Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Reconocer el cansancio nos recuerda que no somos infinitos ni debemos controlarlo todo; se vale cansarse para ser reales y humildes ante Dios, no como excusa para la pereza, sino para vivir auténticamente en Cristo.

Homilía v023015a, predicada en 20251210, con 10 min. y 41 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Óyeme con atención que te conviene, oye esta frase déjala escrita en tu corazón, saboréala en tu boca: Se vale cansarse, la repito, se vale cansarse. Me parece que nos estamos dando cuenta que el mundo en el que vivimos como que castiga el cansancio. Si no lograste tu meta en la empresa, entonces eres un inepto, no vas a recibir el bono, nunca vas a tener ese ascenso, eres un mediocre, decepcionaste las expectativas. Conclusión, castígate, tú mismo. Y estamos viviendo una época en que la gente aprendió a autocastigarse, no di la medida. Pero si hubieras logrado esa meta, si logras vender todo lo que te dijeron que tenías que vender, prepárate, porque el año entrante la meta va a ser más alta hasta que te revientes, porque no se vale cansarse.

Muchas personas tratan de estirar las horas del día, tienen una jornada plena de trabajo, trabajan a tiempo completo en una compañía, en una fábrica, en un taller. Pero además, tienen responsabilidades como padres o como madres. Además, están tratando de aprender otro idioma para potenciar su futuro. Además, están haciendo un posgrado, porque si no, no voy a tener un ascenso. Sus horas de sueño se han reducido al mínimo, viven en un agotamiento permanente. Pero no se vale cansarse, porque el mundo en el que estamos nos está acostumbrando a que el que se cansó, es un perdedor. El que está cansado es porque, es porque es un inepto, es porque es un culpable, es porque no supo jugar bien sus cartas, es que tú tenías que alcanzar a más. Y no solo eso, tenías que mantenerte sereno, sonriente, empático, asertivo y muy bonito, porque hay que ser bellos, porque hay que tenerlo todo.

Entonces, vivimos en una sociedad que revienta a las personas de trabajo y de exigencia y que castiga el cansancio. Frente a ese lenguaje, frente a esa tortura, resuenan con mucha fuerza las palabras de Cristo: «Vengan a mí los que están cansados». Y por eso la frase del principio: Se vale cansarse. Se vale cansarse significa no eres infinito. Se vale cansarse significa no eres omnipotente. Se vale cansarse significa no tienes que controlarlo todo. Se vale cansarse significa también tú tienes que romper la cadena que te une a la máquina, porque si no la rompes, tú eres también máquina. La invitación a reconocer el cansancio y la frase, se vale cansarse, no es una invitación a la irresponsabilidad, no es una invitación a la pereza, no es una invitación a la mentira.

Hay mucho potencial en ti, hay mucho que tienes para dar, pero reventarte de trabajo no es el camino para esa realización, para esa plenitud, para esa fecundidad, para todo eso que tú puedes dar. Hay una frase que la predicamos bastante en Familia Espiritual y que yo creo que hay que repetirla hoy aquí, es muy importante que nosotros aprendamos a ser sabiamente mediocres para el mundo. ¿Qué dijiste, Fray Nelson, estás diciendo que seamos mediocres? Sabiamente mediocres, dame un momento y trato de explicarlo. Al mismo tiempo, porque la frase se complementa, humildemente excelentes para Dios. Esa segunda parte no requiere mayor explicación, la humildad y la excelencia para Dios, perfecto. Así hemos de caminar ante el Señor, como nos dijo el profeta Miqueas: «Camina humildemente ante Dios», perfecto.

Pero atención a esto: Sabiamente mediocres. Hay una mediocridad que no es sabia. La mediocridad que no es sabia, es la que está marcada por las palabras que dije antes, es decir, el que es perezoso, el que es irresponsable, el que es mentiroso, por ejemplo, para tapar su propia ineficiencia o sus fallos. La mentira, la pereza, la irresponsabilidad son formas torpes de mediocridad. No estamos invitando a la mediocridad torpe. Estamos invitando a la mediocridad sabia, tal vez no has oído esto nunca. Ponle cuidado, que vamos en la ruta. Ser sabiamente mediocres es aprender a distinguir entre la expectativa real y la expectativa ficticia.

¿Qué es la expectativa real? Lo que de una manera real, valga la redundancia, puedo dar. Yo necesito unas horas de descanso. Tienes tu hogar, necesitas un tiempo para tu hogar. Tienes tu novia, tienes tu esposo, necesitas tiempo a solas con tu esposo, tiempo a solas, tiempo de calidad con tu novia. Una vez que tú tienes claro ese panorama, tú tienes lo que se llama la expectativa real.

¿Qué es la expectativa ficticia? La expectativa ficticia es la que empieza a recortar eso que es real. Entonces, no voy a tener tiempo con mis hijos, pero voy a sacar mi segundo doctorado, que probablemente va a traer un aumento de unos miles de dólares al año. Esa es una expectativa ficticia. ¿Cuál es el precio que vas a pagar por abandonar a tus hijos? ¿Cuál es el precio que vas a pagar si nunca tienes tiempo para tu mujer? ¿Cuál es el precio que vas a pagar si arruinas tu salud sin descansar, por ejemplo, sin descansar lo justo?

Entonces, lo que aquí llamamos, muy entre comillas, una mediocridad, pero una mediocridad sabia, es porque frente a las expectativas ficticias, siempre infladas, siempre exageradas, siempre codiciosas, siempre infinitas, frente a las expectativas ficticias del mundo, nosotros decimos hasta allá no, hasta allá no. Y claro, nos van a decir que somos mediocres y nos van a decir que no tenemos verdadera ambición, que no queremos ascender, que hemos decepcionado y nos van a castigar y van a tratar, sobre todo, de que nos castiguemos. Tú mantente en las expectativas reales, haz bien lo que puedes y tienes que hacer. Seguramente no vas a tener los ingresos fantásticos, seguramente ese último modelo de carro que querías comprar pues no lo vas a poder comprar.

Pero es que acaso es justo que la codicia se adueñe tanto de nosotros que terminemos destruyendo nuestra salud, destruyendo nuestra familia, destruyendo nuestro futuro. Es una trampa, es una expectativa ficticia. Entonces, ten clara la expectativa real que seguramente está por aquí, aquí la expectativa ficticia está bien, bien alto, muy por encima de lo real. Como no llegas a esa expectativa ficticia, que muchas veces tú mismo te la autoimpones, como no llegas a esa expectativa ficticia, entonces, pues te van a considerar mediocre, pero tú serás sabiamente mediocre.

¿Qué quiere decir eso? Que tú sabrás por qué no caes en el juego de esa expectativa ficticia y, aparentemente eres mediocre, ponle comillas, pero, en realidad, eres sabio y, en realidad, tu fuerza y tu descanso y tu consuelo están donde tienen que estar, en Cristo Jesús. Se vale cansarse, pero por favor, no como pretexto para la pereza, para la irresponsabilidad o para la mentira, se vale cansarse para ser reales y para ser de Cristo. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM