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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pedirle a Dios vivir un verdadero Adviento para tener una verdadera Navidad.
Homilía v032003a, predicada en 19991214, con 26 min. y 40 seg. 
Transcripción:
El tiempo de Adviento, aunque es breve, está lleno de enseñanzas y de contenido para nosotros. Yo he llegado a la conclusión de que nos falta amor a la liturgia porque nos falta conocimiento de la liturgia. Mire, por ejemplo, que yo vine a saber que existía Adviento prácticamente cuando entré a la vida religiosa. El comercio y las costumbres familiares pasan de una vez a la Navidad. El Adviento no existe ni en las calles, ni en el comercio ni en las familias. Existe el Adviento. Ahora, gracias a Dios y gracias a algunas costumbres sanas y evocadoras como la corona de Adviento, se está empezando a ver el Adviento en las familias. Pero casi podríamos decir que hasta hace unos años, fuera de las iglesias no existía el Adviento. Un tiempo tan hermoso, un tiempo para crecer en la esperanza. Nosotros, desde luego que por la liturgia de las horas, por la celebración de la Eucaristía, sabemos que existe el Adviento. Pero ¿Quiénes de nosotros sabemos cuáles son las partes del Adviento? Tal vez, me atrevo a pensar qué tal que esté juzgando mal, es una asamblea que desconozco, pero por lo que yo he visto, la gente no sabe que el Adviento tiene partes, pues sí, tiene dos partes muy diferenciadas. La segunda es la que empieza. Alguien estará a punto de decir con la novena, pues no señor, no es esa la diferencia. La última semana, la última semana de Adviento es distinta del tiempo anterior. Por eso uno nota en los himnos de la liturgia de las horas, que siempre se hace una diferencia hasta el dieciséis de diciembre. Estos himnos después del dieciséis de diciembre, estos otros signos. ¿Por qué eso? Seguramente no lo sabemos, bueno dirán ustedes, usted vino a hacer homilía o a hacernos examen de liturgia, las dos cosas. Vine porque así como muchos laicos desconocen que exista el Adviento y por eso no se benefician del Adviento. Así también, muchísimos religiosos, religiosas y sacerdotes no saben cuál es el proceso, cuál es la dinámica del Adviento y por eso van oyendo las lecturas diarias de la Santa Misa, más o menos con la misma disposición con que la gente asiste a misa los domingos. Una cosa interesante sería detener a la gente antes de que entrara a la iglesia. Eso se hubiera podido hacer aquí, pero el tiempo no nos, no nos ayudó. Detener a la gente y decirle ¿Usted qué lectura espera que tengamos para hoy? Pues no sé, alguna creo, de la Biblia, no sé. La falta de nacimiento de este tiempo, que es una de las joyas del año litúrgico, hace que uno llegue con una preparación muy pobre a la celebración de la liturgia. Y si uno tiene una deficiente preparación, seguramente las lecturas caerán como sorpresa. Porque esto de hoy, por ejemplo, los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el Reino de Dios. ¿Por qué esa frase ahí? Hombre uno tratando de hacer lo que puede, tratando de esforzarse para llegar a misa y que le digan no, las prostitutas van delante. A veces eso golpea un poco duro. Por qué aparece esa lectura sin volver, espero, sin volver, esta conversación, está homilía. Una clase de liturgia que también nos hace falta, si quiero indicar algunas cosas. Las dos primeras semanas de Adviento tienen un tono común en la Santa Misa. Durante las dos primeras semanas de Adviento, la metodología por darle un nombre es esta. La primera lectura está tomada siempre de Isaías, no recuerdo si hay alguna excepción siempre de Isaías, contando las promesas de Dios, narrando las promesas de Dios, contando también entonces las expectativas del corazón humano, los anhelos del pueblo de Dios. Durante las dos primeras semanas de Adviento nosotros estamos haciendo ejercicios espirituales. Los que hacen ejercicios para el cuerpo