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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la Anunciación a la Virgen María se unen el gozo de la fecundidad y la alegría de la victoria cierta.
Homilía v20d012a, predicada en 20141220, con 6 min. y 51 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo primero de San Lucas, nos presenta la escena tan conocida, la escena tan hermosa de la Anunciación. El Arcángel Gabriel le anuncia a la Santísima Virgen que va a ser la Madre de Jesús. Y es muy hermoso en este pasaje ver cómo se unen dos líneas que vienen del Antiguo Testamento.
Por una parte, ya encontramos en el Antiguo Testamento anuncios de victoria sobre la esterilidad. Por ejemplo, hace poco teníamos el anuncio que un ángel de Dios le hace a la esposa de Manoa diciéndole: «Tu esterilidad va a ser vencida». Y hay otros casos, vemos que Sara, la esposa de Abraham, no podía tener hijos, pero después, con esa intervención divina, da a luz a Isaac. Ana, la mujer que aparece al comienzo del libro del profeta Samuel, también era estéril y luego, por esa intervención de Dios, da a luz a este gran profeta, a Samuel.
O sea que en el Antiguo Testamento hay varios ejemplos de esterilidad vencida, hay varios ejemplos de anuncios que vienen del cielo, anuncios que vienen de parte de Dios, contando que la esterilidad no va a tener la última palabra y Dios va a vencer y va a dar fecundidad. Pero también encontramos en el Antiguo Testamento, una serie de invitaciones al combate, al momento duro, al momento de la batalla. Especialmente en el libro de los jueces, se destaca aquella frase: «El Señor está contigo». Es, por ejemplo, lo que escucha un hombre llamado Gedeón: «El Señor está contigo, valiente guerrero».
La frase: El Señor está contigo, es una frase de esperanza y de dar fuerza en el momento de la batalla. Y esa misma frase la encontramos como anuncio en el profeta Jeremías: El Señor va a estar con nosotros. Esa frase la encontramos cuando se describe la historia de José, el hijo de Jacob. El Señor estuvo con él, el Señor bajó con él al pozo. Es decir, en el momento difícil, José, el hijo de Jacob, no estuvo solo. Observa que son dos, dos líneas las que aquí encontramos, esterilidad vencida, por una parte, y anuncio de victoria en la batalla, por otra parte.
Y lo propio de los relatos de Anunciación es que Dios muestra la cercanía con aquella persona que estaba siendo humillada, se ve muy bien en el caso de Ana, sobre todo, la mamá de Samuel. La esterilidad es una humillación. Entonces, la esterilidad vencida es una manera de quitar el oprobio. Es lo mismo que dice también Isabel, cuando su propia esterilidad queda vencida y ella es madre del que será Juan Bautista. Esterilidad vencida significa vergüenza que se quita, oprobio que se quita, humillación que se quita. El Señor está contigo, significa tiempo duro, tiempo de combate, tiempo de batalla, pero que Dios convierte en tiempo de victoria.
Si las fuerzas del mal se abalanzan contra el pueblo de Dios, Dios no se queda indiferente, Dios entra en el combate, Dios está con nosotros en la batalla. Así pues, esterilidad vencida quiere decir se quita el oprobio. El Señor está contigo, quiere decir victoria de Dios, victoria en la hora mala, en el tiempo difícil. Y es hermoso ver que estas dos líneas del Antiguo Testamento llegan exactamente hasta María y que en ella las dos confluyen, de manera que al mismo tiempo ella, siendo virgen, va a ser madre, como uniéndose a la alegría de todas las mujeres que son madres, con una maternidad regalo del cielo.
Pero esta jovencita, esta doncella nazarena, al mismo tiempo escucha la frase de los guerreros: El Señor está contigo. De modo que la Anunciación es, al mismo tiempo, quitar el oprobio, dar la alegría de la maternidad y la fecundidad, y es proclamación de victoria, proclamación de triunfo sobre las fuerzas del mal. Por un lado, se quita la esterilidad y, por otro lado, se anuncia la inmensa victoria. Yo quiero que el día de hoy nos quedemos contemplando esa maravilla, yo quiero que el día de hoy no se nos olvide mirar con especial amor esa escena.
Yo quiero que el día de hoy le demos gracias a Dios, porque en María nos ha dado la plena fecundidad, la alegría de una vida en plenitud y la perfecta victoria sobre el poder del mal. Bendita sea la Madre de Cristo, bendita sea la Madre de Dios, bendita aquella elegida por el Altísimo para darnos el Mesías. Amén.

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