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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Si no entendemos lo que es el arrepentimiento, lo que es poner a Dios en primer lugar, nunca podremos comprender quien es Jesús, lo que Él hace, de dónde vienen su poder, sus palabras y sus obras.
Homilía v031015a, predicada en 20251215, con 10 min. y 53 seg. 
Transcripción:
La enseñanza de las lecturas de hoy, especialmente el Evangelio, es muy sencilla. La enseñanza es: necesitamos de Juan para entender a Jesús. Es eso. Solamente eso. Cristo fue una persona que causó mucha admiración en mucha gente, pero también causó desconfianza. Es muy interesante ver que Nuestro Señor produjo admiración en los que estaban más necesitados, los que eran más excluidos, los que tenían mayor conciencia de sus pecados. En esos causó admiración; en esos hizo brotar la esperanza. Pero luego hay una cantidad de gente a la que Cristo le produjo desconfianza. Sabemos quiénes eran: fariseos, saduceos, herodianos. ¿Qué tenían en común esas personas? Los escribas también, que eran personas que se sentían firmes, bien establecidas, seguras. Podemos decir, con una expresión muy de nuestro tiempo: era aquella gente a la que el sistema le funcionaba. Es decir, aquellas personas que, por su situación económica, por su situación social, por su situación política o por su supuesta autoridad moral, como era el caso de los fariseos, pues se sentían bien puestos, bien instalados, bien organizados. Ese punto hay que tenerlo en cuenta: esa diferencia. Y hay una pregunta que no debe apartarse de nuestra mente y corazón, especialmente en estos últimos días de Adviento: ¿quiénes recibieron bien a Jesús y quiénes lo recibieron mal? ¿Quiénes recibieron con amor a Jesús, con esperanza a Jesús, con júbilo a Jesús, y quiénes siempre tenían un motivo para hacerle mala cara, rascarse la cabeza y decir: «No me termina de convencer»? ¿Quiénes sí y quiénes no? ¿Quiénes sí lo esperaban y se alegraron? ¿Quiénes no lo esperaban y desconfiaron? Pues resulta que en el evangelio de hoy algunos de estos desconfiados, pues, dijeron: «Hay que cuestionarlo». Y es interesante la pregunta que le hacen: «¿Con qué autoridad? ¿Quién te dio autoridad a ti?» Hermanos, esa pregunta es más profunda de lo que parece, porque en el mundo de esta gente, la gente que estaba bien organizada, con buen dinero, con buenas situaciones, bueno, los que estaban bien, esos que estaban bien, pues. Ellos necesitaban saber de dónde venía Jesús. A ver, que el Espíritu Santo me ayude para explicarme, porque aquí hay algo sutil pero interesantísimo. En el mundo de los poderosos aprenden a reconocerse los unos a los otros. «Ah, este es el fulano que tiene el poder político, porque este es el hijo del que fue senador. Este es el fulano del poder económico, porque este es de la familia que siempre han sido dueños aquí. Este es de tal». Es decir, nuestra mentalidad mundana organiza el mundo de acuerdo con linajes. «Yo sé de dónde es este. Ah, pues este es de los políticos, aquellos de los del partido de fulano de tal. Este es de los que subieron al poder cuando tal. Este es de los que manejaron el negocio de». Es decir, dentro de los poderosos, se conocen entre ellos. Se conocen porque en el fondo todos adoran el mismo ídolo, porque en el fondo todos están esperando que el mundo les responda a sus expectativas de más poder, de más dinero, de más éxito, etcétera. Y por eso entre ellos siempre hay una élite y siempre hay un club. Y por eso surgen los clubes. De hecho, en un país como Colombia hay clubes a nivel nacional, hay clubes de masones, hay clubes de empresarios, hay clubes de comerciantes y, por supuesto, hay partidos políticos, y hay reuniones, y hay conciliábulos. Y entre en esas reuniones la gente sabe: «Mira, este viene como ahijado de tal, el padrino de fulano de tal es este, este viene de tal parte». A este yo lo conozco; ese es un muchacho ambicioso. El tipo es terrible, pero ese puede trabajar para nosotros». Se conocen entre ellos. Y el gran problema, problema entre comillas de Jesús, es que Jesús no, no veían de dónde. «¿Y este qué? O sea, ¿cuáles son las credenciales de Jesús ante los ojos del mundo?» ¿Quién era Jesús? El hijo del carpintero. «¿Y eso qué es? ¿Eso qué pinta?» Además, no se te olvide que carpintero es