Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La conversión es decirle a todo lo que esté ocupando el puesto de Dios ?a tu sitio?, recupere Dios su lugar y todo lo demás encontrará el suyo.

Homilía v033007a, predicada en 20201216, con 3 min. y 16 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de la Santa Misa de hoy nos recuerda la primera y fundamental verdad de nuestra fe. Eso que siempre se nos olvida y eso que la Iglesia siempre nos recuerda. Eso que dejamos de lado cuando entramos a pecar y eso que volvemos a abrazar cuando dejamos el pecado. ¿Qué es eso que se nos olvida y que siempre hay que recordar, sobre todo en el Adviento? Que Dios es uno, que Dios es uno, que solo hay un Dios. Eso, eso es lo que se nos olvida, que no hay que servir a otros dioses, que no hay que buscar otros dioses, que Dios es uno. «Yo soy el Señor y no hay otro», Isaías 45. «Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra».

Todo pecado es siempre olvidarse de Dios, posponer a Dios, quitarle el primer puesto a Dios. Todo pecado es siempre eso, y toda conversión es siempre devolverle a Dios el puesto que a Él le corresponde. Esa es la conversión, es así de sencillo. Quitaste a Dios de su puesto, yo también, con mi pecado, hemos quitado a Dios del puesto que le corresponde a Él, el que solo Él puede tener, el que solo Él se merece. Hemos quitado a Dios de ese puesto y se lo hemos dado a otra cosa, a una idea, a una persona, a un placer, a una ganancia. Hemos quitado a Dios y hemos puesto otra cosa.

Y la conversión ¿cuál es? Decirle a todo lo demás, a todo lo que esté ocupando el puesto de Dios. Tú, a tu sitio. Recupere Dios su lugar y todo lo demás encontrará el suyo. Cuando Dios vuelve a su puesto, todo encuentra su lugar. Estamos, está ya bien avanzado el Adviento. Yo creo que es el tiempo de tomar las decisiones que hay que tomar. Es el tiempo de decir: Sí, sí, te acepto, Señor. Muchas cosas no entiendo, muchas cosas me van a costar, muchas cosas van a ser difíciles o dolorosas para mí, pero te acepto y voy contigo. Y quiero que tú tengas el lugar que solo tú te mereces, quiero que tú tengas ese lugar, Señor. Esa es la conversión, ese es el sentido del Adviento. A vivirlo, a vivirlo con ganas y con fuerza. Amén.

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