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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios, que viene, desde lo alto; y el hombre que busca a Dios: volveos hacia Mí para salvaros, confines de la tierra. El Adviento es tiempo de encuentro.

Homilía v033009a, predicada en 20211215, con 5 min. y 16 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, la primera lectura del profeta Isaías nos presenta este tiempo de Adviento y Navidad como un encuentro. Observemos cómo hay un movimiento de Dios hacia el hombre y un movimiento del hombre hacia Dios. Esto es como ese abrazo, en el cual quienes se abrazan deben dar ese paso al encuentro del otro. La parte de Dios aparece signada por la gracia: «Que desde lo alto se destile al justo. Que las nubes hagan llover la salvación». Desde lo alto viene el Señor, pero nosotros no hemos de permanecer pasivos, sino que salimos a su encuentro, está eso en aquellas palabras del profeta: «Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra».

De tal manera que está la obra de la gracia, el regalo que Dios nos hace, por una parte. Pero, por otra parte, está el camino que nosotros emprendemos para ir al encuentro del Señor. El Adviento tiene las dos cosas, la certeza de que hay un Dios que nos ama por encima de toda medida y el camino que nosotros emprendemos, dejando atrás toda idolatría: «Yo soy Dios y no hay otro». Entonces, la parte nuestra, la manera de prepararnos nosotros es desechar toda idolatría para reconocerle a Él como nuestro único Señor, para esperarle con amor, con confianza y con alegría. Lo que nosotros hemos de hacer es apartar toda idolatría y volvernos hacia Él, y lo que Él hace y lo que Él hará es regalarnos su presencia, su don magnífico, la obra de su amor.

Ahora bien, este lenguaje lo entienden, en primer lugar, los necesitados. Es ahí donde encontramos el texto del Evangelio. ¿Quiénes son los que rodean a Cristo y quiénes son como esa primera corona de testimonio alrededor del Mesías? Aquí se nos dice: «En aquella hora Jesús curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus». Fundamentalmente aquellos que están en necesidad, van a ser los primeros en cumplir lo que dijo el profeta: «Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra». Como quien dice va primero, llega primero, reconoce primero al Mesías, el que tiene conciencia de su propia necesidad, de su propia enfermedad, de su propio achaque, del ataque del mal espíritu. Aquella persona que tiene esa conciencia es el primero en volverse hacia Cristo.

Y aquí, entonces, tenemos otra clave para el Adviento. Cuanta mayor sea nuestra claridad de la necesidad que tenemos, cuanto mayor sea nuestra claridad de lo frágiles, de lo débiles, de lo muchas veces mediocres e incoherentes que somos, cuanta mayor claridad tengamos de nuestra enfermedad, más ágil será nuestro paso para buscar al Señor, para salir a su encuentro, para dejar toda distracción de lado y avanzar presurosos hacia Él.

En conclusión, el Adviento es preparación de un encuentro. Dios viene a nosotros por su gracia, como un puro regalo, y nosotros recibimos al Señor apartándonos de la idolatría, sabiendo que el camino más ágil para dejar nuestros engaños, nuestras idolatrías, es reconocer nuestras necesidades. Cuanto más pronto las reconocemos, cuanto más pronto reconocemos que solo Él es el Señor, más ágil será nuestro paso, más fecundo será nuestro Adviento y más feliz será nuestra Navidad.

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