Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En medio de nuestro cansancio y agobio si tenemos a Quien ir, Jesús nos enseña a cansarnos menos para vivir más felices y hacerle la vida más amable a los demás.

Homilía v023013a, predicada en 20231213, con 6 min. y 39 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

«Venid a mí los que estáis cansados y agobiados», dice el Señor. Cuántas veces hemos reflexionado en estas palabras, cuántas veces hemos encontrado consuelo en ellas. Volvamos una vez más sobre esto que nos dice Jesús, porque en el Adviento, lo mismo que en todo tiempo de nuestra vida, son palabras que necesitamos. Fíjate que el cansancio es algo que se siente y se vive especialmente adentro de uno, uno se cansa porque siente que las fuerzas se le van acabando. El agobio, en cambio, suele ser algo que tiene un origen externo, por ejemplo, cuando hay múltiples responsabilidades, cuando hay muchas tareas por hacer. Una persona es muy natural que nos diga: Me siento agobiado.

O sea que cuando Cristo nos dice: «Venid a mí los que estáis cansados y agobiados», se refiere tanto a aquello que experimentamos desde dentro, como también aquello que viene desde fuera, es decir, tanto el cansancio como el agobio. Y es muy hermoso que Él nos diga: «Venid a mí», porque con esto nos está indicando que sí tenemos a dónde ir, sí tenemos a quien ir. Qué cosa tan bella, tenemos a quien ir. Observemos que muchas veces cuando una persona se encuentra en una situación de grave tentación o de grave enfermedad o de grave culpa, la persona siente: No tengo a dónde ir, nadie vela por mi vida, como dice un salmo.

Pero observemos que cuando Jesús nos dice «Venid a mí», lo que nos está diciendo es, mira que si hay una puerta, mira que si hay a donde ir, mira que si puedes, si puedes dar un paso, mira que no eres prisionero, sí tienes a dónde ir, hay que ir a Jesús. Esa ya es una enseñanza muy grande, pero yo quiero destacar otra cosa. Y es que cada uno de nosotros tiene que preguntarse: Realmente qué es lo que me cansa y realmente qué es lo que me agobia. Porque hay cansancios que son perfectamente naturales y en los que todos estaremos de acuerdo, pero también hay cansancios que uno experimenta y que uno no tendría por qué tenerlos.

Te voy a mencionar dos de estos cansancios. Piensa, por ejemplo, en lo que sucede cuando una persona sufre de esto que se llama perfeccionismo. La persona que sufre perfeccionismo, pues experimenta cansancio porque nada le satisface, porque todo le frustra, porque en todo encuentra defecto, entonces esta persona se siente realmente como haciendo, haciendo un esfuerzo, pero un esfuerzo que no termina de dar fruto. Como que yo quisiera que esto funcionara y que esto funcionara y que funcionara perfecto y que todo saliera bien, bien, perfecto. Okey, eso no se va a lograr. Es decir, tu actitud perfeccionista te pone en una ruta de un cansancio que es inevitable pero que es injusto, no es un cansancio que te tocaba. Dicho de otra manera, si fueras menos perfeccionista, te cansabas menos y seguro que cansabas menos a otras personas. Entonces, el perfeccionismo es un tipo de cansancio que no te tocaba, no te tocaba.

Otro ejemplo, los celos, me refiero a los celos enfermizos. Esta persona que está todo el tiempo como vigilando, como teniendo, imaginando, tratando de controlarlo todo. Esta persona puede sentir un cansancio terrible, pero ese cansancio ¿te tocaba, de verdad, te tocaba ese cansancio? Si te sanarás de ese perfeccionismo o si te sanarás de esos celos, seguramente no tendrías tanto cansancio. O sea que yo tengo que pedirle a Jesús no solamente que alivie mi cansancio dándome descanso, sino que también me enseñe a cansarme. Y ¿qué queremos decir con, me enseña cansarme? Queremos decir que yo deje de cansarme y de cansar a otros, por lo que no vale la pena. Tengo que aprender a cansarme, esa no te la esperabas, ¿no? Tengo que aprender a cansarme.

Yo he dado dos ejemplos con esto de los celos y del perfeccionismo, pero hay otro tipo de cosas. Un último ejemplo que quiero dar de un cansancio falso, de un cansancio injusto. Imagínate una persona que es irresponsable y que, por consiguiente, está aplazando, lo que se llama procrastinar. Esta persona está aplazando y aplazando lo que tiene que hacer y luego esa persona se ve agobiada y se ve agotada. Si hubiera organizado mejor su tiempo, no le tocaba ese cansancio, no le tocaba ese agobio.

Entonces, Señor, enséñame a manejar mi tiempo, a manejar mis energías, a manejar mis criterios, de manera que el cansancio que me toque, es el cansancio que realmente me corresponde, es el cansancio verdadero, no otro cansancio. Ese es el que yo necesito, ese es el que, el que de verdad, el que de verdad, me corresponde a mí. Menos cansancio tonto, menos cansancio injusto y seguro que vivimos más felices y hacemos más amable la vida a los demás.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM