
Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La esperanza cristiana brota de la confianza en el plan de Dios, cuyos caminos van más allá de nuestras razones y proyectos.
Homilía v031007a, predicada en 20101213, con 4 min. y 4 seg. 
Transcripción:
Estamos iniciando la tercera semana de Adviento y creo que es un buen momento para aprender o recordar qué es lo más específico de nuestra esperanza cristiana. Los textos del día de hoy, tomados del capítulo 24 del Libro de los Números y el capítulo 21 del Evangelio según San Mateo, nos van a guiar. Ante todo, se trata de descubrir que nuestra esperanza no es un apoyarnos en nuestras propias fuerzas, porque con mucha frecuencia uno cree que la esperanza de un futuro mejor depende únicamente de lo que uno haga. Y esto podríamos llamarlo planeación, podríamos llamarlo proyecto. Uno hace un proyecto, uno tiene una idea, la diseña, la organiza, la evalúa, la pone en práctica, nuevamente la evalúa, obtiene unos resultados. Esto es lo propio de la actividad humana. A través de nuestros proyectos hemos alcanzado grandes cosas y creo que en esto la humanidad tiene mucho de qué sentirse feliz. Basta mirar todo lo que se ha avanzado en términos de ciencia y de tecnología. Pero la esperanza cristiana va más allá. En el libro de los Números, en el capítulo 24, encontramos un pasaje un poco misterioso. Este es un hombre que parece tener como poderes psíquicos o parece tener una cierta conexión con lo sobrenatural. Y a este hombre llamado Balaán lo han contratado para que le eche una maldición al pueblo de Dios. Pero Balaán, cuando contempla al pueblo de Israel acampando en el desierto, siente una inspiración diferente y entonces, en vez de maldecir, bendice. Podríamos decir que este era como una especie de brujo por contrato. Y Dios se vale incluso de una persona así para mostrar cosas insospechadas en las palabras de bendición de Balaam. Lo que aparece es el ascenso inesperado, el ascenso misterioso del pueblo de Dios. El cetro de Jacob se va a levantar, el reino de Israel va a triunfar. Lo que nadie podría imaginarse en aquella época, cuando recordamos cuáles eran los poderosos reinos que rodeaban a Israel, era completamente improbable que el cetro de Israel se levantara. Pero este hombre tiene esa clase de visión. Y luego, en el capítulo 21 del Evangelio según San Mateo, encontramos a Cristo discutiendo con algunas autoridades judías de la época. Y Cristo les hace ver que su autoridad tiene un origen también diferente del que ellos imaginan, porque ellos están buscando de dónde viene el poder de Cristo. Y Cristo de algún modo los deja sin respuesta, porque lo que les hace ver es que ellos no han comprendido el plan de Dios, que no va a través del simple diseño humano y los deseos humanos, sino que pasa por la conversión del corazón y por la apertura a la gracia. Nuestra esperanza tiene ese sello, tiene el sello de una absoluta confianza en Dios y de un reconocimiento de nuestras limitaciones y pecados. Solo aquel que se abre así al amor de Dios tendrá verdadero Adviento y tendrá verdadera Navidad. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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