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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La persona que vive la espiritualidad del Adviento es consciente de que ha cometido errores, de que es frágil, del poder del pecado y la tentación en su vida; por todo ello desplaza su esperanza y su confianza al Señor.
Homilía v032011a, predicada en 20211214, con 4 min. y 28 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del profeta Sofonías en el capítulo tercero, y es clave esta lectura durante el tiempo de Adviento, porque nos da la espiritualidad propia de este tiempo litúrgico, es decir, nos enseña qué es realmente esperar al Señor, qué es realmente poner nuestra esperanza en él. La frase clave es aquello que dice Dios a través del profeta. Voy a dejar en medio de ustedes un pueblo pobre y humilde, un pueblo pobre y humilde que confía en el Señor, esa es la clave. Es decir, gente que ha aprendido a desconfiar de sus solas fuerzas, a desconfiar de los poderes de este mundo y a confiar en Dios, a confiar radicalmente, totalmente poderosamente en el Señor. Ese desplazamiento de la confianza es la dinámica misma del Antiguo Testamento. ¿A qué llamamos desplazamiento de la confianza? Mira lo que sucede cuando la persona ha aprendido a descubrir sus propias limitaciones. Es consciente de sus errores, pero no se encierra en la desesperación, no se encierra en el cinismo, en decir simplemente yo soy así, y qué. Es un poco el lenguaje que hoy se oye tanto, como quien dice yo no voy a cambiar. Mira, declarar uno, que uno no va a cambiar es encerrarse en una prisión demasiado estrecha. Entonces hay un desplazamiento de la confianza, esta es la idea fundamental. La persona que es consciente de que ha cometido errores, de que es frágil, persona que es consciente del poder, que el pecado que la tentación ha tenido en su vida. Persona que es consciente de sus límites pero no se encierra en ellos, sino que de alguna manera sale de sí mismo para poner su esperanza en el Señor. Esa es la espiritualidad del Adviento. Pero nos falta otro detalle muy importante. Persona que tampoco va a poner su esperanza únicamente en las cosas, en las filosofías, en las políticas, en los líderes de este mundo. No, ni en las cosas, ni en las personas de esta tierra, ni en mí mismo. Desplazamiento de la confianza. Ese es el Adviento desplazamiento de la confianza para decirle al Señor: En ti pongo mi esperanza, en ti pongo mi confianza, en ti está mi fuerza, Señor, en ti y solamente en ti. Esa, esa es la actitud, esa es la actitud que nos lleva a descubrir que en él está nuestra fuerza, en él está nuestra vida y por eso es también la raíz de nuestra alegría. Por eso tenemos gozo, porque el que pone toda su esperanza simplemente en sí mismo. Mira, pues, si sabemos quiénes somos, sabemos que vamos a fallar antes o después. Poner la esperanza en alguien de esta tierra, en un partido político, en un líder, en un pensador, en una filosofía. Voy a ponerle yo mi vida, mi esperanza a alguien, no solo a ese alguien con a, mayúscula que es el Señor. Mi felicidad no está ni en la esposa, ni en el esposo, ni en los hijos, ni en el jefe, ni en el partido político, ni en mí mismo. Desplazamiento de la confianza que me da certeza, que me da alegría y que me permite vivir un auténtico Adviento.

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