Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La respuesta que nos da Dios frente al sufrimiento es la presencia de su Hijo, un amor que está a nuestro lado, amor que alcanza su plenitud en el misterio sublime de la cruz.

Homilía v20d013a, predicada en 20161220, con 5 min. y 51 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy ha sido tomada del capítulo séptimo del profeta Isaías. Es el momento en el que este gran profeta le anuncia a Acaz, o Ajaz, le anuncia que la doncella, la joven, está embarazada y esa es una señal de que Dios sigue cumpliendo su promesa. Es decir, hay descendencia, la promesa que Dios hizo a David se sigue cumpliendo. El Evangelio ha sido tomado del primer capítulo de San Lucas y nos recuerda la escena de la Anunciación, es decir, cuando el ángel Gabriel anuncia a María que, si acepta, y bendito Jesús que acepta, si acepta, será la Madre del Mesías, la Madre del Señor.

Hay una relación claramente entre las lecturas de hoy y las de ayer. Ayer se nos mencionaba el anuncio del nacimiento de Juan y hoy el anuncio del nacimiento del Mesías, del Señor Jesucristo. La primera lectura de ayer hablaba de Sansón, cuyo nacimiento fue anunciado y la primera lectura del día de hoy nos cuenta el nacimiento del descendiente del rey Ajaz, que es la señal de que Dios sigue presente. Creo que la palabra que se destaca en las lecturas de hoy es Emmanuel, palabra que aparece en el profeta Isaías y que indica, precisamente, esa presencia de Dios, Dios con nosotros, tenemos a Dios con nosotros, Emmanuel.

Tratemos con la ayuda del Espíritu Santo de entrar un poco en el misterio de ese nombre que es uno de los preciosos nombres del Mesías, uno de los hermosos nombres de nuestro Señor Jesucristo. Entremos un poco en lo que significa ese nombre. Ese nombre es la respuesta más profunda a nuestro dolor, a nuestra tentación, a nuestra necesidad. Dolores, tentaciones, necesidades, todos las hemos padecido y creo que todos somos conscientes de cómo frente a un dolor, no vale una explicación, una explicación no me quita el dolor. Frente a una tentación, no vale una explicación porque la tentación no le quita atractivo a lo que pretende seducirme.

Y frente a una necesidad, no vale una explicación, porque una explicación no satisface aquello que me hace sentir necesidad. Entonces, ¿qué es lo que sí puede responder a nuestros dolores, a nuestras tentaciones y a nuestras necesidades? ¿Qué es lo que sí puede responder? Y lo único que es respuesta en esos momentos es la presencia. Así, por ejemplo, cuando una persona está sufriendo mucho, digamos una pérdida, ¿qué es lo que hacemos? Vamos y le acompañamos. Esa presencia, ese abrazo, mucho más incluso que las palabras, es lo que se aprecia.

A través de un abrazo, a través de una lágrima compartida, a través de una sonrisa de ternura y de cercanía, estamos dando mucho más que si hiciéramos toda una explicación teórica sobre lo que es la muerte o por qué todo el mundo tiene que morir. Lo mismo sucede con la tentación, esto es tan claro que algunos programas, interesantes programas terapéuticos para ayudar a las personas a vencer ciertas limitaciones, algunos de esos programas invitan a quienes padecen necesidad, por ejemplo, de adicción a que tengan siempre a mano a quien llamar, por ejemplo, por teléfono.

Si estás ante una tentación muy fuerte de recaer en el consumo de droga, en el consumo de pornografía, en el consumo de alcohol, sentir la presencia, la voz de otra persona realmente es eficaz. Si el alcohólico, que sabe que fácilmente puede resbalar y recaer, llama, por ejemplo, a un buen amigo y le dice: Mira, estoy en esto, estoy debatiéndome, no sé qué hacer, mi cuerpo tiembla, creo que tengo síndrome de abstinencia, ayúdame. Y el otro le dice: Mira, sal, nos vamos a encontrar en tal parte, vamos a caminar un poco, vamos a conversar, no te dejes caer. Esa presencia sí que da fortaleza.

Así que la presencia, la presencia, es la respuesta. La presencia es lo que sí hace que nosotros, más allá de nuestros interrogantes, encontremos un alivio y encontremos un camino de salida. Y por eso, como decía hermosamente el Papa Benedicto XVI, la respuesta que nos ha dado Dios frente al sufrimiento no es un gran cuadro comparativo, no es un esquema, no es un tratado, no es una teoría.

La respuesta que nos ha dado Dios es la presencia de su Hijo, que estando con nosotros, caminando con nosotros, padeciendo con nosotros, es la respuesta viva de un amor que está a nuestro lado. Amor que alcanzará su plenitud en el misterio sublime de la Cruz. Ese es el misterio al cual desde ya nos asomamos, aunque apenas nos encontremos a las puertas de Navidad.

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