Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Tus obras deben mostrar que eres hijo de Dios y que vives como tal, quién es tu Señor y que en ti se puede encontrar paz y luz.

Homilía v033010a, predicada en 20221214, con 6 min. y 32 seg.

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Transcripción:

Hay una frase que me encanta: la carta de presentación de Cristo son sus obras. Observa este pequeño detalle en el texto del Evangelio de hoy: «Llegaron algunos de parte de Juan Bautista preguntándole ¿Eres tú el que tenía que venir o debemos esperar a otro?». Y no sé si te diste cuenta, Cristo no les responde inmediatamente, nos dice el evangelista, en aquel momento él estaba sanando a muchos enfermos, expulsando muchos demonios, eso era lo que estaba haciendo Cristo. Y cuando terminó, nos dice el Evangelio, después de eso, les habló. Como quien dice, primero actuó, primero las acciones y después las palabras. Primero las acciones y luego las palabras. Su carta de presentación son sus obras.

Una frase que se ha vuelto bastante popular y creo que, con toda la razón del mundo, es aquella que dice: Tu vida es el único Evangelio que algunos van a leer. Tu vida, el único Evangelio que algunos van a leer. Es decir, que nosotros, lo mismo que Cristo, estamos llamados a utilizar como carta de presentación, no tanto la manera como hablamos, sino la manera como vivimos, que esa sea nuestra carta de presentación. Y esto nos conduce a una reflexión muy práctica y muy bonita, porque entonces uno tiene que preguntarse: ¿qué es lo que tiene que ir en mi tarjeta de presentación? Ya sabes que en las tarjetas de presentación siempre se ponen algunos datos, ese tipo de tarjetas que se reparten, por ejemplo, en un encuentro empresarial: Mira, quédate con mi tarjeta tal.

¿Qué dice ahí? Toda tarjeta tiene por lo menos tres cosas importantes. Pues aparte del nombre que es obvia, el título, por ejemplo, soy el gerente de tal empresa, soy representante de ventas o soy profesional de la salud. El título, es decir, qué es lo que tú haces, cuál es tu impacto en la sociedad, eso lo lleva a tu tarjeta. En segundo lugar, tu tarjeta dice para quién trabajas. Por ejemplo, soy representante de una multinacional. O por ejemplo, soy profesor, qué sé yo, de sociales en tal universidad o en tal colegio, trabajo para tal taller. Para quién trabajo, cuál es mi título, para quién trabajo.

Y ¿qué es lo otro que tiene toda tarjeta? Lo tercero que tiene es cómo puedes contactarme. Usualmente se dan varias posibilidades, este es el teléfono de mi oficina, este es el teléfono de mi taller, este es mi celular, este es mi correo electrónico, este es mi WhatsApp. Entonces, en una tarjeta aparte del nombre, que repito, es obvio, hay tres cosas. Y esas tres cosas son: cuál es mi título, para quién trabajo y cómo contactarme. Apliquemos ese principio fundamental de las tarjetas de presentación a nuestra vida cristiana, porque ya sabemos que la tarjeta de presentación de un cristiano son sus obras. Entonces, ¿qué es lo que tienen que decir tus obras, qué es lo que tienen que decir tus acciones? Tus acciones tienen que decir esas tres cosas, ¿cuál es tu título?

Y de acuerdo con San Basilio y San Gregorio, dos de los grandes santos del siglo IV, el primero y principal título nuestro es: Soy de Cristo, soy hijo de Dios. Entonces tu tarjeta, es decir, tus acciones, tienen que mostrar si eres hijo de Dios, si vives como hijo de Dios, si te sabes hijo de Dios, si irradias la alegría, la gratitud, eso es lo que significa ser hijo del Altísimo. Ese es tu título principal, ¿lo irradias, lo transmites, se te nota? ¿Para quién trabajas? Es decir, ¿cuál es tu Señor? ¿En tu modo de actuar Se nota que Dios está primero, que tú estás trabajando para Él? Cristo decía: «No podéis servir a dos señores». ¿Se te nota cuál es tu Señor? Y tercero, ¿cómo puedes contactarme?

El Papa Francisco ha dicho muchas veces que el pecado principal de nuestro tiempo, pecado principalísimo de nuestro tiempo, es la indiferencia. Y sabes ¿qué es la indiferencia? La indiferencia significa, no tengo tiempo para ti, no tengo corazón para ti, no tengo presupuesto para ti. Es decir, no me contactes. Esa es la indiferencia. La indiferencia significa no me contactes, no estoy disponible para ti. Y tú, como mujer de Cristo, como hombre de Cristo, ¿tú eres disponible, tú eres alcanzable, se te puede llegar? Si alguien en tu entorno tuviera un problema, ¿pensaría en ti? Si una persona en tu entorno está muy triste o está muy preocupada, o está muy resentida o está muy disgustada, ¿sabría, tendría la certeza de que puede encontrar en ti un poco de paz, un poco de luz, eres alcanzable y todo eso lo dice en tus acciones?

Mira qué desafío el que nos pone esta hermosísima lectura del Evangelio de hoy. El Señor te bendiga y te conceda un santo Adviento.

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