tekton en griego, y tekton no es solamente el que trabaja la madera. Tekton es básicamente el artesano, el que trabaja con las manos, el que soluciona problemas, el que es bueno para todo. Entonces: «¿De dónde vienes tú? ¿De dónde te viene esa autoridad? A ver, tú estás hablando como con mucho poder, ¿cierto? Y tú estás haciendo cosas como muy poderosas y la gente te está siguiendo. A ver, hablemos. Hablemos un poquito. ¿Tú quién eres? A ver si entras o no entras en el club, a ver si te admitimos o no te admitimos». Y Cristo será siempre el que no es admitido, y Cristo será siempre el que es rechazado. Y Cristo va a tener estas palabras terribles para la mentalidad mundana: «Cuidado cuando toda la gente quiera estar con ustedes. Cuidado cuando toda la gente hable bien de ustedes. Cuidado con entrar al club de los poderosos y creer que porque estás ahí en la crema y porque te estás manejando entre la gente fuerte y poderosa... Cuidado con creer que eso ya te acredita. Cuidado, no te engañes». Esas son palabras de Cristo. Porque a Cristo también lo excluyeron, porque Cristo era demasiado raro, porque Cristo estaba por fuera, como dicen en inglés. Él era un outsider. «Este está por fuera, este tipo de donde salió y la gente lo está siguiendo. Oye, ¿tú qué opinas? Mira, ese señor está reuniendo multitudes. ¿Ese quién es? Ni idea. Ni de dónde salió ese señor». Están tratando; voy a decir la palabra dura, pero la voy a decir. ¿Sabes lo que están tratando? Están tratando de domesticarlo. Están tratando de meterlo en sus esquemas. Y así como Jesús un día se va a salir de la tumba, Jesús siempre se saldrá de nuestros esquemas, siempre. Jesús no cabe en nuestras clasificaciones. Entonces le preguntan eso: «Bueno, ¿y qué es de su autoridad?» Y Jesús dice: «Espere, yo también sé preguntar. Ustedes no son los únicos que saben preguntar». Yo también sé preguntar. Cuéntenme una cosa: hablemos del bautismo de Juan. ¿De dónde venía el bautismo de Juan?, que es lo mismo que preguntar: ¿Entendieron a Juan? Porque si ustedes no entendieron la predicación de Juan, no van a entender nada de lo que yo haga. ¿Y cuál era la predicación de Juan? Que por encima de todos los privilegios y los poderes, y los clubes y las élites, por encima de todo eso, hay que dejar el pecado, porque solo Dios es Dios. Hay que dejar el pecado porque solo Dios es Dios. ¿Ustedes entendieron eso? Y entonces esta gente, fíjate lo que dice el Evangelio, se pusieron a deliberar entre ellos porque todo lo manejan así. «Hola, ¿qué hacemos? Mira, este tipo ahora salió con esa pregunta, que lo del bautismo de Juan. A ver qué decimos. Pues sí, decimos que era de los hombres. No, no se puede. No se puede porque se nos viene la gente encima. La gente lo tiene por santo. No se puede decir eso. Entonces, ¿qué decimos? Pues digamos que viene de Dios. Pero si decimos que viene de Dios, entonces Él nos va a decir: ¿Y por qué no le hicieron caso? O sea, ellos eran conscientes de que la predicación de Juan no los había mordido, no les había hecho la menor mella. «No, no, no sabemos, no sabemos». Y le responde Jesús con esa majestad que tiene nuestro Señor, le responde y dice: «Yo tampoco les voy a responder, de dónde viene mi autoridad» Si ustedes no entienden lo que es arrepentimiento, si ustedes no entienden lo que es poner a Dios en primer lugar, ustedes nunca podrán entender lo que yo estoy haciendo, nunca podrán entender quién soy yo, nunca podrán entender de dónde viene el poder que hay en mis palabras y en mis manos. Es una lección tan grande, tan profunda, la que nos deja el Evangelio de hoy. Y yo únicamente te dejo esta pregunta y me la hago yo también. ¿Hasta qué punto esa lógica de la crema, la élite, el poder, hasta qué punto eso se nos ha metido en el alma? ¿Hasta qué punto eso nos está dominando? ¿Hasta qué punto eso nos tiene realmente estafados, engañados, seducidos? Que sea el Adviento el tiempo de volver a Juan, el tiempo de volver a Dios en primer lugar. Lo demás: que yo tengo mucho poder, poco poder, mucho dinero, poco dinero. Eso no es. Lo importante es que Dios sea Dios en mi vida y que todo lo que sea pecado y ofensa a Dios salga de mi vida. Fue el mensaje de Juan. Y si no se entiende el mensaje de Juan, no se entiende el mensaje de Jesús.

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