Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La manera de avanzar hacia el Reino de Dios es acogiendo el llamado al arrepentimiento. Cuidado con los pecados ocultos porque nos es más difícil reconocerlos y en consecuencia arrepentirnos de ellos.

Homilía v032010a, predicada en 20201215, con 6 min. y 14 seg.

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Transcripción:

¿Habrá algo peor que desconocer la Biblia? Creo que sí, hay algo más grave, tomar pedacitos de la Biblia, los que a mí me convienen. Es como lo que dicen a veces una media verdad, hace más daño que una mentira. ¿Por qué estoy mencionando esto? Porque el texto del Evangelio de hoy ha sido tomado del capítulo veintiuno de San Mateo, que es donde Cristo nos dice su famosa frase: Los publicanos y las prostitutas van delante de ustedes hacia el reino de Dios.

Pero qué pasa, que si yo me quedo con esa frase, da la impresión de que lo mejor que uno puede hacer es pecador y que cuanto más pecador, mejor. Te das cuenta cómo hemos retorcido el sentido de las palabras de Cristo. Si recortamos ahí es donde queremos recortar. Ser honestos es dejar hablar al texto completo, y el texto completo dice mucho más. Es lo que aparece exactamente en el pasaje de hoy. Repito, dice Cristo los publicanos, es decir, los que cobraban impuestos para el imperio romano, los publicanos y las prostitutas, van delante de ustedes al Reino de Dios. Y da la razón, y esa razón es la más importante, es la que no se nos debe olvidar, es la que le da sentido a nuestro Adviento, es la que nos permite, esta razón es la que nos permite comprender las palabras del Señor en su sentido genuino.

Entonces, ¿Qué es lo que dice?, ¿Por qué estos van delante de nosotros? Dice Cristo porque vino Juan Bautista predicando un bautismo de conversión, y ellos, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron, sí le creyeron. Es decir, que la manera de llegar pronto, la manera de acelerarse, la manera de avanzar hacia el Reino de Dios, es acoger el llamado al arrepentimiento en lo que publicanos y prostitutas le ganan al resto del pueblo. Es precisamente en eso, en que ellos acogieron el llamado al arrepentimiento. No es por ayudarle a los romanos, no es por estar en el negocio de la prostitución, no es por eso, por lo que ellos van delante. Ellos van delante porque fueron los primeros en arrepentirse.

Y creo que esta es la primera lección que debe quedarnos muy clara el día de hoy. Ellos van primero porque fueron los primeros en arrepentirse. El sentido de las palabras de Cristo es, sean ustedes también de los primeros en reconocer sus pecados, en reconocer sus culpas, en arrepentirse. Bueno, esa es una primera parte, y luego hay una pequeña segunda parte. ¿Por qué? ¿Por qué ellos se arrepintieron primero?. Dentro del mundo judío en el que se está moviendo Cristo, los publicanos y las prostitutas eran lo que se llama pecadores públicos. Es decir, cuando la gente pensaba en lo que es un pecador.

Pensaban de inmediato en los publicanos porque su pecado era público. Se veía que estaban ayudando al imperio idólatra y opresor, cuando pensaban en qué es una mujer pecadora, pues pensaban en la prostituta. ¿Por qué? Porque su falta o su manera de vivir está a la vista de todos, en lo cual seguramente hay muchísima injusticia. ¿Por qué llegó esa mujer a esa condición? Es algo que la gente no se pregunta, pero lo que quiero destacar es, y esto es muy importante, como el pecado de ellos era tan visible, de alguna manera se les facilitaba el arrepentimiento.

O sea que la segunda enseñanza que debemos tomar es, que cuanto más oculto, cuanto más interior, cuanto más invisible es un pecado. Por ejemplo, piensa en un pecado de envidia que se queda allá en tu corazón, allá, allá adentro, adentro, eso no lo ve nadie. Y tal vez es más difícil llegar al arrepentimiento de esa clase de pecados que están allá. Un pecado de impureza que no sale tal vez de tu cabeza, de tu corazón, de tu habitación. Ese pecado de impureza, tal vez es más difícil de reconocer y es más difícil arrepentirse de él.

Entonces, hay dos enseñanzas muy poderosas que nos deja este texto del evangelio. Primero, que la gran entrada al Reino de Dios no la acelera el pecado, la acelera el arrepentimiento. Y segundo, cuidado con los pecados que son más ocultos, que son menos visibles, cuidado con esos pecados que están allá más metidos, porque de ellos muchas veces nos resulta más difícil darnos cuenta y nos resulta más difícil arrepentirnos. Pero son tan pecados como los otros, aunque los otros se vean más llamado poderoso al arrepentimiento.

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