modelan su cuerpo. Ignacio de Loyola le dio impulso a la expresión ejercicios espirituales. Hacer ejercicios para que el alma adquiera su forma propia, para que esté en forma. Durante las dos primeras semanas de Adviento hacemos ejercicios intensos de esperanza. ¿Cómo se ejercita la esperanza? En un gimnasio, por ejemplo, el gimnasio del convento, hay ejercicios para hacer, dónde se puede trotar, donde se puede levantar pesas para fortalecer las pantorrillas, el cuello, no sé qué. Nosotros hacemos ejercicios espirituales, durante las dos primeras semanas de Adviento, ejercicios en la Esperanza. Durante dos semanas, la Santa Misa nos ha estado inyectando esperanza. ¿Cómo? Contándonos por medio de Isaías, cuáles son las grandes promesas de Dios y cuáles son los grandes anhelos del corazón humano y del pueblo de Dios. Y después de que Isaías en la primera lectura nos ha contado cuál es la promesa. Los Evangelios durante las dos primeras semanas de Adviento nos han estado contando cómo en Jesucristo se cumplen precisamente esas promesas. Así hemos ido ejercitando nuestro corazón en la esperanza. Es como si nuestra Madre la Iglesia, durante dos semanas, nos hubiera estado haciendo esta terapia. Mira, esto es lo que tú quisieras, eso Dios te lo ha prometido y mira cómo te lo cumple en Jesucristo. Al otro día., mira, esta es otra realidad, este es otro anhelo que hay en tu alma, eso que tú quisieras, Dios lo ha prometido porque Él es fiel y mira, lo ha cumplido en Jesucristo. Y al otro día y esto otro tú también lo quieres, eso que tú quieres, esa que es tu felicidad, Dios te la ha prometido, y mira, te la cumple en Jesucristo. Durante dos semanas la Iglesia nos ha hecho ese ejercicio cada día en la Santa Misa. Durante dos semanas la Iglesia ha estado en esas contándonos mira lo que hay, mira lo que tu quieres, mira cómo Dios te lo ofrece. Es la promesa de Dios y mira cómo Dios te lo cumple, Dios cumple su promesa en Cristo. Ese es el lenguaje, durante esas dos semanas. Claro que esto había que haberlo dicho antes de que empezara el Adviento, porque ya estas dos semanas pasaron. Pero lo que sucede es que somos tan anticipados que estamos preparando el adviento del año entrante para que cuando llegue el año dos mil uno, el Adviento del año dos mil uno y lleguen esas dos semanas, entonces usted esté preparado, esté listo. A ver, a ver, van a llegar las semanas de la esperanza y usted estará atento. Esa fue la primera lectura y eso lo cumplió Jesucristo. Lamentablemente hay mucha ignorancia de esto. No lo digo a manera de regaño, sino lo digo a manera de lamentación, porque es mucho lo que se ha perdido. Son muchos los tesoros que perdemos así, esas fueron las dos primeras semanas. El Adviento siempre tiene cuatro domingos, o sea que son cuatro semanas incompletas. Estamos en el centro del Adviento, estamos en la tercera semana. ¿Qué nos cuenta esta tercera semana de Adviento? ¿De dónde salen esas lecturas? Seguramente sería una buena cosa que nos detuvieran a la puerta de la Iglesia y nos dijeran ¿Óigame, usted qué cree que le van a leer ahí? Pues no sé, no sé, alguna cosa de la Biblia, ¿Qué es lo que nos cuentan? ¿Cuál es el tema? Tratemos de buscar ese tema de esta tercera semana. Es un tema que apenas está empezando, apenas está empezando. Ayer nos encontrábamos con una lectura del Libro de los Números, hoy con una lectura de la profecía de Sofonías, mañana Isaías, el jueves, Isaías el viernes Isaías. ¿Qué será lo que nos quiere decir? ¿De dónde saldrán estas lecturas? ¿Cómo aprovecharlas? Yo, ¿Por qué insisto en esto? Porque la mayor parte de ustedes son religiosas y porque me da pesar, que nosotros teniendo tan a la mano todo esto, muchas veces no encontramos alimento espiritual. Hace unos años me invitaban mucho de un noviciado, de una comunidad religiosa para dar algunas charlas a las novicias. Tenían una pequeña capillita muy bonita que era como el oratorio del