermoso hacer estas comparaciones para descubrir cómo Dios utiliza con tanta fuerza y con tanta sabiduría los corazones femeninos que se pliegan a Él. Pero, sobre todo, para descubrir por qué María es verdaderamente la bendita entre las mujeres. Por eso ahora les invito, pongámonos de pie y demos un saludo. Hoy hemos aprendido un poquito más de cuanto hay que conocer, de cuanto hay que amar a la Santa Virgen.

Digamos juntos: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres. Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

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