Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

(1) Hay en el ser humano un anhelo que lo lanza hacia el futuro y hacia la fecundidad. (2) ¡No te vendas a los poderosos! Dios es el más poderoso, y suyo eres. (3) Aun en tiempos de tensión cuida al Niño que se te ha dado, y que se llama Jesús.

Homilía v20d008a, predicada en 20111220, con 33 min. y 34 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, es bueno descubrir que el futuro pertenece a los niños. Son ellos, solamente ellos, los que verán lo que la mayor parte de nosotros no vamos a alcanzar a ver. Podemos decir que cada niño es una anticipación de un futuro, un futuro que nosotros podemos ayudar a preparar pero que no podemos alcanzar a ver. Un niño es un mensaje del futuro puesto ya en el presente. A veces, se piensa que el niño es el mensaje que nosotros le enviamos a las edades futuras, eso en parte es cierto, porque lo que se construya en la mente y en el corazón de los niños va a determinar en buena parte cómo será el futuro.

Pero también es lo contrario, el niño no solo es un mensaje de nuestro presente hacia el futuro, el niño es un mensaje del futuro para el presente. Los niños nos van anunciando cómo será ese presente cuando sea el presente de ellos, lo que a nosotros nos parece un futuro. Estas reflexiones sirven para descubrir la relación que hay entre los niños, el futuro y la esperanza. El ser humano está hecho para la fecundidad. Por razones de la biología o por razones de los accidentes, o por decisión propia o por otras razones, hay personas que no tenemos hijos, pero eso no nos quita la necesidad de ser fecundos, eso no nos quita la pregunta sobre el futuro.

El ser humano está llamado a dar fruto. Jesús, que no tuvo hijos en esta tierra y que escogió a los apóstoles para que se reservarán completamente para el Reino de los Cielos, aunque algunos de ellos habían estado casados, Jesús dice a esos discípulos: Yo les he escogido para que vayan, y para que den fruto, un fruto que permanezca. El ser humano está creado para eso, para la fecundidad, estamos hechos para el futuro. Cuando uno no tiene hijos, uno busca otras maneras de ser fecundo. Por ejemplo, a través del servicio a los demás, a través de la docencia, a través del cuidado de otros.

Finalmente, el corazón humano necesita esparcir bondad, necesita sembrar bondad. La gran pregunta por el sentido de la vida se resuelve así, la vida tiene sentido cuando se entrega, la vida tiene sentido cuando es esparcir bondad, ahí es donde se encuentra el sentido de la vida. Una vida sacerdotal se vuelve triste, se vuelve amarga, se vuelve incomprensible, absurda, ridícula si no es una vida entregada. Una vida religiosa, en el caso de las hermanas, se vuelve ridícula, se vuelve absurda, se vuelve amarga si no es una vida entregada en bondad.

Y la vida de las parejas está hecha para entregarla. Los hijos que tú tienes no son tuyos, los hijos que tú tienes son el mensaje de amor que tú le entregas al mundo, que tú le entregas a la sociedad. Qué le vas a entregar a la sociedad, le vas a entregar a unos criminales, eso es lo que tú le dejas al mundo. ¿Qué le vas a entregar al mundo? Unos monstruos de egoísmo, unos tontos superficiales, gente habituada a la mentira. Tu legado para el mundo, si tienes hijos, es fundamentalmente esos hijos. ¿Qué les dejas, qué dejas a esta sociedad? Pues dejas esos hijos.

Entonces, llevamos esos tres puntos. Primero, que los niños son una carta que el futuro nos escribe y que ya nos llegó. Segundo, que la vida humana está hecha para ser fecunda. Y tercero, que esa fecundidad, en el caso de los que tienen hijos, supone responder a esta pregunta: ¿Yo qué le dejo a esta sociedad? Le dejo dos, tres o cuatro problemas, le dejo tres o cuatro criminales o le dejo tres o cuatro hombres y mujeres de bien. Gente que construye, gente que es capaz de sumar esfuerzos para un mundo mejor, gente que es capaz incluso de soportar la ingratitud, el hielo de la indiferencia, pero que sigue adelante. Esa es la pregunta que hay que hacerse.

Con esta introducción veremos, miremos un poco las lecturas de hoy, que precisamente nos hablan de niños por nacer. En la primera lectura hay un hombre llamado Acaz o Ajaz, de ambos modos se encuentra este rey, Ajaz era rey de Judá. Recordemos un poco la geografía, acuérdate aquel lugar donde se encuentra, ese lugar estratégico donde se encuentra Israel. Lo que tú conoces hoy del país de Israel, dividelo más o menos por la mitad, estamos hablando de una zona muy pequeña. Yo creo que el reino de Ajaz era más pequeño que el condado en el que nos encontramos, County Marion. Ese era el tamaño del reino, era diminuto.

Y ese reino tan pequeño estaba rodeado de unos gigantes, al norte tenían el país de Siria, que sigue dando que hablar en nuestra época, Siria. Un poco más, si seguimos arriba y a la derecha encontramos los grandes reinos de los medos, los persas, los caldeos, todos gigantes, corresponden al actual Irak y al actual Irán, países muy grandes. Al sur, suroccidente de ese Israel tenemos otro gigante que se llama Egipto. O sea que Judá, el reino de Judá, donde estaba Ajaz, era un reino diminuto en medio de unos gigantes. Y esos gigantes necesitaban ese pedazo de tierra, ese palmo de tierra.

Porque si uno recuerda el mapa, la ruta de todo comercio entre Asiria y Egipto o entre Egipto y Caldea, siempre tenía que pasar por ahí. Es decir que el pueblo de Dios está puesto, algo así como en un puente y a lado y lado hay grandes extensiones, estos imperios que he llamado gigantes. Y por eso, esos pueblos gigantes tenían bastante codicia y ganas de adueñarse de esa tierra. Y Ajaz se sentía como disminuido, se sentía diminuto frente a esos gigantes. Y las amenazas llegaban de un lado y de otro, pero lo más difícil para él no eran las amenazas, Ajaz intentaba hacer el juego de la política.

Si me atacan por el sur, o sea por Egipto, entonces yo hago alianza con Asiria. Y entonces, el que se meta conmigo se mete con Asiria y entonces Asiria me va a defender de Egipto. Pero si llega Asiria, entonces si me atacan del norte, hago alianza con el sur, con Egipto, de modo que el que se meta conmigo se mete con Egipto. Eso era lo que sucedía con Ajaz, humanamente algo muy explicable. Podemos imaginarnos que es la misma situación de un adolescente cuando llega a una ciudad y se encuentra que hay muchas pandillas.

Y entonces, él se siente desprotegido y cree, a veces, que la mejor estrategia es me voy a unir a la pandilla de los rojos para que si me atacan los azules, entonces los azules tienen que enfrentarse contra los rojos, no simplemente contra mí. O me voy a hacer con los azules para defenderme de los rojos. Suponiendo que los rojos y los azules sean las dos pandillas de ese barrio. Así que Ajaz estaba utilizando la estrategia de un adolescente asustado, voy a hacer alianza con éste, voy a hacer alianza con este otro. Esa clase de alianzas es muy peligrosa, esa clase de alianzas es peligrosa, como lo saben los jóvenes que se han unido a pandillas.

Si tú te unes a una pandilla, los de la pandilla quieren saber si tú realmente, realmente eres de ellos, eres del equipo de ellos, si crees lo que ellos creen y si juegas lo que ellos juegan. Y en el caso de estas alianzas políticas, pues resulta que todos estos pueblos eran politeístas, ellos tenían sus propias religiones y para ellos la religión era demasiado importante, como sigue siendo en esos mismos países, Irán, Irak, Siria, Jordania, Egipto, son países que toman muy en serio su religión. La religión de ellos ahora, en buena parte es musulmana.

Las religiones que tenían en esa época eran otras, pero siempre en esa región de nuestro planeta la religión ha sido algo muy importante, un factor muy grande de cohesión social. Entonces, el juego de Ajaz es un juego doblemente peligroso, porque él le iba a pedir protección a Asiria contra Egipto, pero él realmente no creía en Asiria. De hecho, si Asiria atacaba primero, entonces él no se hubiera aliado con Asiria, sino con Egipto. Cualquiera se da cuenta que ese es un puro manejo de conveniencias, ese ya es un peligro.

Pero el peligro más grande que ven los profetas no es simplemente el juego político, es decir, se van a dar cuenta que tú no estás en verdadera alianza con ellos. El verdadero peligro es ellos te van a obligar a que practiques su religión y a que creas en lo que ellos creen, ellos te van a cambiar tu religión. Y hay gente que vende su conciencia, hay gente que se pasa donde los testigos de Jehová porque les ayudaron a pagar una deuda, eso se llama vender la conciencia. Viene un monstruo que se llama una deuda de veinte mil dólares, de treinta mil dólares, ese es un monstruo que es Egipto que viene a comerme.