noviciado y en la capillita había una bibliotequita más bonita todavía, que eran como los libros espirituales de las novicias. Un día que estaba solo en la capillita, junto a la bibliotequita, cogí uno de los libritos, y decía yo oiga, ¿Pero estas madres qué es lo que están leyendo? Dedicadas a cuanta cosa apareciera, a todas las modas espirituales, monjas aprendiendo la posición del loto, aprendiendo a respirar, aprendiendo a concentrarse, a poner la mente en blanco, monjas averiguando, a ver a qué número del eneagrama pertenecen, monjas repitiendo mantras. Yo me imagino que alguna cosa buena se puede sacar de toda búsqueda humana de estas religiones orientales, algo se podrá buscar. Pero cuántas religiosas hurgando en esas fuentes resecas, muchas veces espurias. ¿Y estos tesoros sin abrir? Yo no sé, algo tocará hacer. Lo que yo he dicho, por lo menos a las monjas. Yo soy dominico, a las monjas dominicas que me invitan, sobre todo cuando estoy hablando a Superioras, que me parece que es el caso en este día. Yo lo que les digo a las Superioras es mis hermanas, si queremos mirar hacia el futuro, si queremos mirar hacia el futuro de la vida religiosa y si somos serios en nuestro análisis de lo que está sucediendo en la Iglesia y en el mundo, hay una conclusión que se impone, las superioras tendrán que ser necesariamente, tendrán que ser mujeres de una profunda sabiduría espiritual. La idea de que la Superiora es la administradora de la casa es pobre, es insuficiente. La superiora no es únicamente la que guarda que unas no se acaben a las otras, que la economía se sostenga, y que las actas del último capítulo provincial se acaten así no se obedezcan, esas no son, esos no son los carismas fundamentales de las Superioras. Una superiora tendrá que ser, antes de que sucedan cosas peores en la Iglesia, una superiora tendrá que ser una maestra espiritual, una maestra de almas. En los orígenes de la vida religiosa, el abad, el superior, era ante todo el que tenía la autoridad espiritual para marcar, para ayudar a descubrir mejor los ritmos y los rastros del Espíritu Santo en los hermanos, en los monjes, ese es el objetivo principal. Vamos a necesitar mucho tiempo, yo creo. Porque yo también, bueno, yo estuve colaborando en la Conferencia Episcopal en el Departamento de Vida Consagrada y eso me permitió asomarme a una tribuna bastante alta y bastante amplia para darme cuenta de que tenemos los mismos problemas en todas partes, los mismos problemas. La tendencia de los superiores es hacer simplemente administradores, coordinadores de trabajo o cosas parecidas, pero es muy poco lo que se encuentra de alimento espiritual en la palabra de los superiores. Pues bien, hay tesoros en la Sagrada Escritura, necesitamos ayudar a descubrirlos, necesitamos aprender eso que decía uno que fue maestro de nuestra Orden Dominicana, Fray Damián Byrne, ya fallecido. Tenemos que aprender a compartir nuestra fe, compartir nuestra fe. ¿De qué hablan cuando hablan los consagrados? Yo creo que a nosotros, particularmente a quienes tienen una responsabilidad como superiores, se dirige aquella palabra de Jesús a los discípulos de Emaús. ¿De qué habláis mientras vais de camino? ¿Qué es lo que nosotros conversamos? ¿Cuáles son nuestras conversaciones? ¿En qué nos ocupamos mientras vamos de camino? Bueno, pero nuestro tema no eran las superioras, sino el Adviento. Estamos en la tercera semana y las primeras lecturas, la serie de la de la primera lectura, no nos orienta mucho, lo que encontramos es números, Sofonías. No hay como mucho que se pueda decir, no hay como mucho que se pueda decir, pues aparentemente los evangelios, ¿De donde son los evangelios? Mateo el del lunes, Mateo también el del martes, Lucas el del miércoles, Lucas el del jueves, esto no lleva secuencia, Juan el del viernes. De manera que ni la primera lectura ni el Evangelio llevan una serie tan completamente clara. ¿Cuál es el