
Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los fariseos reconocían el poder de Cristo pero no recibían en realidad ese poder en sus vidas. ¿Y tú?
Homilía v031010a, predicada en 20141215, con 5 min. y 5 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado de San Mateo, en el capítulo 21. Es una discusión entre Jesús y los fariseos, una discusión por la autoridad. Podemos decir que en el mundo de los fariseos no cabe la figura de Cristo. Ellos reconocían algunas autoridades o podemos utilizar tal vez la palabra poder. Reconocían, por supuesto, el poder militar y político de los romanos, aunque los detestaban; reconocían el poder de Herodes, aunque era un impostor; realmente él no pertenecía a la dinastía de David. No tenía credenciales para ser rey, pero era el rey de facto, podemos decir. Y los fariseos reconocían ese poder. Reconocían el poder de los saduceos, aunque seguramente se daban cuenta que se trataba de gente corrupta, gente intrigante. Ellos podían reconocer esos poderes. Seguramente reconocían también el poder de batalla, el poder de combate que tenían los zelotas. Algo así como los guerrilleros de la época. Así que el mapa de los poderes estaba muy claro en la cabeza de los fariseos. Y dentro de ese mapa no termina de encajar Cristo. Hay otro poder que los fariseos reconocían: el poder intelectual, el poder académico de los escribas. Pero resulta que Cristo no es un escriba, no es un saduceo, no es un herodiano, no es un romano, no es un guerrillero. No saben dónde poner a Jesucristo. Y por eso la pregunta. Antes de examinar cuál es la respuesta que Cristo da a la pregunta de ellos? Yo quiero que nosotros nos apropiemos de esa pregunta. Es decir, quiero que nosotros nos preguntemos si tenemos clara la autoridad y el poder de Cristo, si somos testigos del poder que tiene el Señor, si nos hemos dado cuenta que Cristo es distinto de todos los demás y que efectivamente tiene poder, tiene poder con sus palabras. Porque como dijeron los guardias del templo en alguna ocasión, nadie ha hablado como él. Tiene poder sobre los demonios porque, como lo mostró muchas veces, con una sola palabra, quebranta el poder de Satanás y lo expulsa. Jesucristo tiene poder sobre las multitudes que lo siguen incondicionalmente, incluso sin pensar en sus propias provisiones. Es Cristo el que tiene que decir: Me preocupa esta gente porque ya llevan tres días conmigo y ya no tienen que comer. Tiene poder para cambiar la vida de la gente, como lo mostró especialmente en los discípulos. Cristo tiene poder sobre tu vida. ¿Qué poder real tiene el evangelio de Cristo sobre tu vida? ¿Eres capaz? ¿Has llegado al punto de sentir admiración, sentir fascinación por la persona de Cristo, quizás sentir extrañeza? ¿Has llegado a ese punto? ¿Has podido descubrir esa maravilla que es el Señor? Eso lo has podido encontrar. Bueno, los fariseos, aunque no gustaran de la persona de Cristo, no podían negar todo ese poder y por eso le preguntan: ¿Cuál es tu origen? ¿En qué casilla te ponemos? ¿Quién eres tú? ¿Cómo se puede negociar contigo? Nosotros sabemos cómo negociar con Pilatos, cómo negociar con Herodes, cómo tener contentos a los escribas o a los saduceos. Pero contigo no sabemos cómo hay que llegar o qué hay que hacer. Y Jesús les da una clave: el bautismo de Juan. La única clave que les da Cristo es: Mira, si tú entiendes el arrepentimiento de los pecados, si tú sabes lo que significa arrepentirse, entonces tú sabes lo que significa la bondad, lo que significa la caricia de Dios, lo que significa la gracia que Dios te regala a través de mi presencia. Sin el arrepentimiento, sin el corazón humilde y contrito, la figura de Cristo resulta completamente indescifrable. Resulta inútil. Resulta estorbosa. Que no termine el Adviento sin un sincero arrepentimiento de nuestros pecados, porque solo desde esa humildad, y solo con el lente de esas lágrimas, se descubre quién es en verdad Jesús.

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