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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios con nosotros.
Homilía v20d002a, predicada en 19991220, con 17 min. y 4 seg. 
Transcripción:
Hermanos míos, son tan hermosas las lecturas de estos últimos días de Adviento, porque ya nos parece sentir esa dulce expectativa, esa esperanza cercana que, sobre todo, María, la Santísima Madre de Cristo y también San José tenían, ese gozo, esa esperanza ante la proximidad de la salvación. El Adviento es tiempo de esperanza y tiempo de alegría, porque aquel que viene, viene para nuestro bien, viene para nuestra salud, viene para nuestra sanación, viene para nuestra liberación, viene como perdón nuestro, viene como luz para nosotros, viene a marcar ese camino, verdadero camino que nos lleva hasta el Padre Celestial.
Qué alegría para nosotros vivir con intensidad esta esperanza. Y las lecturas que nuestra madre, la Iglesia, ha escogido, sirven para que el corazón se caliente de amor pensando, por ejemplo, en esos últimos días. Nosotros celebramos en la noche del 24 al 25 de diciembre la Natividad del Señor, falta muy poco tiempo, estamos a 4 días, 4 o 5 días de ese acontecimiento. Qué hermoso ser guiados por la Palabra de Dios y pensar, por ejemplo, en lo que fueron esos últimos días antes del nacimiento de Cristo. Podemos imaginar a María con esa barriguita santa, ya próxima a dar a luz.
¿Cómo serían las oraciones de ella, qué sentiría ella, cuál sería su súplica, su agradecimiento, su confianza en Dios, cómo sería esa dulce esperanza? Hace poco, en mi familia nos visitó un bebé. Mi hermano menor, que se había casado de último, es ahora papá. Cómo impresiona especialmente ese milagro de la vida, todos sabemos que hay un niño que viene en camino. Pero, solo los papás y solo las mamás podrían contarnos lo que se siente cuando ya falta poco tiempo. Y ahí está, se mueve, está vivo, está vivo, se mueve. Parece a veces que quisiera hablar, que quisiera expresarse.
Hermanos míos, en estos últimos días del Adviento, porque ya la Navidad está a las puertas, en estos últimos días, una primera meditación que podemos hacer es esa: falta poco. ¿Cómo sería eso, el Niño Jesús en el vientre de María? Un ejercicio cariñoso que hacen muchas veces las esposas embarazadas es tomar la mano del esposo y hacer que sienta la barriguita cuando se mueve el niño. Y los que son papás dicen que les da nerviecitos y que les da escalofrío, les da impresión y gozo. Hay que vivir la realidad de la encarnación, gozarnos en ese pensamiento, en ese niño que se fue tejiendo por obra del Espíritu en el vientre de la Virgen.
Punto número dos, vamos a pasar a una segunda manera de meditar las lecturas de hoy. Hoy, las lecturas le dan muchos nombres a Cristo. Un fraile agustino del siglo XVI llamado Fray Luis de León, escribió una hermosa obra llamada: De los nombres de Cristo, porque esa es una manera de fascinarnos por Jesús y de aprender a amarle. Cristo es uno de los nombres que tiene nuestro Señor, pero Cristo recibe muchos nombres en la Escritura, por ejemplo, o lo llaman o Él se llama: Sol que nace de lo alto, le llama Zacarías al comienzo del Evangelio de Lucas. Él dice: «Yo soy la luz del mundo». Él se llama a sí mismo: «Pan verdadero».
¿Qué nombres de Cristo han aparecido en estas lecturas de hoy? Muchos, mira, por ejemplo, dice aquí: «La Virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pone por nombre Dios con nosotros», que en hebreo se abrevia, a veces, diciendo Emmanuel. Este es un nombre de Cristo, Dios con nosotros. Tenemos a Cristo, tenemos a Dios con nosotros. Y si Dios está con nosotros, nos dice San Pablo, ¿quién estará contra nosotros? Y también dice el mismo apóstol: «Y ¿quién podrá separarnos del amor de Cristo? Ni la muerte, ni la espada, la aflicción, la desnudez, el hambre, nada puede separarnos del amor de Jesucristo». Tenemos a Cristo, tenemos a Dios con nosotros.
Cuando un niño siente un peligro, lo primero que hace es correr donde la mamá o correr donde el papá. Si llega, por ejemplo, una persona extraña, normalmente los niños son tímidos y es bueno educarlos un poquito en la timidez, precisamente para que sepan guardarse los extraños, Llega una persona extraña, el niño retrocede, mira a ver este animal de monte, ¿qué será? Y corre donde la mamá, se acerca donde la mamá o donde el papá. Y ya cuando está protegido por el papá o la mamá, se le pasó el miedo, como que siente el niño: Si estoy con mi mamá nada me puede pasar.
Desde luego que la mamá no es una diosa y sí le pueden pasar cosas a los niños cuando están con las mamás. Pero lo que quiero decir es que esa es la misma actitud que nosotros, con más derecho y con mayor eficacia, podemos tener si descubrimos verdaderamente que Cristo es Dios con nosotros. Las tentaciones parecen a veces fuertes. Habla uno con una persona y dice: Padre, es que mi ambiente de trabajo es muy pesado, tenemos muchas dificultades, hay muchas tentaciones, hay muchos problemas, se presentan muchas dificultades.
Los jóvenes, ¿qué dicen los jóvenes? Hay muchas tentaciones, el cuerpo le está cambiando a uno, la televisión, las propagandas, las revistas, los amigos le hacen a uno muchas propuestas y se despiertan los sentidos, hay muchas tentaciones. El matrimonio, por ejemplo, hoy con frecuencia se dice el matrimonio está amenazado, ¿por qué? Porque hay mucha infidelidad, hay mucha mujer descarada, hay mucho hombre cínico, hay muchas tentaciones. Esas tentaciones son los extraños, son los enemigos. El niño eres tú y el regazo que puede protegerte se llama Jesucristo. Cristo, Él es el que puede protegerte.
Si el niño ve que viene una persona extraña y se queda mirando a ver qué le va a hacer o qué le va a decir, Dios nos libre, algo grave puede suceder. Pero el niño, sin que nadie le enseñe, corre donde el papá o donde la mamá para ponerse a cobijo, ponerse en protección. A uno ¿por qué lo muerde la tentación? Porque uno no corre donde Cristo. San Pablo nos dice: Dios dará, junto con la tentación, el buen resultado de resistirla. No habéis resistido todavía hasta la sangre, dice la carta a los Hebreos. Y en otro lugar dice: Ninguna tentación es superior a vuestras fuerzas. Nosotros podemos vencer a la tentación.
La juventud no se hizo para el pecado, nosotros podemos vencer al pecado, pero podemos vencer si miramos a este nombre de nombre de Cristo, Dios con nosotros. Tú solo no, con Cristo sí, con Cristo sí puedes, Dios con nosotros. El problema está en que uno muchas veces invoca a Jesucristo ya de último. Las tentaciones se pueden vencer, sí, pero se pueden vencer en los comienzos, en los comienzos. Si ya se deja que la tentación coja cuerpo y coja fuerza, ya tal vez ya no la podemos vencer, ya tal vez no la podemos vencer.
Hay un caso típico, una persona se casó, recibió el sacramento del matrimonio, le fue mal en el matrimonio católico, se fue a vivir a la casa de los papás, esta es historia de la vida real. La persona se casó, le fue mal en su matrimonio, se fue a vivir donde los papás. La persona tiene la idea de que su matrimonio católico era nulo, tiene esa idea. Porque ustedes saben que en la Iglesia Católica no hay divorcio, lo que hay es declaración de nulidad, y eso no para todos los casos, sino cuando se demuestra que antes del matrimonio, antes, antes, no es por lo que pasó después.