Y aquí tengo otro monstruo que se llaman los Testigos de Jehová, yo nunca he sido testigo de Jehová, pero entonces yo hago alianza con los testigos de Jehová para defenderme del monstruo de la deuda. Eso se llama vender uno el alma, eso se llama vender la conciencia. O sea que estos textos de la Biblia se cumplen hoy, hay personas que hacen esas cosas. Hay personas que cambian de religión por recibir unos mercados, hay personas que cambian de religión porque les paguen una deuda y eso es hacer alianza con Asiria para que no me ataque Egipto, eso es hacer alianza.

Y están en las reuniones de testigos de Jehová, o evangélicos o de lo que sea, porque estos fueron los que me pagaron la deuda. Y no se dan cuenta que luego que estén allá, pues a base de los diezmos lo que están es pagando el préstamo que les hicieron, no era una donación, era un préstamo y lo van pagando en cuotas, así de sencillo, pero ya le vendiste el alma a otra religión. Entonces Isaías, el profeta, tiene la cara de decirle al rey Ajaz: Mire, Dios es más grande que todos, Dios es más fuerte que todos. Usted no tiene que venderse. Y yo quiero que este mensaje nos quede muy claro a todos.

Usted no tiene que vender su cuerpo, usted no tiene que vender su conciencia, usted no tiene que vender su corazón, usted no tiene que vender su religión. Algunas personas se asustan con un monstruo horrible, el Egipto de ellas es la soledad o el Egipto de ellas, y digo ellas porque esto pasa más en las mujeres que en los hombres. El Egipto de ellas es: Nadie me quiere, nadie me va a querer, soy la fea, soy la rara. Entonces hay un monstruo que las persigue: Eres la fea, eres la rara. Nadie te va a querer, nadie nunca te va a querer, nunca jamás te van a querer.

Entonces, la muchachita se despierta por la noche gritando: Ay, ¿qué le pasó, mijita? No, no, nada, nada, tuve una pesadilla. ¿Cómo era la pesadilla? Había un monstruo que me repetía: Nadie, nadie la va a querer, nadie. Entonces, la muchachita, cuando la ataca Egipto, hace pacto con Asiria. Y Asiria ¿qué es? Asiria es el primer tonto que le diga: Aquí estoy yo para rescatarla de la soledad infinita en la que usted va a caer. Y ese tonto que no sabe ser hombre, ni sabe ser esposo, ni sabe ser papá, lo único que sabe es acomodarle bien acomodado un hijo, lo único que sabe hacer.

Ve los problemas, uno se siente atacado por Egipto y hace pacto con Asiria. Para que no me ataque la soledad, para no sentir que yo soy la rara, entonces, por lo menos, por lo menos tengo este, vamos a llamarlo, sujeto. Y no se da cuenta de que si él es un sujeto, ella es una sujeta. Por eso Isaías le dice a Ajaz: Hombre, no haga eso. Ese es el mensaje que nos está dando hoy la palabra, uno de los mensajes. No haga eso, no se venda o no venda su religión, no venda su cuerpo, no lo venda, no venda la paz de su alma, no venda su conciencia.

No por el hecho de que usted se sienta atacado por uno y otro lado, entre la pandilla de los rojos y la pandilla de los azules, entonces me tengo que unir con alguna pandilla. Así termina la segunda parte. La primera parte era la introducción, que era lo de los niños y el futuro. La segunda parte es cuando usted se encuentra entre Egipto y Asiria. Que eso ha cambiado de nombre, antes se llamaba Asiria, luego se llama Siria, nombres que tiene desde antiguo. Pasemos a la tercera parte, ¿qué le dice el profeta? El profeta le dice a este rey, el rey estaba bastante tenso, según las crónicas, el rey tenía gastritis.

Le dice el profeta al rey: «Pide al Señor, tu Dios, una señal. Aunque sea en lo profundo del abismo, aunque sea en lo alto del cielo, pide una señal». Durante años me he preguntado por qué Dios le dice esa pregunta a Ajaz. La conclusión a la que he podido llegar, quizás haya una respuesta mejor, es esta, Dios le está diciendo a Ajaz: Yo entiendo su angustia, hermano. Yo entiendo que usted se sienta solo. Yo entiendo que usted se siente amenazado. Yo entiendo que usted está durmiendo mal. Yo entiendo que usted no come y lo poco que come no le aprovecha. Yo sé que usted se encuentra en una mala situación.