tema? Mire, el tema de la tercera semana de Adviento está en que nos encontramos, el tema dominante es Juan y el desierto. Juan el Bautista y el desierto como lugar de conversión. El llamado a la conversión, la voz de Dios en el desierto y Juan como precursor del Mesías. Es decir, cómo está estructurado el Adviento actualmente en la Iglesia Católica. Mire, ya dijimos las dos primeras semanas son ejercicios de esperanza para que centremos nuestra mirada con amor en Jesucristo. Esta tercera semana está dedicada a Juan el Bautista y el desierto. Y ya esta tercera semana se funde, qué es lo que va a suceder el jueves o viernes, se funde con la última semana preparatoria, la que va después del dieciséis de diciembre, donde todas las lecturas se van centrando en los acontecimientos anteriores al nacimiento de Cristo. O sea que el Adviento tiene como cuatro partecitas. Dos, las dos primeras son ejercicios de esperanza que veamos que las promesas de Cristo, las promesas de Dios, se cumplen en Cristo, luego Juan y el desierto, que es en lo que estamos, y luego los acontecimientos que precedieron el nacimiento de Cristo para llegar hacia la Navidad. Así es como se vive el Adviento y las lecturas de hoy, que son, dentro de esa explicación que nos traen estas lecturas de hoy, nos presentan rebeldía. El profeta Sofonías dice: Ay de la ciudad rebelde, manchada y opresora. Pero no es solo la rebeldía, es el contraste entre quienes aceptan y quienes no aceptan la Palabra de Dios. Hay una ciudad rebelde, manchada y opresora en Sofonías, pero también hay, al final, estamos en el capítulo último de Sofonías, que es el tercero, al final esta, dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde que confiará en el nombre del Señor. O sea que el mensaje verdadero de la primera lectura es, Dios ofrece su salvación, pero esa salvación es acogida por un resto del pueblo. Sofonías es uno de los grandes profetas. En ese mensaje del resto de Israel, hay muchos que rechazan los que se esperaría que acogieran con mayor amor, con mayor intensidad y con más ganas. Esas son la ciudad rebelde, manchada y opresora. Pero queda un resto, la gente a la que todo el mundo descalificaría porque son unos pobretones, gente que no pinta nada, esa gente que no pinta nada es la que acoge el Evangelio. Ahora entendemos la relación entre la primera y la segunda lectura. Lo que nos ha contado Jesús en el Evangelio es exactamente eso mismo. Él les da esta parábola de los dos hermanos, el uno que dijo que iba pero no fue, y el otro que dijo que no iba, pero sí fue. Les da esta parábola para mostrar cómo la salvación se ofrece. Pero unos, los que parece que sí, resultó que no, y otros los que parece que no, resultó que sí. Y el tema que une a esos dos es Juan el Bautista. Vino Juan a vosotros enseñando el camino de la justicia y no le creísteis, lo que hace interesante la obra de Dios. Lo que hace que sean ejemplo de la obra de Dios, las prostitutas y los publicanos, no es su condición ni de publicanos ni de prostitutas, no es por eso por lo que van adelante, sino porque han acogido el llamado de la conversión. Entonces, el mensaje de hoy es no te fíes, no te fíes de que el mensaje ya lo has acogido, de que el mensaje ya es para ti, la salvación ya se cumplió en ti, no te fíes de eso. Porque aquellos a quienes ya estaba destinado el mensaje lo rechazaron, como fueron las autoridades judías, los sumos sacerdotes, los letrados. Los letrados, vivían con la Palabra de Dios delante de los ojos y no encontraron ahí las señales para reconocer a Jesucristo. No te fíes, ten desconfianza de aquello que parece fuerte en ti y ten amor y atención a lo que parece débil en ti, repito, desconfía de lo que parece fuerte, estable y sólido en ti, y ponle atención a lo que parece más débil en ti, porque seguramente en lo que parece más débil y vergonzoso de tu vida, de tu vocación, de tu consagración. Seguramente por ahí Dios tiene una