Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El cansancio más duro no viene de fuera sino de nuestras codicias y arrogancias interiores.

Homilía v023016a, predicada en 20251210, con 7 min. y 7 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, estas palabras del breve texto del Evangelio se dirigen, en primer lugar, como hemos escuchado, a los que están cansados y agobiados. Otra traducción dice, cansados y sobrecargados. Está la idea de un peso muy grande, algo que es difícil de sostener, difícil de portar. ¿A quiénes dirige Cristo estas palabras? Pues no aparece un destinatario específico, es como un llamado general, porque quizás cada ser humano experimenta su propia forma de cansancio.

Mirando algunos comentarios bíblicos sobre este texto, hay distintas teorías sobre qué podían estar viviendo o padeciendo los oyentes de Cristo en aquella época. Por ejemplo, se ha dicho que podían sentir el peso de todas las prescripciones legales que imponían los fariseos y los escribas sobre ellos. Efectivamente, llegó el momento en el que toda la legislación de escribas y fariseos se convertía como en una carga insoportable. Todos los cuidados, precauciones, incluso la contabilidad que había que llevar para mantenerse fiel a Dios. Esa es una teoría respetable sobre qué podía estar cansando a aquella gente.

También se puede pensar que uno se siente cansado, no directamente por el tema religioso, sino por las personas o las relaciones interpersonales en las que uno se encuentra. A veces, también en nuestro tiempo, uno utiliza ese lenguaje, uno puede decir que una persona es cansona o que una persona cansa, cansa mucho. Es una persona que con su comportamiento o con sus quejas o con sus reclamos se convierte en una carga. Pero hay algo muy interesante que debemos examinar en este texto, Cristo invita a que aprendamos de Él, aprendan de mí. Y Cristo no dice: aprendan de mí, que no les pongo cuidado a los fariseos. Cristo no dice: Aprendan de mí, que no le pongo cuidado a la gente, sino que todo me resbala de manera estoica, sino Cristo dice: «Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón».

Esto nos invita a reconocer la fuente más profunda del cansancio o del hastío de la vida. Es verdad que uno puede sentirse cansado por las interpretaciones religiosas, o uno puede sentirse cansado por malas relaciones interpersonales. Pero si estamos entendiendo bien las palabras de Cristo, el cansancio más profundo no viene de fuera. Lo que hace la vida insoportable no viene de fuera, el gran problema no son los otros. El filósofo existencialista ateo Jean-Paul Sartre decía: El infierno son los otros, que es la versión más drástica de lo que estamos diciendo, los que me cargan, los que me fastidian, los que me vuelven la vida insoportable son los demás.

Pero resulta que, según esto que dice Cristo, si lo estamos entendiendo bien, el verdadero problema y lo que hace insoportable la vida no es lo que está afuera, no es lo que viene de fuera, sino es más bien un problema que uno tiene adentro. La ventaja que tiene esta interpretación es que va en la misma línea de otros pasajes bíblicos. Por ejemplo, recordamos bien que Cristo dijo: «No es lo que viene de fuera lo que hace impuro al hombre, sino es lo que sale de su corazón». Y en otra oportunidad, disputando con fariseos, decía: «Ustedes se preocupan de lavar las cosas por fuera, limpien por dentro y lo tendrán limpio todo».

Esos pasajes, en cierto sentido paralelos, avalan la interpretación de que el auténtico cansancio no viene de la opresión de los romanos, que esa es otra interpretación que se le da a este texto, no viene de los fariseos, no viene de los problemas o malas relaciones que uno tenga la gente. Es uno mismo el que se hace la vida insoportable y la vida se vuelve insoportable por las dos características que son opuestas a las de Cristo. Cristo pone como características que dibujan su corazón, la mansedumbre y la humildad.

Lo contrario de la mansedumbre ¿que es? Pues son muchas cosas, por ejemplo, es la arrogancia, la ambición, la agresividad, en general, lo que supone imponerse sobre los otros. Cada vez que uno está luchando por ver cómo se impone y cómo se levanta sobre los otros, muchas veces convirtiéndolos en pedestal. Y todas las veces que uno cae en soberbia, en vanidad o en orgullo, eso es lo que realmente drena la vida, eso es lo que realmente cansa, eso es lo que realmente produce hastío de la vida. Ese esfuerzo permanente de tratar uno, de ser más, de imponerse, de que quede mi idea, de que sea yo el que brille. Es estar pataleando, decimos en Colombia, es estar uno buscando y luchando por ver cómo sobresalgo, por ver cómo me impongo. Eso es lo que te tiene cansado. Y Cristo dice: Deja de hacer eso. Busca el camino de la mansedumbre, busca el camino de la humildad y encontrarás descanso para tu alma.

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