Y vengo aquí para darle una señal de esperanza. Vengo aquí, le dice Dios a Ajaz, vengo aquí para decirle hermano que estoy con usted. Esa es, creo yo, esa es la implicación que tiene la palabra del profeta. Pídele, le dice el profeta, pídele una señal al Señor. Yo sé que te sientes asustado porque eres muy pequeño y estás rodeado de gigantes. Pero mira, Dios está contigo, nada más pide una señal. Ajaz ha pasado el punto de los nervios, la tensión, el dolor de cuello, la gastritis, se le subió ya la tensión arterial, él ya ha pasado por todo eso. Ha llegado a un punto tal, que ya, en realidad, no cree.

Y por eso dice: No voy a poner a prueba al Señor. Es muy curioso el estado psicológico de Ajaz. Por un lado, él sabe que Dios existe, pero, por otro lado, él prefiere tener un Dios muerto y lejano y no arriesgarse a pedirle una señal a Dios y que ese Dios termine de morirse dentro de él. Es algo difícil de explicar, pero aquí debe haber quien me está entendiendo. Hay momentos de tanta angustia que la persona dice: No quiero, no quiero utilizar ese último recurso, no quiero abrir ese último cajón, porque qué tal que ese este vacío. Es tanto su miedo, es tanto el terror que tiene que prefiere no abrir esa última caja, ese último cajón.

Prefiere seguir pensando que sí existe un Dios, aunque sea un Dios lejano, un Dios inútil, un Dios muerto. Mejor un Dios imaginado y muerto, que no un Dios que realmente se me muera. Es un estado psicológico espantoso y es un estado que yo lo he visto en personas humanas, en mi época, hay personas que llegan a eso. Yo he conocido gente que dice, y tengo casos muy cercanos, gente que dice: Yo ya no le pido nada a Dios, están en la situación de Ajaz, yo no le pido nada a Dios. Como quien dice, para no seguir recibiendo una negativa de parte de Dios, mejor ni le pido. Esa es la situación en la que se encuentra Ajaz.

Y entonces Isaías lo regaña, lo regaña para despertarlo y le dice: ¿Quieres cansar también a Dios? El Señor por su cuenta te da una señal. La Virgen, la doncella, está esperando, está embarazada, va a dar a luz un hijo varón que se va a llamar Dios con nosotros, es decir, Emmanuel. Acuérdate que Dios le había hecho una promesa al rey David, eso lo vimos en la Eucaristía del domingo pasado. Un profeta llamado Natán le dijo a David que Dios le iba a dar solidez a la descendencia de David, que la dinastía de David no iba a caer. Entonces, así entendemos la palabra que le da Isaías aquí.

Isaías lo que le está diciendo a Ajaz es, el Dios que lo prometió, lo cumple, el Dios que prometió estar contigo, está. Y mira, ya viene un descendiente. Seguramente cuando el profeta dijo esa expresión, el primer sentido que tenían sus palabras era un hijo de la esposa del rey. Es decir, lo que Isaías le estaba diciendo, en primer lugar, al rey en ese momento era Dios confirma su promesa, la bendición se mantiene, ya viene descendencia, Dios defenderá a la casa de David. Podemos traducirlo también de esta manera: Dios ya está abriendo un futuro, Dios ya está preparando un futuro.

Pues mis hermanos, ese mensaje también es para nosotros. En tiempos de angustia, en tiempos de estrechez, en tiempos de tensión, en tiempos de dificultad, hay un niño que viene, hay un nuevo comienzo en la persona de Jesús. Entre tantas preocupaciones que debía tener Ajaz en su cabeza, ¿qué hago yo, hombre, con Asiria, qué hago yo con Egipto, qué hago con esta gente? Me van a triturar, van a acabar con todo esto, va a ser terrible. En medio de toda esa angustia, Dios le añade un pequeño problema, que es una gran solución, es que ya hay un hijo que viene. Ese hijo es la confirmación de la promesa de Dios, ese hijo.

Cuida a ese niño, cuida al heredero, cuida al descendiente, cuida al hijo. Mis hermanos, nosotros somos invitados hoy, invitados a cuidar al niño. En medio de tus angustias, de tu Egipto y de tu Asiria, cada uno tiene su Egipto y su Asiria. Cuando uno siente que lo están triturando entre dos, eso se llama Egipto y Asiria. Bueno, pues te dice el Señor: Mira, en ese momento cuando te sientes así, que te trituran, cuida al niño. ¿Qué es cuidar al niño? Cuidar al niño es cuidar a ese Jesús que viene humilde, que viene pequeñito como todo niño.