Antes del matrimonio hay causales verdaderos de nulidad del sacramento, es decir, no hubo sacramento, no es que hubo y se disuelve, sino que no hubo. Cuando se demuestra eso se hace una declaración de nulidad. La persona como que presiente que, tal vez, su matrimonio daría para investigar si fue nulo o fue válido. Mientras está en esa situación, empieza a darse vida de soltero o de soltera. No, es que yo tengo que rehacer mi vida, yo tengo que rehacer mi vida. Claro, viviendo como soltero, pero ya con la experiencia de casado, tiene mucho más atractivo. Esto sí es así, eso lo sabe uno, porque uno ha visto muchos casos.
El que vive como soltero, con experiencia de casado, ese es el hombre más interesante para las mujeres y la que vive con experiencia de casada, pero como soltera, esa es la más atrevida, la más lanzada entre las mujeres. Entonces, se pone a vivir esta persona así, salir con uno, salir con otro. Obviamente, ¿qué va a suceder? El corazoncito se le va a pegar a alguien, después de que está bien enamorado. Ay, ahora ¿yo qué hago? Ah, pero es que figúrate que es que yo soy casado por la Iglesia, pero yo creo que ese matrimonio ni vale, eso fue por allá un papel, como dicen las canciones, ese es un papel que quedó allá atrás.
Pero el amor lo he encontrado contigo. Conclusión, ahorremos, usted gastando cobijas, yo gastando cobijas, ahorremos. Y se organizan, porque así llaman ahora eso, se organizan. Después de que se han organizado, primer niño, segundo niño, tercer niño. Después de que llevó vida de soltero, se enamoró, juntaron cobijas, se organizaron, primer hijo, segundo hijo, tercer hijo. Después de todo eso, entonces ahí sí pregunta, le pregunta al padrecito: Ay padre, y ¿yo qué hago con ese matrimonio? No ve que es que en el corazón nadie manda, no ve que es que las cosas se fueron dando.
Mentira, mentira. Usted vivió de tal manera que las cosas se fueron dando, usted vivió para que se dieran esas cosas o, como se dice popular y casi vulgarmente, usted siguió las leyes de la papaya. Por consiguiente, no venga aquí a decir que fueron las circunstancias, como decían antes las señoritas: Pasó lo que tenía que pasar. No, señor, no tenía que pasar. Pero para que no pasara, había que saber que Cristo es Dios con nosotros y había que apelar a Cristo. Pero antes de que el corazón se acelere, antes de que el corazón se acelere, les voy a contar una historia un poquito fuerte, pero no lo digo en tono vulgar.
Fue una muchachita muy sencilla, casi campesinita, fue donde el padre párroco y le dijo: Padre, ¿yo qué hago? Que es que ese novio mío es muy abusador y se está pasando mucho. Y le decía el padre: Pues usted defiéndase, grite, haga algo. Y dice ella: No ve que la feroz risa no dejó. Ah, entonces, si usted está viendo a ver si la feroz risa deja o no deja, ahí la tentación se lo come vivo. Y lo que vale para este tipo de pecados, vale para los demás pecados, vale para el que tiene cualquier vicio, por ejemplo, el que es alcohólico.
Si usted es alcohólico y empieza a visitar los amigos, no se sabe cuál está más podrido y cirrótico, y empieza a visitar los amigos y a llamarlos por ahí, viernes siete, siete y cuarto de la noche: ¿Usted qué va a hacer hoy y dónde nos vamos a encontrar? Pues así es difícil salir del vicio. Pero en los comienzos, si usted vuelve su mirada a Jesucristo, si usted invoca a Jesucristo, usted puede vencer el pecado. Quién le está predicando aquí no es una persona inocente, yo no soy inocente ni soy santo.
Más bien soy una persona que tiene la experiencia del poder maravilloso de Jesucristo para defendernos en nuestras tentaciones, si nosotros nos acordamos de que Él es Dios con nosotros. Verdaderamente Él es Jesús, palabra que significa Salvador. Verdaderamente, Él es el Rey que hereda el trono de David. Verdaderamente Él es el Hijo de Dios. Verdaderamente, como lo llamó el ángel, Él es el Santo, y a Él la gloria, la alabanza y el amor por los siglos. Amén.

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