palabra de amor, porque es por ahí por donde puedes recibir el mensaje del arrepentimiento. Es actual este mensaje, siempre es actual, es actual para cada persona y es actual para la iglesia. He tenido el gusto, como les he dicho, de trabajar mucho con comunidades religiosas y he tenido la fortuna también de trabajar mucho con laicos. Más de una vez me he encontrado corazones consagrados a Dios con todos los votos, con la liturgia de las horas, con la Santa Misa. Muertos de tedio, de inercia, fríos, indiferentes, no se está cumpliendo en ese caso la lectura de hoy que los que estaban destinados a recibir en primer lugar las promesas de Cristo se vuelven témpanos de hielo, desiertos, páramos inhóspitos para la semilla de la gracia. Y mientras tanto, se encuentra uno a unas personas que parece que no tuvieran otro mensaje sino el amor de Dios, el amor de Dios, el amor de Dios. Cuando venía caminando para acá, me recogió una señora que me había visto en algunos de esos congresos que organiza la renovación Carismática o lo que sea. Me recogió esta señora, me dijo yo le he oído muchas veces, desde luego usted no me conoce, pero yo le he oído muchas veces, me alegra mucho podérmelo encontrar por la calle, venga, yo lo llevo donde las hermanas, quiero que sepa, y en ese momento, en esas cuadras, me dio un testimonio encendido de su amor a Dios, me decía desde que encontré al Señor en mi vida, eso ha sido de la tierra al cielo, bendito sea su nombre, mire Padre, estaba oyendo este cassette con una oración a los santos ángeles. Ardía, es que no decía dos palabras sin mencionar al Señor y el amor de Dios dedicada a evangelizar cuanto puede . Yo digo si los religiosos estuviéramos en esa tónica, el mundo estaría de otra manera. No es esa como una especie de cumplimiento de esto, cuántas veces se encuentra uno con unos grupos de oración de un de un fervor que antes lo que les hace falta es quien los pastorea y quien los formen. Y los sacerdotes indiferentes, lejanos, fríos, apenas cumpliendo lo que hay que cumplir, haciendo lo que hay que hacer y llenos de desconfianza, de ironía, de sorna contra toda espiritualidad. Démonos cuenta que esta palabra es actual, esta palabra es actual, no confiemos en que porque somos religiosos, en que, porque ya conocemos, que ya, porque ya hemos tenido o hemos logrado cierta estabilidad en algunas virtudes, tal vez estamos perdiendo la nuez del Evangelio. Un franciscano que era teólogo, ilustre y reconocido y renombrado, fue una vez a visitar a una seglar, Catalina de Siena. El padrecito no había hecho más que burlarse de esta seglar, no una misticoide debe ser histérica, medio loca. Fue a visitarla, Catalina se puso a orar por él, después de que se despidieron, el padre se convirtió. Porque los padres tienen que convertirse. Ustedes que conocen tanto Padre, oren por él, sé que lo hacen, oremos siempre por la conversión de los sacerdotes. El Padre este se convirtió y días después, deshecho en lágrimas, volvió a la casa de Catalina de Siena y le dijo: Yo conocía la cáscara, la cáscara del evangelio, tú tienes la nuez, tú tienes la médula, tú sí sabes de qué estás hablando. Esa experiencia profunda, esa nuez del Evangelio, eso es lo que el mundo espera y necesita de nosotros, eso es volver el corazón hacia Dios, y eso es lo que pide el Adviento de cada uno de nosotros. Le pido al Señor Dios que a todos los que estamos aquí, pero particularmente a los religiosos y religiosas, que Dios en su bondad nos dé un verdadero Adviento para que nos dé una verdadera Navidad, no sea que habiendo estado con la Palabra de Dios al frente y con Jesús al lado, no le hayamos encontrado en la gracia particular que Él quería para nosotros en esta Navidad. Dios nos bendiga con el poder de su amor, con el fuego de su Espíritu Santo y con esa gracia nos haga también instrumentos de su Evangelio para el mundo. Amén.

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