Que en medio de tus preocupaciones, preocupaciones de trabajo, preocupaciones de vivienda, preocupaciones de salud, preocupaciones de los papeles, preocupaciones, preocupaciones y más preocupaciones y llega un momento en el que uno queda todo contrahecho de las preocupaciones: Usted ¿qué le pasa? Estoy preocupado. En medio de Egipto y Asiria, cuida al niño, no se te olvide cuidar al niño, cuida a Jesús. Jesús viene. ¿Qué es cuidar a Jesús? Pues lo que se hace con un niño, se le dedica tiempo al niño, se alimenta al niño, se gasta tiempo con el niño. Eso es cuidar al niño.

Cuida al niño, cuida a Jesús, alimenta al Jesús que viene a tu vida en esta Navidad. Cuida que ese Jesús crezca dentro de ti. Todo aborto es repugnante y es un horrible crimen, pero de caridad, no vayas a hacer un aborto de tu vida cristiana. Permite que Cristo crezca en ti, aliméntalo. ¿Qué más se hace con un niño? Se gasta tiempo con el niño, a los niños hay que gastarles tiempo, mucho tiempo, hay que tener mucha paciencia con el niño. Pues eso, gastarle tiempo a Jesús, gasta tiempo con Jesús, cuida a Jesús que está dentro de ti. ¿Te has confesado? Hace poco te confesaste. Cristo vive en ti, cuida ese Jesús que está en ti, que ha nacido en ti.

Recibes la Sagrada Comunión, Cristo vivo viene a ti. Cuida ese Jesús que llega a ti. Jesús está en la persona del pobre, en la persona del inmigrante, en ese pariente que tú no quieres voltear a mirar, ahí está Jesús. Cuida ese Jesús, no descuides a tu prójimo. El que tiene más necesidad, no lo descuides, cuida a Jesús, gástale tiempo a Jesús. Pero es que tengo a Egipto que me oprime, tengo a Siria que me está triturando. Entre Egipto y Asiria, cuida al niño, gástale tiempo al niño, quédate a solas con Jesús. Jesús es tan agradecido, Jesús te cuida tanto, Jesús te bendice tanto, gástale tiempo, piérdele tiempo a Jesús. Cuida al niño, alimenta tu vida cristiana.

No permitas que las angustias, las angustias que llegan a esta vida, a veces por cosas materiales, es que no hay prácticamente para comer. A veces por angustias legales, a veces por asuntos de salud, a veces por problemas afectivos. Me siento oprimido porque estoy demasiado solo, porque nadie me entiende, nadie me comprende. A veces uno vive esos momentos, nadie me comprende, soy solo. En esos momentos espantosos en que usted siente que Egipto y Asiria le están triturando la vida, hay que cuidar al niño. Cuide al niño, Dios le da un niño, ese niño es regalo para todos. El ángel dijo a los pastores: Este niño será alegría para todo el pueblo.

Cuida al niño, no pierdas tu relación con Jesús jamás, Jamás. Todo se puede perder, pero no puedes perder tu relación con Jesús. Vas a alimentar tu vida cristiana, vas a gastarle tiempo a Jesús, vas a estar con Jesús. Jesús es muy agradecido, Jesús bendice de una manera increíble. Yo he conocido personas que están con una angustia brutal, están tensos, no saben qué hacer, no encuentran un camino, pero respetan el tiempo con Jesús. Y entonces, a veces la gente haciendo una oración ante el pesebre, haciendo una oración ante el Sagrario, les llega una luz. Ay, si yo hablo con tal persona, la solución que te da Cristo.

Yo te digo una cosa, Cristo es lo más agradecido que existe en esta tierra. Gástale tiempo a Jesús y verás a Jesús derramando bendiciones abundantísimas en tu hogar, en tu pareja, en tu trabajo, en tu familia. Hemos terminado, hermanos, tres puntos no más. Los niños, que nos obligan a mirar al futuro y todos tenemos que ser fecundos. Segundo, el drama del rey entre Egipto y Asiria y la palabra del profeta: No te vendas, por favor todos tener eso muy claro, sobre todo jóvenes, aprender eso.

No te vendas, no te vendas, no vendas tu cuerpo, no vendas tu salud, no vendas tu pureza, no vendas tu alma, no vendas tu mente, no, tu no estás en venta, tu eres de Dios, tú no estás en venta. Tercero, cuida al niño. Dios te da un regalo en esta Navidad, como se lo dio a Ajaz, como se lo dio a María. Cuida al niño, gástale tiempo al niño, alimenta tu vida cristiana. Jesús es muy agradecido, tú vas a experimentar poderosa bendición de Dios. Amén.

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