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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Virgen María, especialmente en el misterio de su Anunciación, nos muestra cómo acoger el Evangelio.
Homilía v20d009a, predicada en 20121220, con 4 min. y 6 seg. 
Transcripción:
Últimos días del Adviento. Y qué importante que sean estos días que verdaderamente nos pongan en sintonía con el Señor, es Él quien quiere obrar en nosotros. No debemos olvidar jamás aquellas palabras del Credo: Por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo, se encarnó de María la Virgen. Nosotros no miramos a la figura de Cristo simplemente recordando algo que sucedió, casi más importante que lo que sucedió y sí sucedió, es por qué sucedió, por nosotros y por nuestra salvación.
El capítulo primero del Evangelio de Lucas es tan denso. El día de ayer escuchábamos el relato de la anunciación del nacimiento de Juan el Bautista, el precursor. Hoy vamos al anuncio del nacimiento del Mesías, de Cristo, aquel que venía precedido por la figura hirsuta pero tan elocuente de Juan. El ángel Gabriel, el mismo que se había manifestado a Zacarías, ahora se muestra a una virgen de Nazaret y la Virgen se llamaba María, nos explica San Lucas. Aparece el ángel Gabriel y trae el anuncio más grande, el más hermoso de todos los siglos, ese anuncio es: «Concebirás y darás a luz un hijo, será llamado Hijo del Altísimo».
Debemos mirar las palabras del ángel Gabriel como el momento en el que esta doncella de Nazaret es evangelizada, ella recibe la buena noticia. Buena noticia que es, ante todo, una palabra de amor, una palabra de gracia, una palabra de pureza, una palabra de bendición. Y todo eso tiene que ser el Evangelio también para nosotros, pureza, bendición, gracia, amor. Para eso viene este Mesías, para eso viene este Jesús, para que nosotros tengamos esa experiencia de amor, de gracia, de pureza, de salvación.
Y la manera como María recibió el anuncio una prudencia tan grande, una humildad tan grande y, sobre todo, una fe tan perfecta. Esa es, esa, esa exactamente, es la manera de acoger el Evangelio, con el discernimiento, con la humildad, con la sabiduría, con la disponibilidad, con la obediencia. Todo lo que vemos brillar en el corazón de María, todo lo que vemos aparecer en sus ojos, en sus palabras, en su corazón, todo eso es lo que nos sirve a nosotros de referencia para decir: Así es como se acoge el Evangelio, así es como se recibe a Jesús.
Varias veces en estos minutos de reflexión hemos comentado cómo el Adviento tiene tres maestros, tres líderes que nos van guiando, que nos van educando en la esperanza. El profeta Isaías, Juan el Bautista y la Virgen María. Está próximo el recuerdo, la celebración del nacimiento de Jesús. Nadie mejor que su propia y Santísima Madre para preparar el corazón con esas mismas actitudes y disposiciones para que Jesús también nazca en nosotros. Así sea.

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