|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Recapacitar, ejercicio fundamental para el Adviento.
Homilía v032002a, predicada en 19981215, con 7 min. y 51 seg. 
Transcripción:
Creo que ya en otras ocasiones hemos comentado que las lecturas de Adviento tienen un ritmo distinto, una concatenación distinta a las lecturas de los otros tiempos litúrgicos, en el sentido de que en esos otros tiempos, normalmente es, el Evangelio el que trae el tema principal y las lecturas anteriores, una o dos van de acuerdo con el Evangelio. En Adviento en cambio, en la mayoría de los textos tomados, o en los tomados de otros profetas como hoy, Sofonías, la cuestión es al revés. La primera lectura es la que muestra un tema y el Evangelio va mostrando cómo se cumple eso que estaba anunciado en el Antiguo Testamento, cómo se cumple con Jesucristo. Es esta la razón por la que todas las lecturas de Adviento, las primeras lecturas de Adviento son del Antiguo Testamento. Es esta la razón también por la que si nosotros miramos las lecturas del Evangelio, pues descubrimos que no van siguiendo estrictamente una secuencia. A veces hay dos o tres evangelios seguidos, pero luego se pasa a otros textos porque el ritmo está dado por el Antiguo Testamento. El propósito de la Iglesia, desde luego, es que nosotros podamos, es que nosotros podamos ver en Jesucristo el cumplimiento de todo lo que estaba en el Antiguo Testamento. Entonces, por ejemplo, hoy leemos a Sofonías y leemos el capítulo veintiuno de Mateo. Mañana leemos a Isaías cuarenta y cinco y pasamos al Evangelio de Lucas, capítulo siete, y así vamos cambiando de uno a otro evangelio. Porque todo el propósito es que nos convenzamos de que aquello que fue prometido, aquello que fue anunciado y aquello que fue figurado, llegó a su cumplimiento, llegó a su plenitud, llegó a su figura final con Jesucristo. La lectura de hoy, por ejemplo de Sofonías, tiene dos partes claramente diferenciadas, ambas están en el capítulo tercero de Sofonías. La primera parte corresponde a los dos primeros versículos de este capítulo tercero. Ahí se habla de la rebeldía de la ciudad que no escucha a Dios, esa es la rebeldía que luego nos encontramos en los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. ¡Ay de la ciudad rebelde! No obedeció ni escarmentó, no aceptaba la instrucción. Eso es lo mismo que Jesús dice a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, vosotros no recapacitaste ni le creísteis. Al principio, como el segundo de los hijos de la parábola, dijeron sí, voy a trabajar, pero no hicieron la voluntad de Dios. Dijeron, pero no hicieron, hablaron, pero no cumplieron. Ese es el oficio de los sumos sacerdotes de aquel tiempo, según Jesucristo. Dicen y no cumplen, hablan pero no hacen. Son la ciudad rebelde, manchada y opresora, que no confía en el, que no confía, en el Señor que no se acerca a su Dios. Luego, los versículos del nueve al trece del capítulo tres de Sofonías nos presentan profecías inusitadas para la mentalidad del Antiguo Testamento, profecías en las que se anuncia la llegada de pueblos tradicionalmente lejanos, extranjeros, extraños, enemigos. Es como lo que sucede en aquel salmo en que se canta: Todas mis fuentes están en ti, vendrán de Egipto y de Babilonia, contaré a Egipto entre mis fieles. Esto sonaba a una locura, al judaísmo endurecido, al judaísmo rígido esto le suena a una locura, cómo así que Egipto y Babilonia van a ser fieles del Señor, como los filisteos y los tirios, ¿Cómo así que esos van a ser fieles del Señor? Pero es que en el Antiguo Testamento ya estaba prefigurada una apertura mucho más allá de los estrechos límites del judaísmo. Daré a los pueblos labios puros frente a la rebeldía de un pueblo. Aquí aparece la pureza de muchos pueblos que invocarán el nombre del Señor, que van a servir unánimes a Dios desde más allá de los ríos de Etiopía, mis fieles dispersos me traerán ofrendas. ¿Qué se nos está diciendo aquí? Pues lo mismo que aparece en el Evangelio con aquel hijo que al principio dijo no quiero, pero que luego cumplió la voluntad de Dios. Esos pueblos extranjeros y considerados impuros corresponden a los publicanos y las prostitutas de los que habla Jesucristo aquí. Pero estos no entran por ser extranjeros, ni los publicanos por ser publicanos, ni las prostitutas por ser prostitutas. Entran por una palabra fundamental que está en el Evangelio, porque han recapacitado, porque han vuelto sobre sí. Es el mismo verbo que aparece en la parábola aquella del capítulo quince de Lucas, la que llamamos del hijo pródigo, que otros llaman parábola del Padre misericordioso. El muchacho desperdició todo, pero recapacitó. Es el recapacitar lo que hace que aquel pueblo que era extranjero reciba labios puros. Aquel publicano que estaba como enemigo de Dios, se acerque a Dios. Y al contrario, la falta de recapacitar hace que uno se considere muy seguro por lo que tiene, por ser hijo de Abraham, por ser sumo sacerdote, por ser del pueblo escogido, por estar en la ciudad santa y en realidad no cumple la voluntad de Dios. Así llegamos a la enseñanza, tal vez fundamental de este día de Adviento, recapacitar, volver sobre sí, no fiarse de la virtud pasada ni temer por las pasadas culpas. Recapacitar si ha habido faltas, Dios es más grande que ellas, si ha habido cualidades, pueden ser ocasión de una falsa seguridad o de una falsa soberbia. Es como una actitud de vigilancia, de humildad, un estar despiertos ante Dios, un dejarle todo juicio a Él y seguir nuestro camino. Una actitud sin duda importante, una actitud fundamental para el Adviento.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|