Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La verdadera meta de la religión no es un buen comportamiento sino la plena comunión con Dios.

Homilía v20d010a, predicada en 20131220, con 5 min. y 25 seg.

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Transcripción:

El día de ayer el santo Evangelio tomado de San Lucas, nos presentaba la anunciación a Zacarías, es decir, a Zacarías se le anuncia la concepción y el nacimiento del que será su hijo, Juan el Bautista lo llamamos nosotros. Por supuesto, la palabra bautista se refiere al oficio, a la misión que él tuvo como profeta y precursor de Dios. El día de hoy tenemos otra anunciación, tenemos la Anunciación por antonomasia, el mismo ángel Gabriel se presenta ante la Santísima Virgen, la saluda de parte de Dios y la convoca, la invita a entrar al plan de Dios.

Utilizo estos verbos recordando la reflexión que hace el Papa Benedicto en el segundo tomo de su trilogía sobre Jesús de Nazaret y, a su vez, el Papa Benedicto recuerda un famoso sermón de San Bernardo en el que se destaca la libertad con la cual María tiene que dar respuesta al plan de Dios. La Anunciación a María Santísima, ese es el pasaje de hoy. Como ya decíamos ayer, Lucas ha querido presentar lado a lado estos dos relatos. Zacarías es el hombre bien portado, es el que se comporta bien, pero que en un momento dado se siente rebasado, se siente desbordado por lo que Dios quiere darle, le resulta suficiente una religión que le lleve a comportarse correctamente.

Pero la religión es mucho más que comportamiento, la religión no es simplemente una manera de resolver nuestra presencia en esta tierra. La religión es mucho más que un código de conducta, la religión es mucho más que una manera de arreglar nuestros días sobre esta tierra o de organizar la sociedad humana. La religión se abre como promesa, se dilata como océano de amor, hasta tocar la realidad misma de Dios. La palabra fundamental que resulta imposible para Zacarías, es la palabra comunión. Como hermosamente define la gracia el teólogo jesuita Karl Rahner, gracia es la autocomunicación de Dios.

Nuestro Dios no quiere simplemente que seamos buenos, quiere que seamos suyos. Quiere que estemos con él. Quiere que tengamos su propia vida. Quiere que experimentemos su propio gozo. Y a veces, la persona que se siente muy bien comportada, define un límite y en ese límite está cómodo, porque finalmente ese límite es el límite de su propio imperio. Es el límite en donde puede mandar, es su vida que está perfectamente organizada. Desde ese punto de vista, Dios viene a desorganizar esa vida, Dios viene a decir: por hermosa que sea la existencia que tú llevas, tengo más para ti.

Y esto me hace acordar a aquellas palabras tantas veces malinterpretadas del Papa Francisco, ese es el lío en el que Dios quiere meternos. No basta con que tengas tu parroquia muy organizada, no basta con que tengas tu vida perfectamente cuadriculada, no basta con que tengas planes razonables y aparentemente justos. El Dios que te llama al infinito siempre terminará rompiendo esos esquemas y siempre terminará abriéndote a una comunión con el infinito. Eso es lo que, en el fondo, viene a decirle el Señor a la sencilla Virgen de Nazaret.

Y si por algo resulta admirable María, es porque es capaz de creer, porque es capaz de abrir su corazón, dilatar su esperanza, dejar a Dios ser Dios, no poner a Dios del tamaño mío, sino más bien creer que Él puede hacer las cosas como a Él le parezca. Y por eso, la respuesta de María tiene que ser también la respuesta del cristiano. Sí, muy bueno que nos comportemos en orden y que seamos buenas personas. Pero cuando se trata de los planes de Dios, la única respuesta que cabe es la de María: Más allá de lo que yo pueda entender, que se haga en mí según su Palabra.

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