Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nuestro Dios es tan poderoso que no sólo hace el bien sino que usa para el bien lo que podrían parecer males o desgracias.

Homilía v031009a, predicada en 20131216, con 5 min. y 19 seg.

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Transcripción:

Una de las frases más hermosas del apóstol San Pablo, en la carta a los Romanos, es aquella que dice que todo sirve para el bien de los que Dios ama.

Esa frase no la saca este apóstol de la nada. Él saca esa frase de la historia y la experiencia del pueblo de Dios. Porque muchas veces, cuando los adversarios de Israel trataban de hacerle daño al pueblo elegido, ese daño en realidad se transformaba en un bien.

Es decir, nuestro Dios es tan poderoso que no solamente hace el bien, sino que utiliza para el bien las cosas que podrían parecer desgracias o que podrían parecer males.

Es lo que encontramos en la primera lectura de hoy, tomada del capítulo veinticuatro del libro de los Números. De lo que se trata ahí es de un episodio bastante oscuro, y ya vamos a ver por qué es oscuro.

Porque resulta que los enemigos de Israel quieren utilizar no solamente armas físicas, materiales, sino también, podríamos decir, armas espirituales, armas sobrenaturales, para atacar al pueblo de Dios. Ellos quieren destruir la casa de Dios y, por eso, buscan a un brujo, un brujo, para que maldiga al pueblo de Dios, ese brujo.

Un personaje bastante arrogante, como lo vamos a ver en un momento. Se llamaba Balaam. Él tenía altísima autoestima. Se pasaba, creo yo, porque decía de sí mismo que él era el hombre de los ojos perfectos. Es decir, que él veía la realidad tal cual es y que él podía conocer la verdad de las situaciones, la verdad de las personas, la verdad de la historia.

Fíjate cómo los que contratan a este brujo tienen una intención torcida. Y fíjate cómo este es un hombre clarísimamente herido por la vanidad y por la arrogancia.

Pero, en ese ambiente y en ese contexto, que es un contexto de miseria humana, en cuanto al pecado, Dios se glorifica porque Balaam, que así se llamaba el brujo, repito, solía decir sus palabras, sus encantamientos, solía decirlos en una especie de trance, y él entra en ese trance como una especie de estado alterado de la conciencia.

Y él entra en ese trance y va a decir su oráculo. Pero resulta que en ese momento las palabras que salen de su boca no son palabras de maldición; más bien, colmado de admiración por el pueblo de Dios, termina ofreciendo algunas de las más hermosas bendiciones que nos encontramos en todo el Antiguo Testamento.

Él pone por delante su arrogancia acostumbrada: Oráculo de Balaán, el hombre de los ojos perfectos, hace todo. Toda su presentación de pedantería.

Pero luego, cuando va a hablar de Israel en medio de su trance, las palabras que pronuncia son palabras de reconocimiento de la grandeza de Dios. Reconocimiento del plan de Dios y, finalmente, reconocimiento también de la grandeza misma de este pueblo elegido.

También en el Antiguo Testamento nos encontramos otras escenas parecidas. Cuando los israelitas, o si soy más preciso, cuando los judíos fueron llevados al destierro por los caldeos, luego fueron rescatados del destierro por obra de los persas, y uno de los más soberbios líderes de aquel tiempo era Ciro, rey de los persas, pues él, por su rivalidad con los caldeos y queriendo deshacer lo que habían hecho los caldeos, permite a los judíos que vuelvan a Jerusalén.

De nuevo tenemos una escena turbia, y de nuevo Dios se vale de esas circunstancias tan oscuras para que su pueblo siga avanzando.

Esta es una gran lección para nosotros. A veces nos exasperamos cuando vemos que las cosas no salen como nosotros quisiéramos. Deberíamos estar seguros de que, detrás de todo ese tinglado, detrás de bambalinas, Dios sigue sonriendo y jamás suelta el cetro.

Él es el Señor. Si lo has recibido como Señor de tu vida, Él se lo toma en serio.

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